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Nos recortan el presupuesto del gas, nos suben la luz y la crisis la pagas tú

Por La Prensa Austral Domingo 18 de Octubre del 2026

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Sergio Reyes Tapia.
Exseremi de Bienes Nacionales de Magallanes y de
la Antártica Chilena

 

 

Hay que reconocerle al gobierno de José Antonio Kast, un talento casi artístico para la magia presupuestaria. Es realmente conmovedor escuchar a las autoridades regionales explicarnos, con esa paciencia didáctica tan propia de las oficinas de Santiago, que los magallánicos debemos dormir en paz porque nuestra tarifa residencial del gas está blindada por un decreto. Según esta lógica celestial, que el Estado le mutile de golpe casi once mil millones de pesos al subsidio que sostiene el sistema, es un detalle irrelevante, una simple corrección de sobreestimaciones lograda por la maravillosa ciencia de la eficiencia gubernamental. El truco es perfecto: nos dicen que el precio en nuestras casas no subirá porque el costo de este tijeretazo lo pagará Enap, no nosotros. ¡Fascinante! Ahora, nos quieren hacer creer que la empresa que nos da identidad es un gigante alienígena con una billetera infinita.

Y para calmar los ánimos en el Congreso, los magos del presupuesto sacan bajo la manga su último argumento de defensa: un supuesto fondo de contingencia del cinco por ciento, equivalente a unos tres mil millones de pesos, diseñado para enfrentar imprevistos climáticos u operativos de Enap. Presentar esa cifra como un salvavidas es, además de una burla, una peligrosa muestra de ignorancia sobre nuestra realidad austral. Quien habita Magallanes sabe perfectamente que la naturaleza no responde a los promedios lineales de una oficina climatizada en Santiago. Un solo invierno histórico, una racha de temporales extremos que congele las líneas de flujo, o una complicación geológica imprevista en la perforación de pozos, se consume ese mezquino colchón del cinco por ciento en cuestión de semanas.

Mientras tanto, el gobierno celebra con bombos y platillos en la televisión que trece regiones del país tendrán una histórica rebaja en la electricidad. Pero, la Región de Magallanes ha sido castigada con una excepción inaceptable: sufriremos, para empezar, un alza directa del 2,4% en nuestras boletas de la luz. ¡Esto es un cortocircuito moral insostenible!

Ante ese aumento de los precios de la luz, el gobierno nos exige mansedumbre apelando a una tarifa de gas congelada, una por otra diría el seremi de energía, pero sus propias planillas demuestran que encender la luz en el extremo sur será más caro que en el resto de Chile. Nos están cobrando el costo de habitar la frontera, castigando la misma conectividad y el transporte de una zona que sobrevive por pura dignidad.

La puesta en escena se vuelve una comedia de humor negro cuando miramos el comportamiento real del Ministerio de Hacienda. Con una mano, el gobierno central le quita a Enap el setenta por ciento de sus utilidades históricas para gastárselas en el confort de la Región Metropolitana, y con la otra, le recorta el fondo operativo en Magallanes exigiéndole que extraiga gas a precio de liquidación en yacimientos cada vez más viejos, profundos y esquivos, y de paso le dicen al Gobierno Regional sobre su presupuesto: vengan esos 10 mil millones para adentro.

Creer que este golpe financiero combinado entre el gas y la electricidad no lo paga el ciudadano común es tener una fe ciega en los milagros económicos del gobierno de Kast. Cada peso que el Estado le quita a la estatal para cuadrar el balance de un ministerio en Santiago es un pozo que no se perfora, un puesto de trabajo local que peligra y un freno absoluto para otros proyectos.

La comunidad entera debe despertar de esta hipnosis presupuestaria y ponerse de pie con urgencia; porque cuando las autoridades insisten en que desangrar a Enap es un acto de alta eficiencia técnica, mientras las tarifas reales de la luz comienzan a subir en nuestra cara, y los fondos de emergencia son un chiste, lo que en realidad nos están congelando no es la tarifa, sino el sentido común.

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