El trabajo y la cárcel
Conocido es ese refrán que dice que las cárceles están cuajadas de inocentes. Hay mucho de cierto en ello.
Algunas excusas que dan los delincuentes dan para escribir un libro.
En cierta ocasión, el juez increpa a un “pato malo”.
– ¡Usted es un ladrón, Fernando!
– No, señor juez. Yo no soy ladrón. Lo que pasa es que me encuentro las cosas antes de que los dueños las pierdan.
El juez le pregunta al acusado.
– De manera que usted entró a robar a una zapatería, ¿no?
– Así es, señor juez.
– ¿Y no pensó en su madre que se sacrificó tanto por su educación?
– Si lo pensé, señor Juez…pero no habían zapatos de mujer.
Un viejo chiste hablaba de que había un tipo tan flojo que cuando veía un colchón se le hacía agua la espalda. No sé por qué razón el trabajo pocas veces se encara con pasión, se le enfrenta con entusiasmo y se le desarrolla con dignidad. No hay chileno que sueñe con sacarse un premio para dejar de trabajar. Curioso, porque somos un país con herencia cristiana -se supone- y los cristianos primitivos seguían las creencias hebreas, pero además desarrollaron el pensamiento de que el trabajo no sólo era necesario para ganarse la vida, sino incluso era la actividad que hacía posible la repartición de la riqueza personal entre los más necesitados.
En Chile los empresarios tienen fama de “chupasangres” y los obreros de ladrones. Con una mixtura así, ¿qué se puede esperar de una empresa? Pero algo hemos avanzado. Lo que me irrita es la actitud quejicosa de algunos empresarios pechugones que con arrogancia propia de argentinos declaran que los empleados no se ponen la camiseta con las empresas. Bueno…si las empresas no demuestran un verdadero compromiso con sus empleados, ¿qué razones tienen para pedirles a ellos compromisos con la empresa?
La cuestión es que el trabajo se ha llegado a comparar con la cárcel. Y hay ciertas similitudes. Por ejemplo:
– En una cárcel usted pasa la mayor parte del tiempo en una celda de 2×2,50 m. En el trabajo usted pasa la mayor parte del tiempo en un habitáculo similar.
– En la cárcel usted puede ver televisión y entretenerse con algunos juegos. En el trabajo lo despiden por mirar televisión o jugar.
– En la cárcel le quitan las cadenas cuando necesitan llevarlo a algún lado. En el trabajo le ponen unas cadenas llamadas “procedimientos”.
– En la cárcel usted tiene tres comidas diarias. En el trabajo tiene solamente una y más encima tiene que pagarla.
– En la cárcel, dentro de su celda, usted tiene su propio sanitario. En el trabajo usted debe compartir el baño y esperar su turno.
– En la cárcel usted puede ser visitado por su familia y sus amigos. En el trabajo a veces ni siquiera puede llamar por teléfono a su familia.
– En la cárcel a veces le pueden acortar la condena por buen comportamiento. En el trabajo a veces “recompensan” su buen comportamiento con más trabajo.
En realidad…hay ciertas semejanzas, ¿verdad?




