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Magallanes al límite: 14 años de promesas, obras inconclusas y la peligrosa costumbre de llegar tarde

Por Simon Stipetic Velasco Martes 6 de Octubre del 2026

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Desde la catástrofe de marzo de 2012, cuando el río Las Minas desbordó y dejó cicatrices imborrables en Punta Arenas, la promesa recurrente de las autoridades ha sido clara: prevención, mitigación y obras definitivas. Sin embargo, han pasado los años -catorce en total- y la realidad demuestra que la desidia estatal sigue intacta. Las obras de mitigación jamás se terminaron por completo: todavía falta la esperada segunda parte, lo mismo que intervenciones críticas como el puente O’Higgins y la urgente necesidad de generar una barrera permeable en la Costanera. Lo vivido en los últimos días, con un cauce al borde del colapso, no es una “sorpresa climática”; es la cruda evidencia de un abandono institucional crónico.

La reacción de los organismos llamados a protegernos volvió a ser tardía, deficiente y carente de toda anticipación. ¿Dónde estaba la prevención? El primer Cogrid sólo vino a convocarse a las 18,30 horas del viernes, cuando el caudal estaba prácticamente en su punto más alto. Para colmo, la ausencia de la máxima autoridad regional de Senapred en los momentos más críticos evidenció un vacío de liderazgo inaceptable.

Y si la gestión de emergencia fue improvisada, las explicaciones técnicas posteriores insultan la inteligencia de la comunidad. Sernageomin se atrevió a dictaminar livianamente que “no hubo inestabilidad de laderas”. Ante semejante declaración, la pregunta cae por su propio peso: ¿cómo explican los técnicos la inmensa cantidad de material como carbón y troncos depositada en la costanera, desde el norte hasta el sur de Punta Arenas? ¿Acaso ese material bajó por generación espontánea y no producto del arrastre masivo y la erosión de la parte alta de la cuenca? Negar la evidencia que recorre toda la ciudad demuestra una desconexión alarmante con la realidad del territorio.

Mientras tanto, en materia vial seguimos coleccionando papelones: acumulamos problemas persistentes en el sector del puente Chabunco y nos encontramos con casos tan impresentables como el del Puente Rubens, una obra que costó más de 25 millones de dólares sólo para evitar una curva, mientras las verdaderas urgencias de conectividad y mitigación regional siguen esperando financiamiento y seriedad técnica.

Mientras la angustia se tomaba los sectores vulnerables y los vecinos intentaban organizarse por sus propios medios para proteger sus hogares, el despliegue de las autoridades pareció más enfocado en el protocolo que en la solución. Las imágenes de las comitivas posando sonrientes junto a los helicópteros para el monitoreo aéreo dejan una pregunta flotando cargada de amargura: de todas las personas que aparecen en esa fotografía oficial, ¿cuántas cuentan realmente con estudios, especialidad o competencias técnicas en gestión de desastres e hidrología? O terminan transformándose en figuras políticas buscando pantalla mientras la verdadera planificación técnica brilla por su ausencia.

Han pasado catorce largos años desde el 2012. Catorce años de presupuestos, discursos y maquetas que no protegen como corresponde a la región. Magallanes no puede seguir soportando una gestión de riesgos ciega, burocrática y reactiva. Las condiciones extremas de la Patagonia no son una novedad; lo verdaderamente inaceptable es que la respuesta del Estado siga dependiendo de la improvisación de última hora. La seguridad de los magallánicos exige rigor técnico, obras terminadas y autoridades que estén a la altura de la emergencia, no cuando el agua ya nos llega al cuello.

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