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Comercio austral bajo presión política

Por La Prensa Austral Martes 29 de Septiembre del 2026

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La llegada a Punta Arenas de la mayor misión comercial enviada hasta ahora desde las islas Falkland/Malvinas, integrada por cerca de 40 representantes públicos y privados, debiera ser observada antes que nada desde una perspectiva regional. Durante dos jornadas, empresarios de ambos territorios están buscando acuerdos en áreas tan diversas como construcción, alimentos, servicios portuarios, agricultura, pesca, hotelería y transporte. A ello se suma la posibilidad de restablecer, desde noviembre, una conexión marítima directa entre Punta Arenas y Stanley, una ruta que funcionó durante décadas y que permitiría reducir costos y fortalecer un vínculo histórico entre dos comunidades australes.

Sin embargo, el encuentro se desarrolla bajo una tensión política difícil de ignorar. El mismo día en que comenzó la misión comercial, el gobierno de Javier Milei anunció que instruyó a la Cancillería argentina para iniciar el procedimiento de arbitraje previsto en la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar por el proyecto petrolero Sea Lion. Además, instó al Reino Unido a detener las actividades petroleras y advirtió que, de no obtener respuesta, recurrirá al Tribunal Internacional del Derecho del Mar. 

El comunicado argentino abrió además un frente particularmente sensible para Magallanes. Buenos Aires informó que iniciará procedimientos sancionatorios y denuncias penales luego de detectar operaciones de la empresa Thales UK Limited en la ruta aérea Falkland-Punta Arenas, que considera realizadas sin autorización argentina. 

Así, una instancia concebida para acercar empresarios termina inevitablemente atravesada por una disputa de soberanía que Chile conoce bien y frente a la cual mantiene desde hace décadas una posición diplomática definida. Pero una cosa es el respaldo político chileno a la reivindicación argentina y otra distinta es pretender que toda relación económica, logística o humana con las islas deba quedar subordinada a ella.

Punta Arenas posee una historia propia de intercambio con las Falkland. La geografía, la cercanía, los vínculos familiares, los servicios marítimos y aéreos y las necesidades complementarias de ambas economías explican una relación que precede largamente a las actuales controversias. El comercio entre privados no resuelve ni altera por sí mismo una disputa de soberanía. Tampoco debería transformarse automáticamente en una declaración política.

La preocupación surge cuando las advertencias de sanciones comienzan a proyectarse sobre empresas chilenas o sobre servicios que conectan Punta Arenas con las islas. Ese escenario exige especial prudencia diplomática, pero también claridad jurídica. Los empresarios necesitan saber bajo qué reglas podrán operar y cuáles son los riesgos efectivos de participar en estas relaciones comerciales. Las amenazas generales o ambiguas sólo contribuyen a introducir incertidumbre donde debería haber certezas.

La misión que hoy se desarrolla en Punta Arenas muestra, precisamente, que existe un espacio para la cooperación económica austral. Cerca de 80 empresas chilenas y de las islas participan del encuentro y una naviera chilena proyecta recuperar una ruta marítima que desapareció hace más de dos décadas. Son hechos concretos que responden a necesidades también concretas.

En momentos en que el escenario internacional se vuelve más áspero y las disputas territoriales recuperan protagonismo, la región austral necesita evitar que cada intercambio comercial termine convertido en un episodio de confrontación geopolítica.

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