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El impacto de la pobreza en la vejez

Por Ramón Lobos Vásquez Miércoles 17 de Junio del 2026

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La vejez es motivo de estudio y de diversas caracterizaciones para evidenciar el paradigma de vivir más y mejor. Estos han dado luces cómo se puede envejecer mejor con una multiplicidad de acciones y el desarrollo de habilidades que podemos resumir en vivir mejor para vivir bien; lo que incluye mantenerse activos físicamente, mentalmente, socialmente, bien nutridos, con rutinas saludables. De forma permanente están apareciendo nuevos estudios que avalan y refuerzan estos aspectos, constituyendo evidencia cada vez más importante y generando las bases del denominado envejecimiento activo.

Pero un reciente estudio ha venido a dar nuevas luces que van más allá de lo señalado. Destaca que las desigualdades no sólo se refieren a los ingresos de las personas, sino que también se traducen en años de vida y en la calidad de vida de esos años. Esto nos lleva al nacimiento de nueva evidencia que determina que la pobreza no sólo se sufre, sino que también se va incorporando en una forma compleja y grave: se transforma en enfermedades y muerte prematura de quienes padecen este flagelo.

Quienes subsisten en la pobreza por ingresos o desigualdades verán reducida su expectativa de vida, pero también se adelantan en la discapacidad. Es decir, en forma muy simple y gráfica: los grupos vulnerables de nuestras sociedades no sólo se mueren antes, si no que, además, viven más años enfermos. Pero no es un fenómeno nuevo. Los estudios han demostrado que es un fenómeno que se ha ido acentuando en estos últimos años. Se ha medido en diversas sociedades cómo influye la vulnerabilidad, y en aquellas sociedades que tienen buenos sistemas sociales de bienestar, que amortiguan las desigualdades también se manifiesta esta diferencia, mucho más atenuada que en otras sociedades con menos sistemas de bienestar social.

Esto es tan así que personas con educación universitaria y un bienestar socioeconómico importante igualmente tienen mejor sobrevida y años sin enfermedad que aquellos que no han completado la educación formal. Para más, las crisis económicas que han acontecido -por diversas razones- en nuestras sociedades tienden a impactar y ampliar estas brechas.

Cuando se estudia esta variable en nuestra América Latina, a la que pertenecemos; la evidencia es más compleja, ya que las desigualdades sociales y económicas en términos de calidad de la vejez ya no son diferencias que se puedan percibir entre países, si no que la escala es más cercana y se desarrollan en las ciudades que vivimos. Estas desigualdades van acentuando las diferencias entre las personas, el grupo social al que pertenecen y el lugar que ocupan en nuestras ciudades.

Esta información revelada nos informa que en Chile pese a liderar la esperanza de vida de la región, como un buen indicador, nos señala que a partir de los 60 años una persona perteneciente al grupo más rico de la sociedad puede vivir 7 años más que una persona del grupo más pobre. Lo que representa un tremendo reto en el desarrollo de políticas públicas, que morigeren las situaciones que les toca vivir a nuestros conciudadanos a partir de esa edad. Situación ampliamente conocida en nuestro país. Mientras más viejo, más pobre y carente de recursos para enfrentar el envejecimiento.

Pero no sólo se trata de años de sobrevida, como dijimos antes, si no que también es más evidente cuando se miden los años de vida sin discapacidad. Lo que lleva a que quienes tienen más recursos, no sólo viven más, si no que llegan a la vejez en mejores condiciones tanto físicas como cognitivas. Así, quienes tienen menos recursos en nuestra sociedad, los más vulnerables, acumulan más años con enfermedad, con limitaciones funcionales y mayor dependencia. Ensombreciendo así su pronóstico vital en el mediano plazo. Al medirlo, la brecha en calidad de vida supera la brecha de cantidad de vida, evidenciando el impacto de la pobreza en la vejez.

Esta diferencia no sólo es una medición que revelan las estadísticas, si no que los estudios han demostrado que son diferencias en lo biológico. Tiene relación en cómo se expresan factores genéticos tanto en la respuesta inmunológica, la regulación hormonal y la producción de neurotransmisores. Es decir, está en la esencia de la vida y cómo se expresa en nuestros cuerpos.

El corolario es aún más grave. Las diferencias que se han descrito no sólo se producen, si no que también están aumentando.

La pobreza es una experiencia de vida que va erosionando no sólo el tiempo que vivimos, si no que nuestros cuerpos y así la vida misma.

Por ello, es importante desarrollar una sociedad estructurada en otros paradigmas que van más allá de las pensiones y el costo de la vida de los mayores. Significa que hay que trabajar en una mejor sociedad para todos sus integrantes. Ahora con esta evidencia los sistemas sociales y políticos están siendo interpelados: ¿Qué harán? Dejar que las cosas sigan igual, es y será el peor camino. Al menos hay que intentar hacer las cosas distintas. Ya no por los viejos solamente, si no por todos.

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