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Médicos reconocieron que la sostenibilidad del plan depende de renovar el instrumental y la máquina de circulación extracorpórea

Con The Police y Kiss de fondo, el recorrido por dentro del pabellón donde se han salvado 101 corazones

Domingo 18 de Octubre del 2026

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  • Desde su reactivación en agosto de 2024, el programa de cardiocirugía ha
    permitido que más pacientes sean operados en Punta Arenas.

 

Lucas Ulloa Intveen
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Son las 9 de la mañana del 7 de octubre y el paciente 101 ya duerme sobre la mesa del pabellón del Hospital Clínico de Magallanes. Pasarán más de siete horas antes de que salga de ahí con tres puentes nuevos en el corazón.

A su alrededor trabaja el equipo completo de cardiocirugía. El cardiocirujano Carlos Ramírez guía la operación, con el cirujano Ignacio Iñíguez, jefe de Urgencia, como ayudante. El anestesiólogo cardiovascular y jefe de pabellón, Paulo Carrasco, y el anestesiólogo Gonzalo Campos vigilan cada función vital. Los perfusionistas Christian Fajardo, Francisca Sellman y Macarena Yáñez, entre otros, manejan la máquina que reemplazará al corazón y los pulmones. Completan el equipo la enfermera de pabellón Valeria Igarzabal; las instrumentistas quirúrgicas y pabelloneras Nadia Chiguay, Yuliana Álvarez y Daniela Meneses, y el auxiliar de apoyo Danilo Muñoz.

El paciente es un hombre que podía operarse en Santiago, pero pidió hacerlo en Punta Arenas, cuenta Ramírez. Su caso, como los cien anteriores, se discutió en la reunión que convoca a cirujanos, cardiólogos y hemodinamistas. “Decidimos la mejor opción para cada paciente”, explica. “Este lo discutimos dos veces en la reunión”, agrega, debido a diferencias técnicas relacionadas con sus arterias coronarias.

El corazón por dentro

Antes del primer corte, Carrasco ya está mirando el corazón. Un ecógrafo introducido por el esófago muestra en una pantalla las cuatro cavidades. “Este es el ventrículo izquierdo, que es la gran bomba del corazón. Y esto es puro músculo que se está contrayendo”, explica. Si una de sus paredes no se moviera, sabría qué arteria está dañada. Otras pantallas siguen la presión arterial, los pulmones y el cerebro, y cada cierto rato se mide la coagulación. “Tenemos todos los sistemas vigilados”, advierte.

Para realizar el bypass, el doctor Iñíguez extrae una vena de la pierna mediante pequeños cortes de bisturí, con la que se harán dos de los tres puentes. “Esto es igual que el bypass de un camino, cuando lo están arreglando y le hacen un caminito por el lado”, dice Iñíguez. El puente nace antes de la obstrucción y desemboca más allá, donde la arteria está sana. La parte enferma no se saca: se salta.

Cardioplejia

Para coser los puentes, el corazón debe quedarse quieto. Detrás del cardiocirujano Ramírez está la máquina de circulación extracorpórea. “Es un corazón y pulmón artificial”, resume el profesional. Desde ella se administra una solución con alta concentración de potasio que detiene el corazón. Las órdenes se dicen en voz alta y se repiten: “Cardioplejia por raíz, por favor”. “Pasando cardioplejia por raíz”.

La máquina tiene un costo. “Tener a este paciente conectado a una máquina genera una respuesta inflamatoria en todo el cuerpo que, con las horas posteriores a la cirugía, pasa la cuenta”, advierte Ramírez. Por eso, cuando basta un solo puente, el equipo ha operado a algunos pacientes con el corazón latiendo, con un dispositivo que fija la zona “como con una especie de chupón”, explica el jefe de pabellón, Paulo Carrasco.

“Esta cirugía es la más estudiada de toda la cirugía a nivel mundial”, indica Ramírez. En ciertos pacientes —diabéticos, jóvenes o con varias arterias tapadas— ha mostrado mejores resultados en sobrevida a largo plazo y calidad de vida.

