Homenaje a uno de los nuestros
Hace algunas semanas, nos dejó un personaje de esta ciudad, don Antonio Deza González. Se dijo mucho de él en sus exequias, se recordó lo que fue su aporte cultural y periodístico en nuestra zona. De cómo su día a día y sus obras lo fueron transformando en un “imprescindible”. En esta despedida se habló de todo lo que hizo. Hoy quiero recordar lo que nos dejó con su obra, uno más de sus pensamientos:
NO QUIERO FLORES EN MI TUMBA
El día que yo muera
deseo estar solo
con mi moneda en los dientes
que es la paga del barquero.
Cuando muera
que nadie llore
fiesta quiero.
Estar seguro allá arriba
que sembré amor
y alegría.
No me pongan flores
cuando muera,
no las soporto
de papel, plástico,
secas ni podridas.
Me gustan siempre vivas
a sus raíces unidas.
Cuando me recuerden, cualquier día,
compren un pan
y denlo con respeto
A las manos de un pobre.
Al final de cuentas
quien da es quien recibe.
La muerte de una persona mayor, para quienes son su entorno no es la despedida o el cierre de una etapa y vamos por la siguiente. Todo mayor es una vida de conocimiento y de enseñanzas que se van acumulando en él y que de alguna manera hay que traspasar y entregar a quienes vienen detrás, a los más jóvenes; como parte del aprendizaje y enseñanza que significa vivir. Ese es un rol importante que le debemos a nuestros mayores. Tenemos tanto que aprender y recibir de ellos.
Por eso su partida es más que su muerte física, es también la posibilidad cierta que tienen muchos de nuestros mayores de seguir entregando su aporte a la sociedad, desde los más simples en su entorno familiar hasta aquellos que producen y dejan obras en nuestra sociedad, por la escritura, pintura, por el canto y por tantas manifestaciones humanas que van quedando en nuestro acervo cultural.
La partida de una persona mayor es una pérdida para su familia y sus cercanos, pero también es una pérdida social importante. Por ello, debemos relevar y valorar su rol social en un mundo que hoy busca la inmediatez y las luces de fama y reconocimiento.
Muchos mayores vivieron vidas que nos parecen sencillas, pero que están llenas de sabiduría acumulada en ese fácil devenir. Toda persona mayor tiene algo que entregar como mensaje por la vida vivida.
Por lo mismo, la vivencia de este paso final por los mayores, debe ser parte de las conversaciones o temas, que, aunque incómodos, deben de conversarse y desarrollarse por su entorno social. Tal como Antonio, las familias debemos saber al menos ¿qué es lo que querrían al momento de partir?, ¿Cómo queremos ser recordados y valorados? ¿Qué queremos para ese tiempo después de su muerte y partida? Eso al menos se lo debemos y tenerlo claro y definido es la mejor señal de que se ha tenido una vida plena. Que el saber que la vida acaba, inexorablemente, no nos limita en vivir “a concho” cada día.
Por eso esta columna de hoy es un homenaje a un grande y destacado como nuestro amigo Antonio. Buen viaje amigo.




