Algunas ciudades chilenas y sus canciones (primera parte)
Las ciudades tienen símbolos, distintos y variados hitos característicos que las identifican y tienen canciones populares que nacen de la inspiración de músicos y poetas y que los habitantes de esas y otras ciudades cantan y transforman en verdaderos himnos de hecho. Canciones que se conocen por las radios, se tocan en las fiestas y compiten de igual a igual en ventas y popularidad con los éxitos de cada época. Si pensamos en algunas famosas capitales del mundo, no es lo mismo preguntar quiénes conocen los himnos oficiales de Nueva York, Venecia o París que consultar quiénes han escuchado a Frank Sinatra interpretar “New York, New York”, a Charles Aznavour hacer lo propio con “Venecia sin ti” o se han deleitado con “Bajo los cielos de París” en la voz de Edith Piaf (“El Gorrión de París”). Hay ciudades que tienen más de una canción; es el caso del mismo París, por ejemplo, o de Buenos Aires, que va del femenino al masculino: “Mi Buenos Aires querido”, de Gardel y Le Pera, luego de siete décadas se transforma en “La ciudad de la furia”, de Gustavo Cerati con Soda Stereo.
Son esas composiciones que, al oír sus primeros acordes, nos hacen viajar, nos evocan colores, aromas y formas de ciudades que incluso jamás hemos visitado ¡y qué decir si hubiéramos transitado sus calles en algún instante de nuestras vidas!
A eso nos referimos, no al himno “oficial” que se establece por decreto, aun cuando hay honrosas excepciones en que ambos coinciden, como lo es el himno de Punta Arenas en versión cumbia. Tampoco aludimos a obras integrales: piezas sinfónicas, suites o cantatas, a menos que una canción que forme parte de estas adquiera vuelo propio.
Estas canciones, por lo general, no están dirigidas expresamente a la ciudad; van asociadas a historias de amor, con la ciudad como telón de fondo, como espacio narrativo. “Puerto Montt”, de Los Iracundos, tenía como título inicial “Por tu amor” y un hecho fortuito la convirtió en el himno de nuestra sureña localidad –monumento incluido a orillas del mar– y, de paso, fue el mayor éxito de Los Iracundos a lo largo de toda su carrera.
Entrando en materia en cuanto a nuestro país, empecemos con Valparaíso, denominado el “Puerto Principal”, precisamente por uno de sus himnos populares. Un breve recorrido de la memoria nos permite afirmar que no hay ciudad chilena a la que se le hayan dedicado más canciones que a Valparaíso. El más famoso de estos homenajes es “La joya del Pacífico”, un vals peruano que la historia más socorrida señala que fue compuesto por Víctor Manuel Acosta y Lázaro Salgado y grabado por el primero en 1942. La composición ha tenido numerosos registros, entre ellos el del porteño Jorge Farías en 1966 y el de Joe Vasconcellos en 2006, en ritmo de samba, con batucada incluida. Sin embargo, quien realmente la inmortalizó fue el cantante peruano avecindado en Chile Lucho Barrios, quien la grabó en 1970 para el sello Odeón.
El vals individualiza a Valparaíso, lo hace único: “Eres un arcoíris de múltiples colores / Tu Valparaíso, puerto principal…” y el cantor declara su amor incondicional al puerto: “…yo sin ti no vivo, puerto de mi amor”. La voz lírica vuelve a la infancia: “En mis primeros años yo quise descubrir / La historia de tus cerros jugando al volantín…” y luego da cuenta de la vida porteña: “La plaza de la Victoria es un centro social / ¡Oh! avenida Pedro Montt, como tú no hay otra igual…”. Los recorridos por los cerros se cruzan con el amor desgarrado por la mujer porteña: “Del cerro Los Placeres yo me pasé al Barón / Me vine al cordillera en busca de tu amor / Te fuiste al cerro Alegre y yo siempre detrás / Porteña buena moza no me hagas sufrir más” (y de que son buenas mozas las porteñas lo son, en especial, cuando visten la camiseta del Wanderers).
Continuará…