Rock y Favaloro

Las horas largas tienen su propia banda sonora. Paulo Carrasco pone la música, principalmente rock, y entre indicaciones los médicos recuerdan conciertos: la primera presentación de Roxette en Chile, en Santiago, en 1992, o la travesía de Iñíguez para ver a Led Zeppelin.

Iñíguez, gran conocedor de la historia, también repasa la de su especialidad. La cirugía cardíaca existe desde comienzos del siglo XX y la máquina de circulación extracorpórea llegó en los años 60. Pero “el que finalmente la ordenó, la sistematizó (…) es un argentino que se llama René Favaloro”.

El relato se interrumpe: “¿Tijeras?”. “Pinza”. Y sigue. Favaloro, que había sido médico rural en La Pampa, realizó en 1967, en la Cleveland Clinic de Estados Unidos, los primeros bypass con vena safena. “Él ordenó los pasos”, cuenta Iñíguez, y después de él “nadie en el mundo ha hecho algo distinto”. En algún momento bromea con el equipo: “A ustedes no les gusta la historia”.

Recuerda la conciencia social de Favaloro y sus choques con la política. El cirujano argentino se quitó la vida en 2000, en medio de la crisis económica de su fundación.

Material quirúrgico en
“subóptimas condiciones”

En pleno procedimiento, una pinza no responde bien en manos del cirujano. Pide otra. No pasa a mayores, pero el detalle abre una conversación que el equipo quiere sacar del pabellón: la falta de instrumental adecuado para una cirugía tan delicada.

La crítica la plantean Carlos Ramírez e José Iñíguez, con el respaldo del resto del equipo. “Si nosotros no conseguimos mejorar nuestro material, vamos a tener que dejar de operar, y el riesgo va a ser muy alto para los pacientes”, se escucha en el pabellón. Cada cirugía desgasta un poco más el instrumental y hoy, dicen, operan “en subóptimas condiciones”. El apoyo del Consejo Regional ha sido fundamental, reconocen, pero piden que las solicitudes no tarden dos años en resolverse.

El próximo desafío es mayor: renovar la máquina de circulación extracorpórea, de la que dependen casi todas las operaciones. Para eso, afirman, el apoyo del Gobierno Regional es indispensable.

101 cirugías

En Magallanes se opera el corazón desde 2005, al principio con rondas de equipos que viajaban desde Santiago. “Dependíamos absolutamente de tener un segundo cirujano, a veces un tercer cirujano y perfusionista”, recuerda Iñíguez. Se operaba por rachas de cuatro a seis pacientes y “el sistema se estresaba mucho”. Tras el estallido social y la pandemia, que volcó al hospital hacia las emergencias, el programa quedó en pausa.

Se reactivó en agosto de 2024, con la llegada del cirujano Ramírez. Desde entonces se han operado 101 pacientes, unos 50 por año, y la meta es llegar a 75, según Iñíguez. La mayoría sale despierta del pabellón y el equipo aplica una política de ahorro de sangre. El 26 de octubre se sumará el cirujano cardiovascular Juan Pablo Retamal.

Para Iñíguez, la cirugía cardíaca funciona como una chimenea para el hospital. “Tira todo para arriba”: obliga a mejorar la farmacia, el laboratorio, el banco de sangre y la formación del personal de la UCI. El hito, dice, “no es más que un número bonito que produce el trabajo institucional”. Lo importante está en el fondo.

Ramírez lo mide en personas. Durante años, la respuesta del sistema fue “deriva, deriva, deriva”, y los pacientes, con una edad promedio cercana a los 64 años, debían enfrentar la operación en una ciudad donde muchos no conocían a nadie.

Con los puentes listos, se retira la pinza de la aorta, la sangre vuelve a entrar y el corazón empieza a latir solo. Siguiendo con las analogías de los médicos, esto simboliza el aterrizaje del vuelo que es la cirugía. El equipo se prepara y el cardiograma comienza a mostrar los primeros signos vitales. Entrada la primera hora de la tarde, el paciente 101 deja el pabellón.

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