Liceos Bicentenarios como motor de equidad y movilidad social
El debate sobre la calidad de la educación pública en nuestro país suele entramparse en diagnósticos desalentadores o reformas de lento impacto. Sin embargo, existe una política pública nacida en 2010, bajo el gobierno del Presidente Sebastián Piñera, que ha demostrado con creces aportar en tal sentido y ser un instrumento de equidad: los Liceos Bicentenarios.
Concebidos como una red de establecimientos de excelencia, este modelo se sustenta en pilares fundamentales como el esfuerzo personal, la rigurosidad académica y el establecimiento de altas expectativas para sus estudiantes.
En la Región de Magallanes, donde hoy funcionan ocho de estos liceos, la experiencia práctica ha evidenciado el enorme valor de inyectar recursos económicos acompañados de entusiasmo, energía y responsabilidad en la gestión pedagógica.
El verdadero valor de los Liceos Bicentenarios radica en su capacidad para actuar como una herramienta de justicia social, permitiendo que alumnos de los sectores socioeconómicos menos favorecidos accedan a una formación de estándar superior. Tal como ha destacado recientemente la directora de la Fundación Piñera Morel, Magdalena Piñera Echeñique, la aspiración de las familias vulnerables por matricular a sus hijos en estos establecimientos es profunda y significativa.
Para un apoderado de escasos recursos, lograr que su hijo ingrese a un Liceo Bicentenario no es un trámite cualquiera. Representa un auténtico triunfo familiar, fundado en la convicción de que allí las cosas se hacen de una mejor manera. Esta confianza no es un voluntarismo. Se traduce en que dichos planteles exhiben sistemáticamente destacados resultados en las mediciones estandarizadas, gracias a equipos directivos proactivos, una mayor iniciativa y una sólida vinculación con sus comunidades.
Tras el fallecimiento del exmandatario, sus fundaciones han decidido focalizar sus esfuerzos precisamente en brindar acompañamiento y asesoría técnica a los Liceos Bicentenarios, reconociendo que a menudo estos establecimientos se enfrentan a la soledad en su quehacer diario.
La labor de potenciar el trabajo de los docentes y fortalecer el liderazgo escolar adquiere un sentido de deber ético hacia las familias que depositan allí sus esperanzas de movilidad social. Proteger, potenciar y expandir la red de Liceos Bicentenarios debe alzarse como una prioridad de la sociedad civil y el Estado.
Garantizar que el talento y el esfuerzo de un joven, sin importar su origen socioeconómico, encuentren un espacio de rigor y altas expectativas para florecer es el único camino sostenible hacia la equidad real en nuestro país.




