La travesía de Adriana Cárdenas para vencer al cáncer con un trasplante inédito
Lucas Ulloa Intveen
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Todo comenzó con un dolor de espalda. Entre septiembre y octubre del año pasado, Adriana Cárdenas Neum, magallánica de 52 años, arrastraba molestias lumbares que atribuyó al ajetreo cotidiano. Recién en diciembre consultó a un médico. Una resonancia reveló algo que no cuadraba: tenía vértebras fracturadas en la zona lumbar, sin haber sufrido accidente alguno y sin que la edad lo explicara.
El neurocirujano que la evaluó, el doctor Reyes, ordenó una vertebroplastia para reforzar las vértebras dañadas. Sin embargo, los exámenes preoperatorios encendieron una alarma mayor. Detrás de las fracturas había otra causa: mieloma múltiple, un cáncer que afecta la médula ósea y la sangre. “Ahí se generó todo”, resume Adriana al recordar el inicio de su caso.
El ingreso al Hospital Clínico de Magallanes fue gestionado por el propio neurocirujano. Su hematóloga en Punta Arenas, la doctora Daniela Cardemil, confirmó el diagnóstico en enero y en febrero inició el tratamiento: quimioterapia inyectable todos los martes, sumada a otros medicamentos, durante cuatro meses. La enfermedad la había dejado postrada. “Llegué a estar en silla de ruedas porque no podía mantenerme en pie”, recuerda. El 26 de marzo fue sometida a una cirugía de columna para que pudiera resistir mejor el tratamiento oncológico.
Informe y derivación
Con la quimioterapia avanzada y la enfermedad en retroceso, la doctora Cardemil elaboró el informe que permitió ingresarla a una comisión nacional. Ese comité, dirigido desde el Ministerio de Salud, define qué pacientes acceden a un trasplante de progenitores hematopoyéticos -el nombre técnico del trasplante de médula ósea- y en qué hospital se realiza. En el país solo cuatro establecimientos públicos lo practican: el Hospital del Salvador, en Santiago, y los hospitales regionales de Valdivia y Talca. El Hospital Guillermo Grant Benavente (HGGB), de Concepción, postulaba desde hacía tiempo para sumarse.
La comisión asignó a Adriana precisamente a Concepción. Fue el primer trasplante autólogo de progenitores hematopoyéticos realizado en ese hospital y en toda la Región del Biobío, un procedimiento en el que se extraen las propias células madre sanas del paciente para reinfundirlas tras la quimioterapia. “Tuve la suerte de que fui elegida dentro de la lista a nivel nacional”, dice. “No sé si fui bendecida o qué, pero fue una alegría enorme, porque me estaban dando la posibilidad de recuperar mi vida”.
El sistema público la trasladó desde el extremo austral hasta el Biobío. Ingresó al HGGB el 18 de junio y quedó hospitalizada en aislamiento, sin visitas, en una habitación con un baño donde solo ingresaban médicos, enfermeras y auxiliares. La acompañó su marido, quien viajó con ella mientras sus dos hijos -de 24 y 14 años- permanecían en Punta Arenas.
La distancia la sostuvo la tecnología. “Hacía videollamadas casi todos los días. Ellos me incentivaban: ‘Mamá, vas a salir adelante, lo vamos a hacer en conjunto’. A pesar de que estaba sola acá, jamás me sentí sola”, cuenta. Hubo semanas duras, de debilidad extrema, en que ni siquiera tenía fuerzas para llamar. “Pero era parte del proceso, tal como me lo habían explicado”.
De ese tránsito rescata especialmente al equipo tratante. “Es un equipo humano muy joven, pero muy detallista y muy completo. Ellos me ayudaban para que no me sintiera sola, siempre explicándome de qué se trataba todo lo que estaba pasando. Uno necesita mucha fortaleza, porque es mucho tiempo esperando que la médula vuelva a funcionar solita”. A esa contención se sumó su red de apoyo: familia en Punta Arenas y otras regiones, compañeros de curso y amigos. “Eso fue lo que me mantuvo con fuerza para afrontar todo lo que viniera”.
Continuidad en
el Carlos Ibáñez
El trasplante equivale a un reinicio del sistema inmune. Adriana quedó, en la práctica, sin defensas. “Es como que me hubieran hecho un reseteo de la médula. Tengo que volver a vacunarme contra todo, desde que nací, todas las vacunas hasta los 52 años que tengo”. La espera un calendario que su Cesfam Carlos Ibáñez, en Punta Arenas, deberá administrar por etapas, junto a restricciones nutricionales, kinesiología y controles para revisar las vértebras que aún permanecen comprometidas. “Todavía queda un proceso postrasplante. Es más complejo”.
Al cierre de esta entrevista, aguardaba en una casa de acogida de la Corporación del Cáncer el alta definitiva de su hematóloga en Concepción, la doctora Silvana Vásquez, prevista para el viernes siguiente. Luego vendría el traslado de vuelta al sur. “Estoy contenta, porque por lo menos voy a poder ver a mis hijos. Ellos son mi vida fundamental”.
Su mensaje final apunta más allá de su caso. “Ojalá las demás personas que están sufriendo lo mismo que yo tengan también la oportunidad de acceder a un trasplante y que las atiendan en la parte pública, porque los equipos médicos que hay son excelentes. Eso también hay que promoverlo”.
“Es un tratamiento
curativo para el cáncer”
El jefe de Oncología del Servicio de Salud Concepción, doctor Samuel Rifo, explicó a este medio el alcance del procedimiento. En el mieloma múltiple corresponde a un trasplante autólogo: una vez que la quimioterapia logra que no exista evidencia de enfermedad en el cuerpo, se extraen las propias células madre sanas del paciente y se le reinfunden mediante un proceso similar a una transfusión. “Con este procedimiento se pretende curar a la persona. Este es un tratamiento curativo para el cáncer”, precisó.
El especialista subrayó por qué el caso constituye un hito. La paciente pudo haber sido derivada a Talca o Valdivia, pero la comisión nacional la asignó a Concepción, que estrenaba así una unidad de hematología intensiva. “Ni siquiera lo hicimos a un paciente de acá, fue a una paciente de Magallanes, porque la comisión define el tipo de paciente. Es un desarrollo tremendo para Concepción y para nuestra macrozona”, señaló.
Rifo situó el avance dentro del Plan Nacional de Cáncer 2018-2028, que busca acercar las prestaciones a los pacientes de regiones. “Antiguamente todos los que necesitaban un trasplante tenían que ir a Santiago. No teníamos otra posibilidad”, recordó. Con el HGGB como cuarto hospital público en realizar estos trasplantes, la meta es ampliar la técnica a otros cánceres. “No solo el mieloma múltiple lo requiere; tenemos el caso de la leucemia, que es un trasplante un poco más complejo, y esperamos avanzar hacia ello”.
El proceso exigió una semana de aféresis -la extracción de células sanguíneas- bajo monitoreo permanente de hematólogos, enfermeros especialistas y tecnólogos médicos, supervisados por el hematólogo trasplantólogo. En el primer trasplante participó además la referente nacional de la técnica, la doctora Bárbara Puga, quien acompañó a la paciente durante todo el proceso.




