¡El día en que Hitler fue propuesto para el Nobel de la Paz!
Quién aseguró que la historia es la ciencia que da lecciones a la humanidad para no repetir aberraciones, yerros y chambonadas se equivocó rotundamente. La verdad es que la historia es un continuo despropósito de tragedias, que el ser humano está condenado a repetir.
Conviene partir aclarando que no nació en Alemania, sino en Austria.
Desde muy joven su ambición fue convertirse en artista y arquitecto, pero sus deseos se vieron frustrados por el fracaso académico.
De origen humilde, ya a los 17 años vendía postales en las calles. Tuvo cinco hijos y en su infancia hubo de compartir la habitación de sus padres a una edad en que estaba en condiciones de ver con sus propios ojos hechos que deben quedar almacenados en la intimidad de la familia.
Su nombre verdadero era Adolfo Schiklgrüber, pero pasó a la historia como Adolfo Hitler, el representante del Príncipe de las Tinieblas en este planeta.
Era un furibundo seguidor del compositor Richard Wagner, cuya música le ayudaba a rumiar sus ideas megalomaníacas.
Pero vamos al grano…
El título de esta crónica no es broma ni cuchufleta.
En cierta ocasión, Adolfo Hitler fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz.
Un día 1 de febrero de 1939, un dislocado parlamentario sueco que había propuesto a Hitler como candidato al Nobel de la Paz intentó borrar todo vestigio de su petición en la Academia sueca para que no quedaran pruebas de su estupidez. El parlamentario se llamaba Erik Brandt, y cuando le dieron argumentación sólida de su estolidez, ya era demasiado tarde para evitar quedar etiquetado como chiflado en el Parlamento sueco.
El episodio fue como sigue: corría el año 1938, cuando las potencias europeas simplemente mantenían las distancias con Hitler, sin pasar a mayores. Y así fue como se firmaron los pactos de Münich con el propósito de poner fin a la crisis de los Sudetes (las áreas norteñas, meridionales y occidentales de la antigua Checoslovaquia que fueron habitadas principalmente por alemanes)
Por un lado, Gran Bretaña y Francia. Y por otro, Alemania. Como mediador actuaba…Benito Mussolini. Lo que acordaron pareció una broma y escapa a toda lógica que no tiene nombre. Hitler recibió el beneplácito para invadir Checoslovaquia a cambio de dejar en paz al resto de sus vecinos. Digno de Ripley: cuatro países firmaron unos acuerdos que afectaban directamente a un quinto país, Checoslovaquia, que jamás fue invitado a esas reuniones.
El episodio fue vergonzoso, pero las potencias europeas se quedaron muy convencidas de que aquello había evitado la guerra.
Así estaba la situación. Todos contentos, menos los checoslovacos, que fueron invadidos de inmediato por los nazis. Fue en esos momentos que el parlamentario sueco y social demócrata Erik Brandt (no se sabe si fumando opio o demasiado alcohol) hizo su propuesta para candidatear a Adolfo Hitler como candidato al Premio Nobel de la Paz.
La Academia acogió la propuesta, pues es parte de su protocolo, pero meses más tarde la desestimó porque Hitler no recibió más apoyos…y quedó más solo que un leproso.
Al enterarse del embrollo que había creado, Brandt intentó retirar a su candidato, esforzándose en que la documentación donde apareciera su nombre fuera destruida.
Es probable que los descendientes de aquel político sueco vivan estigmatizados, pero ellos no son culpables del desaguisado de su antecesor.




