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– Olga Edita Echavarría Alvarado

– Rubén Arturo Ibarrola Maray

– Adolfo Santiago Zúñiga Rodríguez

La importancia del pelo

Por Jorge Abasolo Jueves 30 de Julio del 2026

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La Biblia está cuajada de prevenciones contra mujeres fatales de atrayente cabellera: Dalila, Susana, Bernabé…Las mujeres de los judíos ortodoxos deben cortarse el cabello y usar peluca para despojarse de la atracción sexual que el pelo despierta. El cristianismo adoptó esta actitud pudibunda, obligando a las mujeres a cubrirse la cabeza en la Iglesia, en señal de castidad y modestia, y como manifestación de culpa por el pecado de Eva.

En el Concilio de Tours (1096), el arzobispo de Rouen propuso que toda mujer que exhibiera su cabello debía ser excomulgada. Este celo, a la larga, ha ido declinando, pero subsiste en el tocado de las monjas y en la mantilla con que algunas mujeres se cubren la cabeza en las Iglesias.

A su vez, el Corán ordena a sus mujeres que oculten el pelo, para evitar que provoquen malos pensamientos y desaten la lujuria.

Al igual que mi padre, yo no he podido aceptar mi calvicie. Me miro al espejo y me veo más pelado que codo de notario. Esto, que algunos sobrellevan con resignación musulmana, para mí ha sido un calvario. Un amigo mío ya sale muy poco a la calle por la misma razón. Cuando tiene alguna cita con una mujer, se echa sal en los hombros, para que la damisela crea que se trata de caspa. ¡Aberrante y hasta ridículo…pero lo entiendo y lo compadezco!

No somos los únicos. Me cuenta la historia que Pericles (el gran político ateniense) no se sacaba el casco militar ni para dormir. Le daba vergüenza mostrar su calvicie, porque no tenía pelos ni para arreglar un tapón.

Este tema, aparentemente baladí, está incrustado en la historia y hasta colindante con la concupiscencia. Fíjense que en cierta ocasión Cleopatra le regaló a Marco Antonio -que se había quedado calvo- una peluca hecha de sus vellos púbicos, peluca que más tarde fue llevada a Roma. Allí fue usada por algunos emperadores en noches de juerga. (¡digno de Mr.Ripley!)

Fisgoneando en la historia, les puedo contar que los antiguos romanos solían pintarse el pelo cuando quedaban pelados. Parece que este complejo no es propio de cierta época, sino que cruza la historia hasta su más tierna infancia.

Una gran amiga mía (la única que tengo) me confesó una vez que así como el pánico de nosotros los machos es perder el cabello, para ellas lo más ominoso es perder pelos de las cejas. Curioso, ¿verdad?  Esto puede explicar el caso de la actriz Lana Turner. ¿La recuerdan?  Yo tampoco, pero era una de las preferidas de mi padre. El caso es que la Turner tuvo que representar el papel de una ama de llaves en la película “Las aventuras de Marco Polo”, en 1937. Los encargados del maquillaje le rasuraron las cejas durante todo el tiempo que duró la filmación, sustituyéndolas por unas falsas, casi oblicuas.

Y terminó con algo muy personal. Yo me empecé a dar cuenta que me estaba quedando calvo cuando comencé a tomarme demasiado tiempo para lavarme la cara. Fue el comienzo de una pena casi patológica.

Dios se apiade de los pelados…y de las mujeres con pocas cejas.

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