Las definiciones del Canciller sobre navegación, certidumbre jurídica y proyección antártica
La visita a Punta Arenas del ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, deja definiciones de alta relevancia para la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena en el contexto internacional.
Frente a la apertura de la ruta comercial entre Punta Arenas y las islas Falkland/Malvinas a través del buque de bandera chilena Danstar, el jefe de la diplomacia nacional descartó la adopción de medidas de resguardo extraordinarias, señalando de forma categórica que “la navegación está garantizada por los tratados que hemos firmado”.
Con esta postura, el Estado chileno reafirma que el ejercicio del transporte marítimo y el tránsito libre en las aguas del sur se amparan en marcos jurídicos vigentes y consolidados. Al ser consultado por las aprensiones o la tensión generada con Argentina a raíz del primer zarpe, el canciller recordó la plena vigencia del Tratado de Paz y Amistad de 1984 -instrumento que regula la libre navegación en la zona-, enfatizando que toda actuación debe desarrollarse estrictamente “conforme a las reglas” y confiando en que el diálogo prevalecerá en una relación bilateral cuya vecindad es especialmente estrecha en el territorio magallánico.
Más allá de la contingencia marítima, el motivo principal de la presencia del canciller fue encabezar, en la sede del Instituto Antártico Chileno (Inach), el lanzamiento oficial de la 63ª Expedición Científica Antártica. Esta campaña desplegará a más de 150 científicos en cerca de 50 proyectos de investigación entre noviembre y marzo, e incluirá hitos operativos clave como el uso del nuevo rompehielos Almirante Viel de la Armada en labores científicas durante 17 días, los trabajos en la estación conjunta del glaciar Unión a 1.000 kilómetros del Polo Sur y la modernización de la Base Profesor Julio Escudero en la isla Rey Jorge mediante energías renovables (solar e hidrógeno verde), con apoyo de la Unión Europea y la agencia alemana Giz.
El crecimiento registrado por el Inach -que desde 2004 a la fecha vio aumentar de 12 a 21 los programas antárticos nacionales que utilizan Punta Arenas como plataforma logística, sumados a otros ocho países que lo hacen de manera ocasional- ratifica el rol estratégico que cumple la capital regional. Administrar este flujo creciente hacia el continente blanco constituye un desafío de infraestructura y gestión de gran magnitud para el país.
El respaldo irrestricto al principio de libre navegación garantizado por tratados internacionales y la consolidación de Magallanes como la auténtica puerta de entrada global a la Antártica no son iniciativas aisladas. Forman parte de una misma visión estratégica de Estado.
Como concluyó el propio ministro en el Inach, la meta es asegurar que, cuando cualquier persona en el planeta piense en la Antártida, piense de manera natural e indisociable en Chile y en Punta Arenas.




