En el Día del Padre, ¿dónde están los niños?
Es una penosa contradicción celebrar el Día del Padre con las estremecedoras informaciones conocidas esta semana acerca del acarreo de niños haitianos entre el 2022 y el 2025. Muchos nos preguntamos qué es lo que hay detrás de todo esto, con la esperanza de que la investigación que inició la Fiscalía Nacional haga luces sobre este tenebroso asunto.
Se acumulan las preguntas acerca de dónde están esos niños y cuántos son (porque, además, muchos no aparecen): ¿es un tráfico de personas por mafias dedicadas a la explotación sexual infantil o al tráfico de órganos, o de eventuales “soldados” para el crimen organizado? (porque esas cosas horribles ocurren), ¿es un acarreo que se aprovechó de la desprolijidad y burocracia de las instituciones nacionales, o además hay funcionarios coimeados? (porque parece que alguien estaba ganando con esto), ¿qué organismos tienen que responder? (porque todos lo sabían, pero… ¡nadie hacía nada!, y ahora se tiran la pelota unos a otros).
Y las preguntas siguen: ¿existen protocolos para el ingreso de niños por reunificación familiar? (porque las respuestas de las instancias involucradas parecen enredar más las cosas), ¿quién verificaba la documentación que autorizaba el viaje de esos niños y su ingreso al país? (porque parece que hay confusión de roles de las instituciones), ¿quién financiaba la contratación de esos viajes y hacía el negocio? (porque dicen que cada vuelo chárter costaba cerca de ciento veinte mil dólares), ¿quiénes eran los adultos que venían a cargo de esos niños? (porque parece que eran personas sin vínculos con los niños o sin la autorización correspondiente), ¿dónde están los padres de esos niños? (porque se dice que muchos haitianos usaron su permanencia en Chile para emigrar a Estados Unidos), y quizás cuántas preguntas más aparecerán con la investigación que, se espera, encuentre a los niños y responda por esta grave falla de los sistemas estatales.
¡Se trata de niños y hay que encontrarlos! Por ellos, el Estado debía tener una especial preocupación, pero ya sabemos que no es así y conocemos las complejas y dramáticas situaciones que, desde hace mucho tiempo, atraviesan los servicios estatales encargados de la infancia.
¿Y el Día del Padre? Por sobre cualquier otra consideración, es un día de gratitud para todos los que hemos tenido un papá que, con cariño, firmeza y paciencia, nos mostró lo que significa ser hombre, ser esposo, ser trabajador, ser ciudadano responsable, ser discípulo del Señor Jesús en su Iglesia, ser servidor de los demás y tantas otras cosas (desde enseñarnos a jugar fútbol hasta usar el martillo y el serrucho). Miramos con cariño agradecido a nuestro papá, conscientes de que todo lo recibido de él está atravesado por los límites de su persona, pero es una experiencia fundamental que nos ha abierto al horizonte de la vida.
En este día de gratitud es imposible olvidar a quienes no tienen un papá a quien agradecer y celebrar. La debilidad y, frecuentemente, la ausencia de la figura paterna es uno de los graves problemas de nuestra cultura y sociedad. Los estudios sobre el tema lo llaman “crisis de la cultura parental” y “sociedad del padre ausente”; es decir, la escasez de figuras paternas que, con cariño y claridad, muestran a los hijos que hay otras personas en el mundo, que tenemos que aprender a convivir con los demás y eso significa aceptar reglas, y por eso tenemos nuestros derechos y deberes en la sociedad.
Estadísticamente, casi la mitad de los hogares del país tienen a una mujer sola como jefa del hogar, y habría que agregar las familias donde el papá, aunque está físicamente presente, está afectivamente distante y educativamente anulado. ¡Es una cifra impresionante de hogares en que la figura del papá está ausente, distante o diluida, según sean las circunstancias de esa situación familiar!
Así, uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad es cultivar la figura del padre, para que esta no sea una figura de autoridad que se impone o de una camaradería complaciente que no se atreve a poner reglas a sus hijos. Dice la Biblia que Dios es “el autor de toda paternidad” (Ef 3,15), y Él ha mostrado que ser padre no es ejercer una autoridad despótica; también nos ha mostrado que ser padre es educarlos para que ejerzan responsablemente su libertad conviviendo con otras personas.
En esta crisis cultural de la figura paterna, hoy es un muy buen día para celebrar a los papás que están presentes y cercanos a sus hijos; hombres que, con una paternidad gozosa, sencilla y bondadosa, educan a sus hijos y los acompañan en su desarrollo. Esos papás tiernos y firmes, alegres y laboriosos, cuyo valor principal es la familia, los hijos y —por cierto— la mujer con quien se acompañan mutuamente.




