Otra locura: ¡la pena de muerte como espectáculo!
La realidad siempre nos sorprende, y cuando piensas que ya lo has visto todo, te equivocas; aun te queda mucho por ver. Algo así sucede con el anuncio del gobierno de U.S.A. de ejecutar públicamente -y con transmisión en directo- a un ex oficial, el mayor Nidal Malik Hassan, un siquiatra del ejército estadounidense que fue condenado a muerte por matar a 13 personas y herir a otras 32 en un cuartel en Texas, en el 2009. En este anuncio confluyen dos hechos que vale la pena reflexionar: el sentido y valoración de la pena de muerte, y el terrorífico anuncio de su transmisión en directo.
Pero, antes de ver el tema de la pena de muerte, no hay que perder de vista el contexto del hecho, que no es otro que el de las acciones matonescas de Trump, que pretendiendo ser el amo del mundo trae al recuerdo a los más decadentes sátrapas de la historia. Es complejo que en estos tiempos violentos pocos alcen con fuerza la voz ante las bravuconadas y aventuras guerreras de Trump; quizás algunos ya se cansaron y piensan que es inútil, quizás otros se rindieron al temor de sufrir la cólera del pretendido amo del mundo, o quizás otros están de acuerdo con las locuras de Trump. Uno de los que denunció con fuerza la insensatez de la guerra contra Irán fue el Papa León, y Trump le lanzó una iracunda y descalificadora diatriba. El Papa León respondió: “No quiero entrar en debate con él […], no le tengo miedo”.
Ahora, ante el anuncio de la ejecución de Hassan, el Papa León reafirmó que la Iglesia Católica rechaza absolutamente la pena de muerte como atentatoria a la dignidad humana, además de no ser ningún elemento disuasorio: “La pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona. El bien común puede protegerse y los requisitos de la justicia pueden salvaguardarse sin recurrir a la pena capital: ya se han desarrollado sistemas penitenciarios eficaces que protegen a los ciudadanos y, al mismo tiempo, no privan por completo a los culpables de la posibilidad de redimirse”.
También el presidente de la Conferencia Episcopal de U.S.A., Paul Coakley señaló: “De ninguna manera pueden justificarse las acciones de Hassan, pero esta decisión supone una promoción bárbara de una cultura de la muerte y debe reconsiderarse”. Dijo que una ejecución pública dañaría aún más el tejido moral de la nación y “será como un óxido en la conciencia de su pueblo”. Por su parte, el obispo Timothy Broglio, responsable de la atención pastoral para los militares estadounidenses, pidió “a los militares católicos asignados al pelotón de fusilamiento que soliciten ser excusados de esta acción contraria a la doctrina de la Iglesia”.
Esto sucede en U.S.A. porque Trump en el 2005 anuló la moratoria sobre las ejecuciones impuesta por su predecesor, Joe Biden, y firmó una orden para restablecer la aplicación de la pena de muerte, describiéndola como “una herramienta esencial para disuadir y castigar a quienes cometen los crímenes más atroces y actos de violencia letal contra ciudadanos estadounidenses”.
Recordemos que mientras en U.S.A. sigue vigente la pena de muerte, en Chile fue abolida por ley en el año 2001, sustituyéndola por presidio perpetuo calificado, que exige 40 años de cárcel para postular a la libertad condicional. En la justicia militar chilena, la pena de muerte sigue vigente sólo para delitos graves cometidos en tiempo de guerra.
Entonces, Trump piensa hacer de este atentado contra la dignidad del ser humano un espectáculo público programado para el 3 de diciembre, en la misma base militar donde Hassan cometió sus crímenes. Asesinatos que cometió diciendo que se había cambiado de bando y defendía a los musulmanes de Afganistán. Además, se trataría de la ejecución pública de un hombre en silla de ruedas, pues en esa condición quedó Hassan luego del tiroteo en que fue capturado.
El Secretario de Defensa de U.S.A., Pete Hegest, señaló: “nos aseguraremos que la gente pueda verlo, que sea público, porque la gente necesita entender que este tipo de cosas tienen graves consecuencias”. Así, el gobierno de U.S.A. se pone al mismo nivel de los talibanes que subían a las redes sociales los videos de las ejecuciones de sus prisioneros. El propósito de transformar esta ejecución indigna en un espectáculo de la cultura de la muerte, que las familias puedan ver cómodamente sentadas frente al televisor, no es otro que establecer el terror como herramienta política y someter por el miedo a personas, instituciones y países. ¡Qué locura y qué absurda la ridícula pataleta del pretendido amo del mundo, Donald Trump, porque no le dieron el Premio Nobel de la Paz!




