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Entrevista póstuma a matrona Ema Osorio: “No sé cuántas  guaguas recibí, no las anoté, pero tienen que ser miles”

Lunes 19 de Octubre del 2026

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Matías Vieira Guevara

 

 

El doctor Matías Vieira Guevara compartió con el suplemento dominical de El Magallanes la conversación que hace seis años sostuviera telefónicamente con la histórica matrona magallánica Ema Osorio Perich (de entonces 98 años), radicada en los últimos 46 años en Santiago, cuyo fallecimiento se produjo el domingo 4 de octubre a la edad de 104 años en Punta Arenas.

A continuación reproducimos el texto:

“Estudié en Santiago del 43 al 45, en la Universidad de Chile, Hospital San Borja, que estaba en Alameda. Eran dos años interna y el tercero externa. Desde el primer año empezamos con práctica. Era muy intensa la práctica en ese tiempo. Yo fui la primera matrona magallánica. Terminé y me volví enseguida a Punta Arenas, y como en el hospital había nada más que dos matronas, la Sra. Clementina Aspinall de Amarales y doña Brisalia Uribe de Alarcón. Como no había puesto para una tercera matrona, yo me puse a trabajar ad honorem. Trabajé todo el año 45 ad honorem. A fines de ese año nombraron un nuevo puesto para matrona, y me llamaron a mí.

Estábamos en el Hospital de Asistencia Social frente a mi casa. Yo cruzaba la calle y podía entrar por la parte en que estaba la Urgencia. Yo vivía en calle Progreso 723 (actual calle Croacia). En el edificio viejo por Magallanes que todavía existe, estaba el laboratorio. La entrada del hospital era por calle Bories.

La Maternidad eran dos piezas grandes y dos piezas chicas. Había una sala de partos que si usted lo mira bien, no era sala de partos. Era una sala de común y corriente, diferente a las salas de partos de hoy en día. También se operaban cesáreas. El problema nuestro era que el médico de la Maternidad en ese tiempo era el doctor Muñoz, y él iba nada más que en la mañana a la Maternidad. Y el resto del tiempo las cesáreas tenía que hacerlas el médico de guardia de turno, que generalmente era el doctor Víctor Fernández Villa, que vivía en la esquina del hospital.

El primer especialista en obstetricia que llegó fue el doctor Manuel Contreras. Cuando llegó dijo que se iba a hacer algo de toda la Maternidad, pero que tenía que ayudarle el médico de guardia, que no siempre estaba dispuesto. Entonces preparó a 3 matronas para que le ayudar a operar cesáreas, fuera de sala o pensionado, nos llamaba a nosotras. A cualquier hora teníamos que estar dispuestas, por turno. El turno era de llamada, en ese tiempo nadie se quedaba en el hospital en la tarde, nada más que en la noche. Había una pieza de la matrona para la noche. En las mañanas iban las matronas al hospital. Yo como vivía al frente siempre estaba dispuesta, además yo tenía recién 23 años, y me gustaba. Prohibí a las auxiliares que ellas atendieran el parto, porque para eso estaba yo al frente del hospital. Fue una época muy bonita.

“Yo estuve en el traslado al hospital de Angamos”

Yo ejercí hasta el año 80. Me jubilé el 79 y en el 80 me vine a Santiago. Yo estuve en el traslado al hospital de Angamos. Fue una cosa muy bonita también. ¡Ese traslado fue lo más lindo del mundo! En ese tiempo quedó de director de reemplazo el doctor Emilio Covacevich. Fue un médico que a mí me ayudó mucho. Yo atendí a toda su familia en ese tiempo, y a sus amistades. Me dio toda la clientela. Me levantó como matrona. Le debo todo lo que fui como matrona.

Reunió a todo el personal. Y, nos dijo: ‘No hay plata para que nos cambiemos al hospital nuevo’. El hospital nuevo estaba construido más o menos tres años antes y no nos podíamos cambiar por falta de plata. ‘Si ustedes cooperan para trasladar las cosas, nos cambiamos’. Para el traslado nos pusieron nada más que los camiones. Todo pintamos los catres, todo el material que había, y lo llevábamos a los camiones, todo el traslado lo hicimos el personal. Fue una cosa muy linda (se emociona). En el hospital de Angamos teníamos rampas, entonces por ahí podíamos subir los catres, no nos costó tanto. Nos trasladamos felices. Un hospital mucho más cómodo, más grande, mucho mejor.

A la entrada del hospital de Angamos había una placa con los nombres de todo el personal que había en ese tiempo en Punta Arenas. No sé cuándo la sacaron, se me ocurre que fue en el tiempo de Pinochet.

Hace 5 años fui a Urgencias del nuevo Hospital Clínico, y yo pensé ‘aquí no me conoce nadie’. Me atendió un doctor y me dijo: ‘¡Señora Ema! ¿Qué está haciendo aquí?’ ‘Y tú ¿quién eres?’ ‘Soy hijo de un militar, tú me trajiste al mundo’. Su mamá trabajaba en el Hospital Regional, era auxiliar en la Maternidad.

También trabajé en el entonces Hospital Naval de calle Sarmiento. En un momento trabajé en el Regional y en el Naval, y atendía a la gente del Ejército. A ellos los atendía en forma particular, yo cobraba por parto. Cuando llegué no había ni sala de parto, yo organicé una salita de partos. Yo estuve ahí un par de años, el director era Sergio Solar. Yo le atendía a su señora también, recibí a su hijo mayor.

No sé cuántas guaguas recibí, no las anoté, pero tienen que ser miles. Para las fiestas de un 18 de septiembre atendí más de 18 enfermas. Y como a las particulares las iba a ver a domicilio, tenía harto trabajo. Para las beneficiarias del hospital, cuando ya estábamos en el hospital de Angamos, habían nombrado a la Chinda Amarales para que fuera a ver a las enfermas.

Después cuando éramos tres matronas en el hospital nos llegó del norte la Aurea González. Ya en el hospital de Angamos, donde teníamos que hacer turnos, después se incorporaron Victoria Soto y Mercedes Jutronic. Una de ellas era matrona del Seguro Social, entonces atendía a las puras enfermas del Seguro. Después llegaron otras matronas, alcancé a conocer a Isabel Soto, que la conocí de alumna.

El año 1952 tuve a mi segundo hijo en el Hospital de Asistencia Social. El 56 tuve a la niña en el Hospital de Angamos.

Yo tengo los nombres de los médicos que estaban en el Hospital de Asistencia Social: Epifanio del Canto, Emilio Covacevich, Marcos Chamorro, Alfonso Robles, Víctor Fernández, Manuel Contreras, Guillermo Stegen, Ezequiel Barroso, Rubén Leiva y Mateo Domic.

Trabajé después con Arcuch, y con otros en el Hospital Regional. Navarro, a quien le recibí sus tres hijos; Amarales, Rodríguez, Alvarez, a la mayoría de los médicos y médicas yo les recibía sus hijos. No sé por qué sería, pero me elegían a mí.

Yo me crié en Palomares (Estancia en Río Verde)”.

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