Inia Magallanes presenta avances en restauración de pastizales patagónicos en Congreso Sudamericano
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Investigación desarrollada por el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Inia Kampenaike) y financiada por Enap Magallanes aporta nuevos antecedentes sobre la recuperación de la vegetación y la protección del suelo en áreas intervenidas de la Estepa Patagónica.
El trabajo que el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Inia) desarrolla en materia de restauración ecológica y recuperación de los pastizales patagónicos fue presentado en el I Congreso Científico Sudamericano de Sabanas y Pastizales 2026 en Asunción, Paraguay.
En la instancia, el investigador de Inia Kampenaike, Erwin Domínguez, presentó el trabajo “Las zonas nodrizas aceleran la recuperación estructural, pero promueven trayectorias florísticas divergentes en pastizales fríos y áridos de la Patagonia”, investigación que analiza la respuesta de la vegetación en zonas nodrizas establecidas en áreas intervenidas de la Estepa de Magallanes (Figura 1).
Proteger el suelo: un primer paso fundamental para recuperar el pastizal nativo
Las zonas nodrizas corresponden a una estrategia orientada a conservar el horizonte orgánico superficial proveniente de sectores intervenidos, evitando que este recurso sea mezclado o perdido durante las obras. Esta capa superficial del suelo concentra minerales, nutrientes, materia orgánica, microorganismos, semillas y otros propágulos fundamentales para favorecer posteriormente el restablecimiento de la cubierta vegetal (Figura 2).
Su conservación adquiere especial relevancia en la Estepa Patagónica, donde las bajas precipitaciones, los vientos fuertes y persistentes y las bajas temperaturas generan condiciones restrictivas para el desarrollo de la vegetación y hacen que la recuperación natural de los sectores intervenidos sea lenta.
En este contexto, recuperar rápidamente una cubierta vegetal no constituye solo un resultado visual. La vegetación cumple una función esencial en la protección del suelo, al disminuir su exposición directa al viento y al impacto de las precipitaciones, contribuyendo a reducir el desprendimiento y transporte de partículas por erosión eólica e hídrica.
Esta función resulta particularmente importante en áreas recientemente intervenidas, donde el suelo desnudo queda más expuesto a la pérdida de sus fracciones superficiales. Por ello, conservar el suelo orgánico y favorecer su rápida revegetación constituye una primera barrera para evitar el proceso de degradación (pérdida de suelo).
Recuperar cobertura
es el primer paso para
recuperar completamente
el ecosistema
Uno de los principales resultados presentados en el Congreso muestra que las zonas nodrizas pueden alcanzar niveles de cobertura vegetal comparables con los observados en cinco pastizales de referencia. En el estudio, la cobertura alcanzó aproximadamente 69,3% en las cinco zonas nodrizas y 69,6% en los sitios de referencia, sin diferencias estadísticamente significativas entre ambos ambientes. Este resultado representa un avance importante desde el punto de vista de la estabilización y protección de la superficie del suelo, al registrarse la presencia de fauna silvestre como guanacos, caiquenes, roedores fasoriales y zorros. Son los primeros registros de presencia y utilización de este tipo de ambiente. ¿Por qué son importantes estos registros? Primero, porque la fauna es un indicador de la calidad del hábitat; y segundo, las interacciones impulsan procesos ecológicos clave como la dispersión de semillas y de nutrientes (Figura 2).
El estudio también demuestra que una cobertura similar no necesariamente significa que el ecosistema se haya recuperado completamente. Al analizar con mayor detalle la composición de la vegetación se observaron diferencias importantes en biodiversidad. Mientras los sitios de referencia registraron 55 especies, en las zonas nodrizas se identificaron 38 especies. Los análisis multivariados mostraron, además, una clara diferenciación florística entre ambos ambientes.
Estos antecedentes indican que las zonas nodrizas están cumpliendo una función relevante al favorecer la recuperación de la cubierta vegetal y contribuir a la protección del suelo frente a la erosión. No obstante, las comunidades vegetales que se desarrollan en ellas siguen trayectorias florísticas diferentes respecto de los pastizales naturales utilizados como referencia. Según Domínguez lo que está faltando es tiempo, este monitoreo fue realizado después de tres años de la intervención, “seguramente es poco tiempo el transcurrido para que se restituya la composición original, paro va hacia ese camino”, afirmó.
Para Erwin Domínguez, estos resultados refuerzan la necesidad de avanzar hacia una evaluación más integral de los procesos de restauración: “La restauración debe entenderse como una trayectoria y no como una fotografía. Proteger el suelo es fundamental junto con recuperar la cobertura vegetal, porque permite comenzar a proteger nuevamente el suelo frente a la erosión”.
Investigación desde Magallanes con proyección sudamericana
La presentación realizada en Asunción durante el congreso celebrado entre el 1 y el 2 de septiembre pasado permitió compartir la experiencia desarrollada en Magallanes con investigadores y especialistas dedicados al estudio, conservación, manejo y restauración de sabanas y pastizales de diferentes países de Sudamérica.
Para Inia, este trabajo contribuye a generar conocimiento científico aplicable a la recuperación de ecosistemas afectados por actividades productivas y, al mismo tiempo, plantea la necesidad de ampliar los criterios utilizados para evaluar el éxito de la restauración ecológica en el futuro.
“En ecosistemas como la Estepa Patagónica, donde la formación del suelo y la recuperación de la vegetación son procesos lentos, proteger el suelo existente debe ser una prioridad. Evitar su pérdida por erosión eólica e hídrica, conservar el horizonte orgánico y favorecer el restablecimiento de una cubierta vegetal son pasos esenciales para sostener procesos posteriores de recuperación de la biodiversidad y del funcionamiento ecológico del pastizal”, señaló Domínguez.
El estudio presentado en el I Congreso Científico Sudamericano de Sabanas y Pastizales 2026 fue financiado por Enap Magallanes, en el marco de un contrato suscrito con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Inia). Esta colaboración ha permitido generar información científica sobre la respuesta de la vegetación y aportar antecedentes técnicos para avanzar en estrategias de conservación del suelo, restauración ecológica y recuperación de los pastizales de la Estepa de Magallanes.
Año Internacional de los Pastizales y los Pastores 2026.
Este encuentro reconoce el valor de los pastizales y de las comunidades que los gestionan, cuyo conocimiento y trabajo contribuyen a conservar la biodiversidad, sostener la producción ganadera y fortalecer la seguridad alimentaria. Proteger estos ecosistemas es esencial para asegurar alimentos, medios de vida y territorios resilientes frente al cambio climático.









