Necrológicas
  • – Isaías Nelson Hurtado Maldonado

  • – José Patricio Oyarzún Mansilla

  • – Oscar Ricardo Altamirano Aguilera

“Paco echado”, un conocido pescador del estrecho de Magallanes

Miércoles 6 de Mayo del 2026

Compartir esta noticia
150
Visitas

En Magallanes, hay personajes que, hurgando su alma, se encuentran historias que merecerían ser contadas por la pluma de algún gran escritor como Alejandro Dumas, Emilio Salgari, Francisco Coloane o el mismísimo Julio Verne.

Así sucede con “Paco echado”, un antiguo pescador del sector de la comuna de San Gregorio, que tenía su ranchito en la orilla norte del estrecho de Magallanes, entre las bahías Buque Quemado y Munición, en campos de la familia Nikovic frente a la estancia Pirámide.

Arribó al lugar un día para trabajar con su hermano en la pesca y recolección de algas y, a la muerte de este, continuó ocupando la rústica cabaña construida con desechos que el mar dejaba en la playa. Con el tiempo, la Municipalidad de San Gregorio le construyó una mejor vivienda.

Su nombre era Héctor Soto Muñoz y su apodo lo obtuvo cuando la gente comenzó a esparcir el rumor que había sido un antiguo carabinero el cual había sido eliminado de las filas de la institución policial.

Efectivamente, yo lo conocí siendo funcionario y estaba destinado al Retén isla Navarino, en la zona del canal Beagle.

Fue siempre un aventurero y un emprendedor que, aunque sus negocios obtenían pingües ganancias, siempre se mostró como un hombre modesto. Entre sus “trueques” con habitantes del lugar, obtuvo un bote a remo que luego lo dotó de un motor fuera de borda, para visitar unos lanares que tenía en un islote cercano, los cuales le producían leche, carne y lana.

Otros negocios, quizás no tan santos, le causaron que la Armada lo tuviera “entre ojos” y consiguiera su traslado a Punta Arenas donde, finalmente, por razones del servicio, lo separaron de su institución.

Su afán comercial lo dedicó entonces a viajar en los barcos que hacían navegación por los canales, en un itinerario que comprendía Punta Arenas, Puerto edén, Puerto Montt y viceversa.

En la ciudad del eterno invierno, adquiría vinos, licores y otros “embelecos” que le servían de cambalache por productos del mar en Puerto Edén, como cholgas y pescado secos y lo que era agregado al luche, pescado ahumado, quesos y harina tostada que vendía en Punta Arenas.

El periplo le daba buenas ganancias ya que en todos los lugares iba aumentando su capital.

En cierta ocasión, debió esperar más de lo conveniente en Puerto Edén para que lo surtieran de mercaderías, debiendo quedarse largos días en espera del regreso de los pescadores con su mercancía.

La vida en ese sector de los canales le entregó una pátina que lo hizo parecer natural del lugar y, cuando acertó a pasar por Puerto Edén un barco científico alemán, fue confundido por un kawésqar y, nuestro amigo, “ni corto ni perezoso” se dejó regalonear por los tripulantes que lo invitaron a realizar un viaje hasta Puerto Natales.

Por supuesto que aceptó y embarcándose en la nave extranjera partió rumbo a la capital del turismo.

Fotografiado y entrevistado por alemanes

Durante la navegación, fue muy fotografiado y entrevistado por los alemanes, respondiendo a sus preguntas en una media lengua aprendida de sus contactos con los alacalufes, lo cual demostraba aún más que pertenecía a ese pueblo originario.

Quizás como una forma de ver que sentía al probar por primera vez el whisky le ofrecieron este tipo de licor, el cual paladeó abriendo los ojos como si fuera la primera vez que lo degustaba, lo que motivó que le ofrecieran más y más hasta casi secar la botella con los aplausos de sus anfitriones. (Lo que ellos no sabían, era que, producto de sus ganancias, Soto tenía en su hogar en Punta Arenas cajones de Whisky de diferentes marcas con cuyo licor compartía de vez en cuando con los amigos).

Bien comido y bien tomado arribó a Puerto Natales, donde desembarcó junto a sus pertenencias, continuando su recorrido comercial, dejando, lamentablemente, unos antecedentes equivocados de la raza de los canales a los científicos teutones.

Su permanencia en su cabaña del estrecho de Magallanes le granjeó muchas amistades especialmente en la Villa Punta Delgada, sede de la capital de la comuna de San Gregorio, quienes lo cuidaban y atendían algunas de sus necesidades.

Fui con el programa “El Mirador” de TVN a realizarle una entrevista en su cabaña. El periodista, al ver un teléfono con ficha instalado en la muralla exterior de su vivienda le preguntó:

– ¿Usted vende las fichas para usar este teléfono?

– Yo se la vendo, pero si no le contestan es su problema.

El teléfono por supuesto que estaba descompuesto y era uno de los tantos cachureos que él recogía en la playa.

Héctor Soto Muñoz, muy dentro de su corazón, siempre llevó el recuerdo de haber sido carabinero de Chile.

Pero pudo más su sed de aventuras y la muerte lo llamó a cuatro días del aniversario de su querida Institución.

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest