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Las enciclopedias

Domingo 17 de Mayo del 2026

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Asociamos el libro al saber, a la entretención, al aprendizaje, y nos viene a la memoria ese gran saber: el de las monumentales enciclopedias, como la Enciclopedia Británica (32 tomos) o la española Espasa Calpe (72 tomos originales). Enciclopedias propiamente tales, que venían organizadas por tema, o diccionarios enciclopédicos, con las materias ordenadas alfabéticamente. Había enciclopedias temáticas: del deporte, de la música, de medicina, etc. El término “enciclopedia” viene del griego enkýklios paideía, que significa el “círculo de la educación” o “educación circular”.

Wikipedia, la enciclopedia popular de nuestros tiempos —y qué bueno que sea popular y de libre acceso para todos— nos señala: “En Sumeria, durante el cuarto milenio antes de Cristo, se redactó un glosario temático o por temas como un primer intento de ordenar o catalogar el conocimiento del mundo, y 600 años después se registra un intento similar en Ebla, siguiendo un orden convencional de signos; estos primeros intentos se denominan listas lexicales”.

Quizás el hito histórico más definitorio se dio en el siglo XVIII, cuando un conjunto de intelectuales —mayoritariamente franceses— emprendieron un proyecto dirigido por Denis Diderot y Jean Le Rond d’Alembert: el resultado fue la “Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers”. En el proyecto colaboraron juristas, científicos, médicos, economistas, teólogos, artistas, filósofos, literatos y otros cultores de disciplinas diversas. Su objetivo fue aunar y difundir el saber, alejándose de dogmas y de la ignorancia bajo el imperio de la razón. Se trataba de “Los Enciclopedistas”, y algunos de sus integrantes más connotados fueron: André Le Breton, Louis Jean Marie Daubenton, Paul Henri Thiry d’Holbach, Louis de Jaucourt, Jean-Jacques Rousseau, Anne Robert Jacques Turgot, Voltaire, Montesquieu y François Quesnay.

En la década de 1960, no había casa que no tuviera su enciclopedia en el “trinche” del comedor. Obviamente, en nuestras viviendas pareadas de la gloriosa Población Fitz Roy, difícilmente encontraríamos la Británica o la Espasa Calpe. Nosotros éramos más simplecitos y así, con mucho sacrificio en ocasiones, comprada en cuotas en “Vicuña Libros”, ahí en el Edificio Santa Teresita de calle Fagnano, llegaba todo el conocimiento al barrio condensado en unos cuantos tomos. Los recordados economatos de las instituciones, los departamentos de Bienestar o los sindicatos se embarcaban en compras para sus asociados; entonces, encontrábamos la misma enciclopedia en las casas de los profesores, en las de los aviadores o en las de los trabajadores del puerto. Cada casa tenía su enciclopedia y eso era fascinante, porque podíamos combinar la rigurosidad casi soporífera del Diccionario Enciclopédico Quillet con las coloridas páginas de “Lo sé Todo” (Larousse).

Entre otras enciclopedias de la época encontramos “Preceptor” o “Universitas”, y la revista “Enciclopedia Estudiantil”, de la Editorial Codex. Por supuesto, recordamos “Monitor”, de Editorial Salvat, que la vendían en fascículos semanales en los kioscos (el primer fascículo traía como regalo el segundo). Cada cierto número de fascículos (o semanas) vendían las tapas de cartón, pues la idea era completar la enciclopedia de 12 tomos, más un tomo con el índice. Una “prima hermana” de “Monitor”, con el mismo sistema de fascículos, fue “Fauna”, enciclopedia sobre el reino animal, también de la Editorial Salvat y dirigida por Félix Rodríguez de la Fuente.

En ambas colecciones las tapas venían con unas huinchas metálicas para que uno mismo formara los tomos, pero ese “hágalo usted mismo” no resultaba, pues se soltaban los fascículos. Entonces, lo más sensato era recurrir a un especialista en la materia; uno de ellos era el profesor de la entonces Escuela 15, Alejandro Olate. Su colega y amigo Luis Godoy Gómez recordaba que, cuando le llevaba algún trabajo a Olate para que se lo “empastara”, éste aclaraba: “Mira, Godoy: querrás decir que me traes esto para encuadernarlo, porque yo soy encuadernador, no soy empastador”.

En la actualidad, salvo las enciclopedias especializadas, este saber compilado circula en formato digital y uno de los más destacados es el de nuestra querida Wikipedia. Ello tiene sus desventajas; nada hay como el papel, dirán algunos. También tiene sus ventajas: las obvias de un medio digital y el hecho de que nos puede facilitar la vida en determinadas circunstancias, como las vividas por el gran escritor argentino Jorge Luis Borges, quien consideraba a la Enciclopedia Británica su “libro de cabecera”. Se cuenta que cuando Borges se separó de su primera esposa, Elsa Astete, con quien estuvo casado entre 1967 y 1970, tuvo que cargar con sus 32 tomos de la Enciclopedia Británica (en todo caso, lo único que se llevó, aparte de su ropa).

Fuentes de apoyo:

https://www.clarin.com/sociedad/libro-cabecera-borges_0_rJbbBbal0Fg.html
Wikipedia

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