El último baile
Un Mundial se apodera de la atención del planeta y 2026 no será la excepción. La justa máxima del deporte más lindo y masivo del planeta da para todo, desde lo más prístino como ilusionar y unir a los países hasta lo espurio relacionado con el poder político y económico.
Lo cierto es que si usted tiene altas expectativas de ver el mejor fútbol como expresión de virtuosismo lírico, resultaría saludable aterrizar estas proyecciones, por lo menos en la primera fase. Si bien la tendencia a lo largo de la historia ha sido aumentar la cantidad de participantes, matricular a 48 selecciones vaticina un relleno que amenaza desvalorizar el producto. El criterio que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha esgrimido para dejar atrás el formato de 32 equipos estaría apuntando a una mayor integración y oportunidades para visitantes mediana y escasamente frecuentes a este tipo de citas, pero no hay que ser muy experto para atribuir intereses netamente económicos. Por eso resultaría una locura que, incluso para los forofos más fanáticos, alguien tuviera el firme propósito de ver los 104 encuentros que nos tendrán respirando durante un mes una atmósfera que se espera con ansias cada 4 años.
Este mundial será especial no sólo por ser el primero organizado por 3 países, con USA como anfitrión de base, ya que para los más entendidos en la materia, esta será la última justa deportiva planetaria para una importante cantidad de futbolistas que durante las dos últimas décadas nos han deleitado con su talento, fuerza, técnica y entrega en sus selecciones.
En Colombia James Rodríguez, con 34 años, espera rozar la extraordinaria edición del 2014 en que llevó a los cafeteros a alturas inesperadas en tierras brasileñas. A pesar de su cara de niño eterna, James es uno de los veteranos que espera cerrar su carrera llegando lo más lejos posible. En Brasil se le ha dado una gran cobertura a la convocatoria de Neymar, quien también a sus 34 años desea tocar el cielo al levantar un trofeo que llevaría a su país al hexacampeonato. Ney desea dejar atrás esa imagen de exageración teatral ante cualquier roce del juego, lo que de cierta manera opacó en parte su enorme talento de manejo con el balón. Quien dice que éste sea el Mundial que le lleve a la inmortalidad negada hace doce años cuando como anfitrión sufrió una grave lesión que le impidió seguir liderando a su país.
Su quinto Mundial jugará Luka Modric con 40 años. No teniendo el revuelo mediático de otras selecciones, Croacia ha obtenido un tercer y segundo lugar en los dos últimos Mundiales, lo que despierta más de una ilusión en el pequeño volante cuya historia de vida asociada al conflicto bélico de los Balcanes cuando era un niño, emociona y lleva a la admiración.
Otros nombres a considerar son el recio defensor de Países Bajos, Virgil van Dijk (34); Kevin de Bruyne (34) y Lukaku (34) en Bélgica; el alemán Manuel Neier (40), el Bosnio Dzeco (40) y el mexicano Guillermo Ochoa que cumplirá 41 años el próximo mes, defendiendo de manera magistral el arco azteca, a pesar de también participar en tragedias memorables como recibir los 7 goles que Chile le encajó en la Copa América del 2016. Entre más claros que oscuros, “Meno” romperá el record de participar en 6 Mundiales desde 2006, a pesar de no ser el titular actual bajo los tres palos. Todas estas estrellas poseen innegables habilidades técnicas y gran trayectoria en sus clubes; aunque con disímiles expectativas según los planteles de las selecciones a las que pertenecen.
Hay varios otros que por espacio no mencionaremos, pero dejo para el final el mayor duelo que vivirán quienes vibran con la magia que ocurre en el verde césped: la última participación de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Casi durante dos décadas nos han deleitado con su técnica y fuerza, destacando varios peldaños sobre sus rivales no sólo del tiempo en que les ha correspondido competir, pues fácilmente clasifican entre los 5 mejores de la historia del futbol mundial. A diferencia de ídolos del pasado, ellos tuvieron la suerte de lucir su juego en una era mediática donde las plataformas comunicacionales viralizaron en vivo sus increíbles desempeños, llevándolos a la restringida galería de la idolatría épica. Desde sus duelos en el derby español, rodeados de compañeros de lujo que les ayudaron a alcanzar más trofeos que nadie, hasta sus retiros en ligas de menor exigencia pero muy bien remuneradas; nos queda la sensación que decir que sólo han sido futbolistas queda corto, pues con lo que nos han deleitado durante estos años ha sido realmente arte.
Como recomendación al hincha que cómodamente espera en su sillón que estos dos monstruos se “echen al hombro” a sus selecciones para llevarlas a lo más alto, le diría que no esperen la exuberancia de hace 10 ó 15 años. Si bien el argentino fue clave hace 4 años en la obtención de la tercera estrella en el pecho de la albiceleste, su liderazgo y técnica deberán adaptarse a un físico que naturalmente muestra un desgaste producto de los años. Esto se hace mucho más evidente en Cristiano, pues en la última Eurocopa su rol en el equipo luso fue mucho más mediático que decisivo en el juego. Lo peor que podemos hacer como espectadores sería desencantarnos al no ver la magia que esperamos de ambos, como si el paso del tiempo fuese algo baladí.
El Mundial 2026 será el último para estos grandes exponentes que despertaron nuestra admiración, nos emocionaron y sorprendieron, pero sobre todo, no hicieron amar aún más este deporte que nos lleva a la bipolaridad y obsesión colectiva. No los compare, sólo disfrútelos; no reclame por lo que muestren en el presente, añore tranquilamente el pasado. Pues, aunque racionalmente no deberíamos tener tantas expectativas de estos “veteranos”, emocionalmente será imposible perderse este último baile.




