Cerca de 80 niños y adolescentes viven en familias de acogida en Magallanes
Cerca de 80 niños y adolescentes son beneficarios de dos programas de Familias de Acogida Especializadas (Fae) que mantiene Fundación Esperanza en la región. Se trata de una medida de cuidado alternativo destinada a menores que, por orden judicial, deben ser separados temporalmente de sus familias de origen debido a vulneraciones graves de derechos, mientras se trabaja en la restitución de condiciones para una eventual reunificación familiar. Los programas corresponden a Punta Arenas-Porvenir y Punta Arenas-Cabo de Hornos.
Constanza Fuentes, psicóloga del programa, dio a conocer que ambos proyectos forman parte del sistema de protección especializado y funcionan en coordinación directa con Tribunales de Familia. Agregó que el principal objetivo es ofrecer una alternativa familiar antes de que los menores deban ingresar a residencias de protección, ya que la experiencia dentro de una familia permite entregar cuidados más personalizados y vínculos afectivos más estables.
El sistema contempla dos tipos de acogimiento: familias extensas, conformadas por familiares u otros referentes cercanos de los niños, y familias externas, integradas por personas que postulan voluntariamente para asumir temporalmente el cuidado de menores sin necesariamente tener un vínculo previo con ellos. “Las familias externas pueden estar relacionadas con el niño o puede que no tengan ningún vínculo previo. Las personas postulan y nosotros hacemos un proceso de evaluación inicial para evaluar si esa familia es apta para el acogimiento”, sostiene Fuentes.
En ambos casos, las familias deben atravesar evaluaciones psicosociales para determinar si cuentan con competencias parentales adecuadas. “La evaluación no hace diferencias. En realidad, siempre el foco son las competencias parentales”, recalcó la profesional, agregando que el objetivo es evitar nuevas vulneraciones de derechos y garantizar condiciones adecuadas de cuidado.
Actualmente, la mayoría de los casos corresponden a familias extensas. Sin embargo, desde los programas reconocen que existe una baja cantidad de familias externas disponibles para acoger a niños y adolescentes que no cuentan con redes familiares aptas.
Uno de los aspectos que más remarcan los equipos es que el acogimiento familiar no corresponde a una adopción ni a una medida permanente. La estadía de los niños dentro de las familias de acogida depende de cada situación judicial y familiar.
“Siempre las familias de acogida del proyecto apuntan a la temporalidad hasta que se reunifiquen los derechos o las aptitudes, competencias y habilidades de la familia de origen para que pueda volver a asumir los cuidados”, puntualiza la psicóloga.
Modalidades
Existen distintas modalidades de acogimiento. Las familias de emergencia reciben a niños y adolescentes en situaciones críticas y pueden mantenerlos desde un fin de semana hasta seis meses. También existen acogimientos más prolongados, cuyo plazo habitual puede extenderse hasta 18 meses, dependiendo de cada caso.
El ingreso de un niño a una familia de acogida contempla distintos procesos dependiendo del nivel de urgencia. En casos extremos, asociados a situaciones de alto riesgo o violencia grave, el traslado puede realizarse de manera inmediata. Sin embargo, en la mayoría de los casos se desarrolla previamente un proceso gradual de vinculación.
Dentro de los requisitos para convertirse en familia de acogida se encuentra ser mayor de edad, no contar con antecedentes penales ni inhabilidades para trabajar con menores, además de mantener estabilidad económica. No existen restricciones relacionadas con el estado civil o la existencia de hijos.
Estudiantes en práctica
El trabajo de los programas también involucra a estudiantes en práctica que colaboran en los procesos de evaluación y acompañamiento. Laura Jeria Gómez, estudiante de Psicología de la Universidad de Magallanes y practicante de los programas de Familia de Acogida Punta Arenas-Porvenir, anotó que antes de integrarse al programa desconocía gran parte de su funcionamiento.
A su juicio, el trabajo desplegado por los equipos tiene una fuerte dimensión humana y exige evaluaciones rigurosas para proteger a los menores. “Es un trabajo súper noble tratar de hacer calzar los perfiles de los niños con familias y tratar también de hacer un trabajo de evaluación súper riguroso para asegurar que no sean nuevamente vulnerados los derechos de estos niños”, expresó.
Por su parte, Rocío Puelma Hermosilla, alumna en práctica de Psicología del programa Punta Arenas-Cabo de Hornos, afirmó que la experiencia le permitió conocer realidades familiares y sociales que antes desconocía. Además, destacó el compromiso de las duplas psicosociales que trabajan directamente con niños y adolescentes, señalando que muchas veces los profesionales extienden sus jornadas para responder a las necesidades de las familias y acompañar procesos complejos.
Desde Fundación Esperanza insistieron en que uno de los principales desafíos sigue siendo visibilizar el acogimiento familiar y aumentar la cantidad de familias externas disponibles en la región, especialmente para aquellos niños y adolescentes que actualmente permanecen en residencias por no contar con redes familiares que puedan asumir sus cuidados.
Las personas interesadas pueden acceder a información y realizar postulaciones a través de la página del Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia. Para ello se establece un aporte económico mientras permanezcan en el programa. En Punta Arenas, Fae Punta Arenas-Porvenir funciona en calle Chiloé Nº1156, segundo piso, mientras que Fae Punta Arenas-Cabo de Hornos atiende en José Nogueira Nº1355.




