Reclamo vecinal
La situación que expone la dirigenta del barrio 18 de Septiembre no es nueva y ese es justamente el problema. Se trata de una acumulación de temas pendientes -conectividad, seguridad vial, espacios públicos deteriorados y falta de mantención- que han sido planteados durante años sin una respuesta concreta por parte de las autoridades.
El caso de la calle Abate Molina es claro. Es una obra que estuvo a punto de terminarse y que quedó detenida por cambios administrativos. No es un proyecto sin financiamiento ni en etapa inicial. Sin embargo, sigue inconcluso, afectando directamente la conectividad del sector. Aunque hoy se anuncie una eventual reactivación, la desconfianza de los vecinos tiene fundamento, pues ya han escuchado promesas antes.
A esto se suma un problema de seguridad vial evidente en calle Ramón Carnicer. La falta de visibilidad y la pendiente generan un riesgo constante para conductores y peatones. La ausencia de un espejo vial, dañado hace casi dos años, refleja una falta de respuesta básica ante una situación conocida. No se trata de una gran inversión, sino de una medida mínima de prevención que no se ha resuelto.
El deterioro del entorno también preocupa. Tras el desalojo de una “toma”, el terreno quedó con escombros y basura, sin una intervención posterior que evitara su degradación. Lo mismo ocurre con la mantención de árboles y otros elementos urbanos que representan riesgos y que, pese a ser reportados, no han sido abordados oportunamente.
En paralelo, la multicancha del sector -uno de los pocos espacios para niños y jóvenes- presenta problemas de uso y mantención. La falta de control ha permitido situaciones que afectan su función principal, que es ofrecer un lugar seguro para la comunidad.
Lo más complejo es que, según se denuncia, estas situaciones han sido informadas reiteradamente sin obtener respuesta. La falta de comunicación efectiva con las autoridades agrava el problema, porque impide avanzar incluso en soluciones simples.
Este no es solo un listado de reclamos. Es un llamado de atención sobre cómo se gestionan problemas cotidianos que afectan directamente la calidad de vida. Resolverlos no requiere grandes anuncios, sino gestión, coordinación y voluntad de responder a tiempo.
La pregunta “¿hasta cuándo?” resume el cansancio de los vecinos. Pero también plantea una exigencia clara, en cuanto a que las autoridades pasen de los compromisos a las soluciones concretas.




