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La farsa del colonialismo ambiental: el futuro del territorio se decide desde la región

Por La Prensa Austral Domingo 17 de Mayo del 2026

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Juan E. González Alvarez
Presidente de la Confederación Indígena Kawésqar

 

 

A mi juicio, el debate ambiental en la Región de Magallanes sufre de una alarmante ceguera ideológica, alimentada por un entramado de ONG transnacionales, académicos de escritorio y fundaciones financiadas desde la comodidad del centralismo. Me parece vergonzoso cómo estos grupos despliegan millonarias campañas de difamación para atacar la salmonicultura local. Lo que considero una contradicción vital es que, en su afán por imponer agendas radicales, estas organizaciones terminan boicoteando la proteína más eficiente que tiene la humanidad para frenar el calentamiento global y alimentar al planeta.

Pienso que la ciencia es tajante frente al dogma y hay que mirar los datos. Las proteínas terrestres tradicionales promedian la alarmante cifra de 30 kg de CO2 equivalente por cada kilo producido, arrasando con los suelos magallánicos mediante la erosión. En contraste, el salmón cultivado en nuestras aguas genera apenas 4 kg de CO2 equivalente por kilo. Al ser un animal adaptado al frío que no gasta energía en regular su temperatura, posee una conversión biológica eficiente: requiere solo 1,15 kg de alimento para producir 1 kg de carne. Sostengo que producir alimento de forma vertical en espacios ultrarreducidos no es una amenaza; es la gran solución climática que estos supuestos “expertos” se niegan a entender.

Quienes tenemos una verdadera identidad territorial y un lazo ancestral con este maritorio no podemos aceptar que nos dicten cátedra desde Santiago o el extranjero. Pero, para defender la región con seriedad, considero urgente que la gente comprenda la realidad jurídica: el Estado de Chile ya otorgó estas concesiones y las primeras de ellas comenzarán a vencer recién en el año 2036. El resto tiene vigencia por mucho tiempo más. Por lo tanto, la postura de estas ONG que exigen “erradicar” la industria hoy es una ilusión irresponsable que solo busca generar un conflicto artificial.

Con esta actitud, lo único que logran es alejar a nuestra propia región del diálogo constructivo para mejorar los procesos y optimizar todo; demuestran una total irresponsabilidad frente a un sector productivo que ya está instalado en aguas magallánicas y del cual dependen miles de familias. Las cartas ya están sobre la mesa. Dado que la actividad se quedará en nuestras aguas más allá de 2036, creo firmemente que el desafío histórico de los habitantes de la zona, de las comunidades indígenas y del propio Estado -que tiene el deber de regular y hacer las cosas bien- es sentarse a conversar para orientar el proceso de aquí en adelante.

A mi parecer, la solución para lograr un equilibrio definitivo y acabar con las campañas de difamación es consensuar un límite responsable a la expansión territorial, enfocando los esfuerzos públicos y privados en incentivar el uso de tecnologías limpias de punta y en profundizar las buenas prácticas fiscalizadoras.

En este sentido, una herramienta clave sería implementar sistemas de monitoreo a distancia mediante cámaras en tiempo real en cada centro de cultivo y jaula. Al conectar esta tecnología directamente a un centro de control del Estado, aseguraríamos una transparencia absoluta en las operaciones. Esta medida, además de dar plenas garantías de cumplimiento ambiental a la ciudadanía, optimizaría la labor fiscalizadora al reducir drásticamente la necesidad de trasladar personal hacia los puntos más aislados de nuestro complejo maritorio, permitiendo una vigilancia constante, eficiente y moderna.

Al poner un alto constructivo a la expansión en el mar y asegurar una transparencia tecnológica, el salmón austral podrá transitar de forma natural hacia un mercado premium exclusivo. Al no sacrificar más espacio marino, el producto adquiere un valor único en el extranjero; se puede acceder a nichos internacionales que paguen más por un salmón criado en aguas privilegiadas y limpias, generando mayores ganancias sin aumentar el impacto ambiental.

Esta actividad, que hoy mueve el 75% de la producción pesquera regional, debe ser una oportunidad para repartir el desarrollo con justicia social, beneficiando directamente a las pymes locales y a las comunidades que resguardamos el territorio.

Es hora de que las ONG y sus activistas de escritorio terminen con su campaña de desinformación. El salmón de Magallanes tiene las condiciones para ser el alimento del futuro, siempre y cuando su destino se defina desde la propia región.

Considero que el camino correcto es abrir las puertas a un diálogo amplio entre la ciencia, el Estado, los trabajadores y las comunidades indígenas vinculadas a sus respectivos territorios. A mi parecer, sería una señal de madurez que el sector privado y sus liderazgos comprendan el valor de cooperar estrechamente con el entorno local y de poner en valor la presencia del maritorio ancestral Kawésqar, ya que el trabajo armónico es la única vía para asegurar una producción limpia, transparente y con beneficios compartidos.

El futuro de nuestras aguas y de nuestra región lo debemos decidir quienes habitamos y resguardamos este territorio.

 

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