“La voz de Hind Rajab”: Una niña al teléfono
Túnez, Francia 2025
Directora: Kaouther Ben Hania
Protagonistas: Motaz Malhees, Saja Kilani, Amer Hlejel, Clara Khoury
En Netflix
Un centro de llamadas para atender emergencias recibe el pedido de auxilio de una niña escondida en un auto en medio de una balacera. Y esta breve síntesis del argumento de una película lleva a pensar en un thriller policial donde la tensión queda puesta en cómo se resolverá hasta llegar a un final feliz.
Pero el contexto es otro: Medio Oriente, año 2024, la Franja de Gaza, en medio del asedio de las fuerzas armadas israelíes por los territorios palestinos para eliminar al movimiento Hamas. Y el centro de llamadas es la organización Media Luna Roja Palestina, que atiende y coordina operaciones de rescate que no siempre han salido bien. Por eso las fotos en los vidrios de las oficinas que recuerdan a quienes cayeron en el camino por balas cruzadas, bombardeos o tal vez hasta una orden. Quién sabe.
Y por eso también la resistencia de Mahdi, supervisor del equipo que atiende las llamadas, a saltarse protocolos porque sabe que, si bien la luz verde a un operativo no asegura nada, el no tenerla aumenta la posibilidad de la culpa si todo sale mal. Pero tiene enfrente a un subalterno, Omar, a quien no le importan los protocolos ni quién manda; solo sabe que tiene en la línea telefónica a una niña palestina de 6 años atrapada al interior de un auto en una zona que ha sido atacada por fuerzas israelíes, rodeada de gente muerta que no le habla y de uno o más tanques que podrían ser algo peor que los monstruos que alguna vez se imaginó.
Y “La voz de Hind Rajab” narra, en un espacio cerrado que no sale de las apretadas oficinas, la terraza y un baño, la desesperación e impotencia por un tiempo que, a medida que avanza, diluye la esperanza, entre llamadas a autoridades que tal vez sí, tal vez no, se encuentran en la misma posición temerosa del supervisor Mahdi, mientras su equipo se desespera, una psicóloga contiene y, si fuera el capitán de un barco, estaría ad portas de un motín.
Entonces, la directora tunecina Kaouther Ben Hania filma desde varios puntos de vista, con una cámara movediza que se acerca a los rostros y, en ocasiones, los recorta, resalta sus facciones árabes y los diálogos entre ellos carecen de retórica porque se levantan la voz, luchan en ese breve espacio burocrático por mantener o lograr poder, y el único tono calmado es hacia la niña al otro lado de la línea, donde sobran las buenas y dulces palabras que, en definitiva, mienten y ocultan la inseguridad de que todo vaya a salir bien.
Y lo peor, pero a su vez, de forma paradójica y contradictoria, lo mejor, es que la película está inspirada en un hecho real y eso al cine lo vuelve poderoso porque, sea fiel o no a cómo fueron en verdad las cosas, toma posición y tiene el privilegio de la última palabra. A esto se suma que los audios de Hind, si se escuchan en su versión original árabe, son los reales y, aun doblados en otro idioma, no pierden su intensidad porque captan y reflejan, sin mostrarla de manera explícita, la violencia estremecedora, tanto psicológica como física, de la guerra.
Y lo hace mezclando ficción con documental, actuación con el audio real de Hind -en un momento, la cámara de un celular muestra imágenes de archivo de los protagonistas reales, fingiendo que graba en presente la situación-, en una complicidad más que conspirativa y que solo se había visto en “17.15 Tren a París” (2018), del legendario cineasta norteamericano Clint Eastwood, sobre tres amigos que, “turisteando” por Europa, repelen un atentado terrorista a bordo de un tren y donde la genialidad es que la historia realmente ocurrió, la interpretan los propios protagonistas y las imágenes documentales se confunden y visten con el ropaje de la ficción.
Y en el caso de “La voz de Hind Rajab”, es el audio de esta niña que va entendiendo, más de lo que debiera, sobre cómo es la guerra y donde apenas se verá una foto de ella, porque su rostro fílmico será un espectrograma que traduce, como un respirador artificial, la desesperación y soledad en medio del caos a través de un montaje con ritmo aparentemente clásico, pero de forma precisa y efectiva para dar a entender lo que puede ser el terror en su versión más real.
Si “20 días en Mariúpol” (2023), el documental ganador del Oscar sobre la invasión rusa a Ucrania, describe la cabalgata apocalíptica de la guerra sobre la población civil, “La voz de Hind Rajab” la expresa a través de la impotencia de un equipo de colegas que, a veces, no saben para quién trabajan y, sobre ellos, el audio de esta niña de 6 años que es, a su vez, la voz del cine que nos advierte y hace recordar que, aunque demos vuelta la cabeza, algo está ocurriendo allá afuera.




