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Naranjo se fue a negro

Por Eduardo Pino Viernes 29 de Mayo del 2026

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El día de hoy Germán Naranjo Maldini, Ingeniero Comercial egresado de la UC, debería estar ejerciendo sus labores gerenciales en la Pesquera Landes para posteriormente retirarse a su hogar y disfrutar de un fin de semana junto a su familia. En vez de eso, actualmente se encuentra en una comisaría de Guarulhos en Brasil, custodiado por personal de seguridad ya que debe compartir celda con otros detenidos. El incidente del 10 de mayo que le llevó a esta realidad ha sido profusamente difundido por medios comunicacionales y redes sociales, donde de manera inexplicable pretende abrir la puerta del avión donde viajaba, para posteriormente emitir ofensivos mensajes homofóbicos, racistas y xenófobos a uno de los funcionarios del avión. Para desgracia de Naranjo, una persona registró en video su desagradable estupidez al degradar a este joven que le pedía volver a su asiento, recibiendo un desprecio gratuito, incomprensible e inexcusable.

Germán Naranjo ingresó a la Pesquera Landes hace 10 años y de manera recurrente asistía a eventos internacionales debido a sus habilidades comunicacionales, ya que sus colegas decían que “se movía como pez en el agua” en estos menesteres. Justamente el vuelo Latam en que ocurrió este incidente se dirigía a Frankfurt, donde Naranjo asistió a la Feria Interzoo en representación de Landes. La Pesquera lo ha desvinculado debido a la gravedad de los acontecimientos, expresando que su imagen corporativa ha sufrido un importante daño. Resulta inevitable recurrir al juego de palabras: “por la boca muere el pez”. 

El abogado del chileno retenido en tierras cariocas ha esgrimido que su defendido se encontraba bajo los efectos del alcohol y medicamentos, relacionado con un importante duelo por el que atraviesa, por lo que no recuerda absolutamente nada del incidente y que de corazón ama a los brasileños. Pareciera que todo nos lleva otra vez a la sabiduría popular: “para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado”.

Lo cierto que es absurdamente a Germán Naranjo le cambió su vida del cielo a la tierra, pero a diferencia del avión que tomó, lo suyo fue estrellarse violentamente en minutos. Se ha vuelto el símbolo de la imbecilidad racista, pues su fotografía congelada al imitar los chillidos de un mono pareciera ser la preferida de los medios para retratarlo cada vez que se actualizan informaciones acerca de su situación. El que sus compatriotas lo reprochemos debido a lo indignante de su actuar, pareciera ser un problema menor si consideramos que en la tierra del samba podría pasar un par de temporadas sin gozar del sol verdeamarelo, pero con una hostil retroalimentación de brasileños a los que ha ofendido de manera burda. Quizás el Ingeniero pensó que se encontraba dentro de nuestras fronteras, donde se relativiza este tipo de actos que parecieran quedar en la anécdota que difícilmente llega a la justicia formal.

Esta noticia llama la atención por otros aspectos: la gran cantidad de personas de diferentes países que generalizan las conductas racistas y xenófobas a los chilenos, como si Naranjo fuese un prototipo de nuestra cultura. Como persona me parece repudiable lo hecho por nuestro compatriota, pero más me duele que prácticamente nadie de afuera nos defienda al expresar que el actuar de este individuo es una excepción, que en realidad los chilenos somos acogedores, tolerantes, inclusivos y cariñosos con el forastero, como desde pequeños lo escuchábamos en canciones folclóricas. Pero las relaciones entre compatriotas no necesariamente serían mejores, pues más allá de hacer leña del árbol caído, pareciera que la dinámica preferida es atribuir colores de Derecha o Izquierda a este “chivo expiatorio” de turno. Un ejemplo, entre tantos, de la irrecuperable fractura ideológica que cada vez vuelve nuestra convivencia más indeseable y desagradable. Somos testigos que los “moralmente superiores” carecen de esa humanidad valórica que pregonan a gritos, que quienes abogan inclusión son los primeros en segregar, o aquellos que se autovictimizan exageradamente estarían más que dispuestos a avasallar sin contemplaciones a los que supuestamente les abusan.

En 2008 Oscar Contardo escribía “Siútico”, una radiografía del Chile clasista y arribista. Varias de sus dinámicas descritas nos llevan al caso de Germán Naranjo, en que sujetos que ostentan algún tipo de poder (económico, material o político) lo reafirman con la denominada “superioridad simbólica”, que va más allá de lo concreto y se personifica en los valores y principios profundos que convierten en quien los posee en un ser superior que, incluso, tendría el derecho a denostar, apartar y ridiculizar al que, en su mente, no esté a su altura. A nivel personal resulta desagradable e indignante tratar con alguien así, pero a nivel social se vuelve insoportable y especialmente peligroso si esos grupos ostentan poder, pues el polvorín para el abuso y la violencia estaría servido.

El caso de Naranjo, más allá de su dinámica mental escasamente asertiva o de utilizarlo como el estandarte del adversario de turno, debería llevarnos a la reflexión personal, a una introspección sobre como a veces nos acostumbramos a tolerar lo intolerable, a imponer realidades parciales que nos resultan familiares pero sin un análisis que integre lo que legítimamente otros piensan dentro de los márgenes de la ley y la necesaria humanidad.      

   

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