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La Magnífica Humanitas: un faro de luz para nuestros tiempos

Por La Prensa Austral Domingo 21 de Junio del 2026

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Nello Gargiulo

 

Los últimos tres siglos de la historia han estado marcados por la primera, la segunda y la actual tercera revolución industrial, esta última caracterizada por la digitalización y el avance de la inteligencia artificial. Un fenómeno que plantea profundas interrogantes sobre el futuro mismo de la humanidad: ¿cómo será la familia del mañana?, ¿cómo se gobernarán los Estados y las ciudades?, ¿qué ocurrirá con la dignidad y la libertad humanas? Son preguntas cuyas respuestas aún permanecen envueltas en incertidumbre.

En medio de la primera revolución industrial, en 1848, Karl Marx y Friedrich Engels publicaron el Manifiesto del Partido Comunista, proponiendo la lucha de clases como respuesta a los desequilibrios sociales de la época, caracterizados por extensas jornadas laborales y sistemas salariales carentes de regulación. Sin embargo, aquellas incógnitas permanecían circunscritas a círculos intelectuales, científicos y culturales; no trascendían mucho más allá de ellos.

En 1891, la Iglesia Católica intervino a través del papa León XIII con la encíclica Rerum Novarum. En ella analizó los problemas emergentes de la industrialización y propuso como antídoto a las tensiones sociales la solidaridad entre los trabajadores, impulsándolos a organizarse y crear mecanismos de protección mutua y defensa sindical, alejados del odio de clases y cimentados en la entrega y el apoyo recíproco. Sin embargo, la desorientación espiritual y el secularismo ya habían comenzado a abrirse paso. La Iglesia aportó claridad, aunque quizás lo hizo algo tarde.

Las turbulencias derivadas de aquellos cambios acompañaron a todos los pontificados que sucedieron a León XIII hasta la elección de Robert Prevost, quien, al asumir el nombre de León XIV, recogió el desafío planteado por esta nueva revolución industrial. Desde el comienzo pareció comprender que, esta vez, las implicancias son particularmente complejas y preocupantes. La elección del nombre León fue interpretada por muchos como una señal de anticipación y advertencia al mundo sobre los riesgos que entraña la inteligencia artificial si su desarrollo y aplicación no van acompañados de una sólida normativa ética.

La encíclica Magnífica Humanitas se presenta así como una herramienta de orientación y una luz en medio del intrincado laberinto de interrogantes que enfrenta la humanidad, para evitar que nos convirtamos en simples espectadores pasivos de este proceso. El protagonismo de las nuevas generaciones, nacidas en medio de este verdadero cambio de época, exige una educación basada en valores que no puede ser descuidada ni por las familias, ni por las escuelas, ni por las comunidades, ni por los Estados.

Asimismo, adquieren especial relevancia los organismos internacionales, llamados a dar forma a esa autoridad mundial que la encíclica considera necesaria para regular el desarrollo de la inteligencia artificial y evitar que quede librada a su propia dinámica. Solo así será posible proteger la vocación, la dignidad de la persona humana y el cuidado de toda la Creación.

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