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  •  Ida Castillo Díaz

Fútbol: ni deporte, ni turismo

Por Alfredo Soto Martes 21 de Julio del 2026

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En realidad, nunca fui bueno para el fútbol, aunque durante mi formación como profesor de Educación Física tuve la oportunidad de aprender mucho de toda su historia, como así también todos los beneficios que implica una actividad deportiva en cuanto a su desarrollo y el comportamiento disciplinario mientras existan reglas y determinaciones adecuadas para su ejecución. En medio del rigor de las enseñanzas, recuerdo a un profesor referirse al fútbol y comparándolo con el rugby, igual un juego de campo y con el uso de un balón, lo que me llamó mucho la atención y al mismo tiempo lo tomé como una manera de entender que el fútbol tenía y arrastraba ciertos matices poco pedagógicos para enseñarlo en las escuelas, este profesor decía lo siguiente: el rugby es un deporte de chanchos jugado por caballeros y el fútbol era un deporte de caballeros jugado por chanchos, aludiendo exclusivamente al juego sucio, al juego mal intencionado, al juego mentiroso de hacer creer una cosa pero hacer otra, tratar de engañar al árbitro y a la misma fanaticada. En fin tuvieron que pasar muchos años ejerciendo la pedagogía en distintos establecimientos educacionales, tanto en la ciudad de Osorno como en la ciudad de Punta Arenas, y cada vez le fui encontrando mucha razón a este profesor que justamente hacía los esfuerzos a través de charlas y exposiciones técnicas de como el fútbol no debía perder su esencia como una herramienta para enseñar a los niños y jóvenes a saber intercambiar la agonística que demostraba el balonpié en sus diversas formas de ejecución.

¿Cuándo me di cuenta? Cuando algunos “técnicos”(que eran buenos pa’la pelota pero sin formación pedagógica) de manera casi meticulosa enseñaban a sus alumnos a ser más “vivos”
.más despiertos de tratar de confundir o sorprender a sus rivales pero con malas prácticas, ejemplo: correrse por la banda de saque lateral para ganar espacio y distancia, lo mismo con los tiros libres, forzando a que el árbitro enloqueciera mientras arregla una barrera y el ejecutor de un tiro libre acomoda el balón de acuerdo a su preferencia y no donde exactamente fue la falta, tomar por la camiseta al rival, quitar el balón con “tijeras” que más que un quite era una amenazante y peligrosa falta. No voy a mencionar lo que ocurría con algunos “padres” que tomaban a sus hijos proyectándoles al profesionalismo y con un alto costo de limitaciones que más bien atentaban a los derechos del niño, a su descanso (muchas veces lo hacían jugar en 2 ó 3 ligas el mismo fin de semana) con exigencias que sobrepasaban ciertos límites de una educación integral. Conozco muchos casos de hombres hoy día que en su niñez los forzaron a realizar estas supra exigencias y que finalmente terminaron odiando la práctica deportiva.

El deporte tiene una filosofía que reúne aspectos técnicos, físicos y sociales y ninguno de estos pilares debe fallar, se hace deporte cuidando de estos aspectos que finalmente promueve a un deportista y una persona con todos los valores posibles del respeto y la certeza que en el juego, no está comprometida la vida ni el prestigio de una localidad, región o país.

En cuanto a los diversos eventos mundiales como el reciente que aconteció deja muchas enseñanzas que se hace necesario revisar y limpiar todo aquello que pueda ensuciar al deporte como tal. ¿Qué pasa con el público que asiste? Es una gran oportunidad para el desarrollo de esta mezcla virtuosa del deporte y el turismo, pero es notorio que en muchos aspectos no va tampoco a la par de ciertas funcionalidades que son propias del buen vivir, el descanso y la ejercitación del ocio que no es más que divertirse (sanamente) descansar y visitar lugares, ciudades emblemáticas y también que implique el desarrollo personal. Pero estos eventos mundiales especialmente en el Futbol, han perdido total noción de muchas escalas de valores, entre ellas, que se resistan algunos el haber perdido como así también considerar la humildad ante la victoria.

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