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En Magallanes, la ciencia puede incomodar: buscando siempre el bien común

Por Claudia Andrade Díaz Sábado 25 de Abril del 2026

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En Magallanes, la ciencia a veces ha sido incómoda. No porque esté en contra del desarrollo económico, sino porque hace preguntas que no siempre queremos -o podemos- responder. A veces ha advertido a tiempo sobre posibles impactos; otras, ha llegado cuando los cambios ya estaban en marcha. También ha generado debate al cuestionar ciertas actividades, sin que siempre exista una comparación clara con otras. En todos estos casos, el desafío no es la ciencia en sí, sino cómo -y cuándo- la incorporamos en la toma de decisiones.

En los próximos días se realizará la conferencia AquaForum Patagonia 2026, centrada en el crecimiento de la salmonicultura en la región. Sin duda, es una instancia necesaria. Pero también es una oportunidad para hacernos una pregunta más profunda: ¿estamos evaluando correctamente cuánto pueden resistir nuestros ecosistemas?

Porque un ecosistema no siempre “avisa” cuando empieza a debilitarse. Puede seguir teniendo muchas especies y parecer saludable, pero al mismo tiempo estar perdiendo su equilibrio interno. Es como una ciudad donde cada vez menos personas cumplen funciones importantes: todo funciona… hasta que algo falla. Y cuando falla, el impacto es mayor.

Algo similar ocurre en la naturaleza. Cuando distintas especies cumplen funciones parecidas, el sistema es más resistente. Pero si esas funciones quedan en manos de pocas especies, el ecosistema se vuelve más frágil, aunque eso no sea evidente a simple vista.

Hoy, muchas evaluaciones ambientales -incluidas aquellas utilizadas para monitorear centros de cultivo- se enfocan principalmente en condiciones locales del fondo marino, como la presencia de especies, su abundancia o el estado del sedimento. Esto es necesario, pero no suficiente. Porque saber qué hay no es lo mismo que entender cómo funciona el sistema.

Podemos tener un ecosistema con muchas especies, pero que ya no responde bien frente a cambios o perturbaciones. Por eso, la pregunta no es sólo cuántas especies hay, sino cómo se relacionan entre ellas, qué funciones cumplen y qué tan dependiente es el sistema de unas pocas.

Incorporar esta mirada no es algo teórico. En la práctica, permitiría identificar zonas más vulnerables antes de expandir actividades productivas, ajustar escalas de intervención o anticipar riesgos que hoy no son visibles con los indicadores tradicionales.

Por ejemplo, complementar las mediciones locales con monitoreos a escala de fiordo -que incluyan variables como nutrientes, oxígeno, productividad en la columna de agua y de los organismos de fondo- permite entender si el sistema está cambiando en el tiempo, más allá de un punto específico.

A esto se puede sumar el uso de herramientas que revelan cómo fluye la energía en el ecosistema, como los isótopos estables o el análisis de redes tróficas, que permiten identificar qué tan dependiente es el sistema de pocas especies o funciones.

Estas aproximaciones no reemplazan los monitoreos actuales, sino que los fortalecen, entregando señales tempranas de pérdida de resiliencia que hoy pueden pasar desapercibidas.

En este contexto, es importante destacar que estas capacidades ya se encuentran desarrolladas en la región, particularmente en la Universidad de Magallanes, donde investigadores, investigadoras y jóvenes científicos formados en el territorio están en condiciones de liderar y sostener estos sistemas de monitoreo avanzado. Esto posiciona a la Universidad de Magallanes como un actor clave para avanzar hacia sistemas de monitoreo integrados y basados en evidencia en la región.

Porque, al igual que en la salud humana, no basta con saber si alguien está vivo. Hoy nos hacemos chequeos para detectar problemas antes de que aparezcan los síntomas. ¿Por qué no hacer lo mismo con el océano?

Esta es una invitación a ampliar la conversación: a integrar la ciencia desde el inicio, y no sólo cuando los problemas ya son evidentes.

Porque en ecosistemas como los de Magallanes, no siempre sabemos con claridad qué está ocurriendo en profundidad. Y ese es precisamente el punto: sin las herramientas adecuadas, los cambios más importantes pueden pasar desapercibidos.

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