Centro Nacional de Análisis Criminal ¿y el resto de la delincuencia?
Fue en el Foro “Chile en la encrucijada de seguridad nacional” organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y el Diario La Tercera, el evento en el cual la ministra de Seguridad del Estado de Chile anunció la creación del Centro Nacional de Análisis Criminal, como el estamento que se constituirá en el cerebro de toda estrategia para combatir el crimen organizado; será la parte de la inteligencia donde se cruce la información, datos de las personas, ingresos, egresos, placas patente; con lo cual se configura un elemento vital en el eje de análisis criminal que ha definido, dicha cartera de Estado, como parte vital del Plan Nacional de Seguridad Púbica, que surge entonces de la necesidad de disponer de una plataforma nacional e inoperable que integre, estructure y fusiones esta información criminal actualmente disgregada, y producir análisis avanzado y predictivo para apoyar de manera eficaz y eficiente el esfuerzo estatal de prevención y control de la delincuencia, especialmente en materia de crimen organizado”. (Emol 18 de mayo de 2026).
Al respecto y en primer lugar es necesario destacar esta decisión como relevante y necesaria para atender una especie determinada, específica y especialmente dañosa a la sociedad, como es todo aquello que constituye un sistema de crimen organizado, a pesar que nuestra legislación no define este concepto. En todo caso, y en términos generales, el crimen organizado se refiere a delitos relacionados con el lavado y blanqueo de activos con un evidente y claro propósito de lucro; entiendo que es posible que ello se extienda a otros delitos que, de cualquier modo, tienen en su corazón o núcleo la generación de un lucro desmedido e indebido como ocurre, por ejemplo, con el tráfico de drogas. Esperemos que prontamente se defina jurídicamente este concepto que puede ser muy amplio o restringido, pero respecto del cual no tenemos dudas acerca de su gravedad e incidencia social.
Aplausos entonces, por esta necesaria medida.
Esperamos con expectación, entonces, cuáles serán los otros ejes de medidas para atacar el fenómeno delincuencial que no forma parte de un crimen organizado. Me refiero a aquel que tiene otros orígenes, estructura y causas mediatas o inmediatas, los delitos que nacen de y en condiciones socialmente complejas, en el fenómeno de la migración, del desamparo y de aquellos que, no importan cuantos discursos escuchemos, forman parte de un Chile que no tiene acceso a todo aquello que forma parte de las condiciones mínimas para desarrollar una vida en sociedad, por ejemplo. También respecto de aquellos que delinquen y que su designio delictual pasa por condiciones psicológicas e incluso psiquiátricas determinadas y que no fueron objeto de atención en el sistema público, o en aquellas situaciones de reincidencia que la política penitenciaria o carcelaria no pudo evitar por medio de un trabajo de reinserción efectivo y real que permita, a quienes vivimos en sociedad, tener certezas que existe también un segmento importante de personas que han delinquido que se rehabilitan y contribuyen al desarrollo social y económico. O respecto de aquellos niños utilizados por delincuentes de marca mayor que han encontrado en el desamparo, desesperación y hambre el caldo de cultivo efectivo para tener soldados inimputables o de imputabilidad reducida para ejecutar delitos que muchas veces terminan en lesiones y homicidios.
Esperamos que efectivamente, estos otros ámbitos de la criminalidad sean atacados, pues al final del día, no todo es crimen organizado.




