Necrológicas
  • – Juan Carlos Livacic Peruzovic
  • – Sergio Díaz González
  • – Cornelio Villarroel Vargas

El secreto de los pastizales patagónicos: la ciencia busca el equilibrio entre la producción y la naturaleza

Domingo 12 de Julio del 2026

Compartir esta noticia
25
Visitas
  • Por décadas, los pastizales de Magallanes han sostenido una de las actividades productivas más emblemáticas de la Patagonia: la ganadería ovina. Hoy, investigadores trabajan para responder una pregunta clave: ¿cómo producir más y mejor sin comprometer el futuro de estos ecosistemas?

A simple vista, la inmensidad de la estepa patagónica parece inalterable. Kilómetros de coironales se extienden hasta perderse en el horizonte, desafiando el viento, las bajas temperaturas y las escasas precipitaciones. Sin embargo, bajo ese paisaje aparentemente inmóvil ocurre un proceso mucho más complejo de lo que imaginamos.

Cada hoja que brota, cada raíz que crece y cada animal que pastorea forman parte de un delicado equilibrio que permite la existencia de la ganadería en Magallanes. Comprender ese funcionamiento se ha convertido en uno de los principales desafíos científicos para asegurar que estos ecosistemas continúen siendo productivos durante las próximas generaciones.

Ese es precisamente el objetivo de una línea de investigación liderada por Inia Kampenaike, junto académicos de la Universidad Austral de Chile, la Universidad de Concepción, la Universidad de Magallanes y la Universidad de Massey, en Nueva Zelanda.

El coirón: mucho más
que un simple pasto

La investigación comenzó por entender uno de los principales protagonistas de la estepa: el coirón.

Aunque pueda parecer una planta resistente por naturaleza, los estudios demostraron que su crecimiento es mucho más lento de lo que se pensaba. Las condiciones extremas de la Patagonia reducen aún más su capacidad para regenerarse durante la corta temporada en que las temperaturas permiten el desarrollo de la vegetación.

Esto significa que, cuando el ganado consume repetidamente los brotes más jóvenes, la planta dispone de muy poco tiempo para recuperarse antes de enfrentar un nuevo período de pastoreo.

Conocer este comportamiento resulta fundamental para explicar por qué el sobrepastoreo puede afectar la permanencia de los coironales y disminuir progresivamente la productividad de los campos.

Una carrera
contra el tiempo

Uno de los descubrimientos más interesantes de las investigaciones fue constatar que los pastizales de Magallanes viven una verdadera carrera contra el reloj.

Las mediciones realizadas en distintas zonas de la región mostraron que el crecimiento de la vegetación aumenta rápidamente hacia fines de octubre y que, apenas un mes después, muchas especies ya comienzan su etapa reproductiva.

En otras palabras, la naturaleza dispone de apenas unas pocas semanas para desarrollar gran parte de su crecimiento vegetativo anual.

Esta información permite a los productores planificar de mejor manera el uso de los campos, respetando los tiempos de desarrollo de las plantas y favoreciendo una recuperación más eficiente de la vegetación.

Cuando las raíces
cuentan la historia

Los investigadores también quisieron saber qué ocurre bajo la superficie.

Los resultados mostraron que permitir un adecuado período de recuperación después del pastoreo no solo favorece el crecimiento de las hojas, sino también el desarrollo del sistema radical que es el proceso de aparición, crecimiento y senescencia de esas raíces a lo largo del tiempo, el cual en todo su espectro puede ser modificado por el manejo de defoliación, mientras más intenso es el pastoreo las raíces viven y crecen menos.

Raíces más profundas y vigorosas permiten captar mejor el agua y los nutrientes disponibles en el suelo, aumentando la capacidad de las plantas para enfrentar períodos de sequía o condiciones climáticas adversas.

Es un proceso invisible para el ojo humano, pero decisivo para la estabilidad de todo el ecosistema.

Lo que el suelo puede recordar durante décadas

Quizás uno de los hallazgos más sorprendentes surgió al estudiar un sitio experimental que permaneció durante más de treinta años bajo distintas intensidades de pastoreo y que luego fue excluido del ingreso de animales durante casi dos décadas.

La expectativa era que el suelo recuperara naturalmente sus condiciones originales.

Sin embargo, los resultados indicaron que las áreas sometidas históricamente a altas cargas animales aún conservaban alteraciones importantes en sus propiedades físicas del suelo, incluso después de 19 años sin pastoreo.

El suelo, en cierta forma, mantiene la memoria del manejo que ha recibido.

Estos antecedentes demuestran que las decisiones de manejo pueden dejar efectos de largo plazo e irrecuperables sobre la funcionalidad del suelo y productividad de los campos, reforzando la importancia de utilizar cargas animales acordes con la capacidad natural de los pastizales. Pero en ningún caso una alta carga animal instantánea es una práctica que permita una sostenibilidad ambiental de los pastizales.

Ciencia para una
Patagonia más resiliente

Lejos de plantear una oposición entre producción y conservación, las investigaciones buscan demostrar que ambas pueden avanzar de la mano.

Hoy los estudios continúan incorporando nuevas variables, como el manejo del agua en las vegas de alta productividad y su relación con el crecimiento de las plantas y la salud del suelo.

La meta es entregar herramientas que permitan a los productores tomar decisiones respaldadas por evidencia científica, favoreciendo sistemas ganaderos más eficientes, resilientes y sostenibles frente a los desafíos que impone el cambio climático.

Después de más de un siglo de historia ganadera, los pastizales de Magallanes siguen enseñando que producir en la Patagonia requiere comprender los ritmos de la naturaleza. Y es precisamente esa comprensión la que la ciencia busca transformar en conocimiento útil para asegurar que el patrimonio forrajero de la región continúe sosteniendo el desarrollo del campo magallánico por muchas generaciones más.

Para el Seremi de Agricultura de Magallanes, Juan Ignacio Cavada, destacó que este trabajo refleja el valor de la ciencia para enfrentar los desafíos del agro en la Patagonia. “Detrás de cada recomendación para nuestros productores existe el esfuerzo de un equipo multidisciplinario de investigadores que, desde distintas instituciones y disciplinas, ha dedicado años a comprender el funcionamiento de nuestros pastizales. Ese conocimiento nos permite avanzar hacia una ganadería más eficiente, resiliente y sostenible, donde la producción y la conservación dejan de verse como objetivos contrapuestos para transformarse en aliados. Como Ministerio de Agricultura valoramos profundamente este trabajo colaborativo, porque invertir en investigación es invertir en el futuro del campo magallánico y en la protección de uno de los patrimonios naturales más importantes que tiene nuestra región.”

Equipo de investigación

Esta línea de trabajo es desarrollada por los investigadores de Inia Kampenaike Iván Ordóñez, Jorge Ivelic, Francisco Sales y Raúl Lira, junto a Dorota Dec, José Dörner y John Clunes, de la Universidad Austral de Chile; José Luis Arumi y Camila Sandoval, de la Universidad de Concepción; Sergio Radic, de la Universidad de Magallanes; e Ignacio López, de la Universidad de Massey (Nueva Zelanda). Los estudios han sido financiados por Inia, la Fundación para la Innovación Agraria (Fia) y la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (Anid), consolidando una de las líneas de investigación más completas sobre el funcionamiento de los ecosistemas pastorales de la Patagonia.

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest