Necrológicas

– Alicia Eliana Baglina Kauer

– Raúl Ruiz Miranda

– Felipe Segundo Díaz Hernández

– Gloria Díaz Hernández

– María Patricia Rojas Parada

Autores chilenos que conquistaron la Antártica con su pluma

Domingo 8 de Noviembre del 2026

Compartir esta noticia
17
Visitas

Hace unos días en un céntrico café de Punta Arenas, se presentaron tres publicaciones de autores radicados en Magallanes, sobre distintos aspectos y temáticas polares. Son nuevas obras que vienen a incrementar el patrimonio bibliográfico y literario sobre la Antártica realizado por escritores chilenos.

En aquella ocasión, entre otras cosas, se dijo que estos trabajos venían a llenar un vacío, porque Chile y Magallanes en particular, estaban en deuda con una producción literaria sostenida en el tiempo que tuviera como tema al continente blanco. Se dijo, entre otras aseveraciones, que, aparte de Francisco Coloane y Oscar Barrientos, era difícil encontrar libros de escritores chilenos sobre la Antártica.

Pedimos la palabra para expresar nuestro punto de vista. Sin ánimo de entrar a corregir lo dicho, mostramos nuestro desacuerdo con lo aseverado enumerando una serie de obras y de autores chilenos que escribieron sobre la Antártica. A nuestro entender, siguiendo con la idea esbozada por el diplomático Jaime Laso Jarpa (1926-1969), retomada por el jurista y diplomático Jorge Berguño Barnes (1928-2011), a excepción de la impactante novela “Soledad” del contralmirante de la Armada de los Estados Unidos Richard Byrd, la mayoría de las obras publicadas en el mundo sobre el continente helado en un periodo de medio siglo, comprendido entre 1920-1970 aproximadamente, eran de autores chilenos. 

¿Qué pasó después? Por motivos que ignoramos, varios de esos autores y sus obras escritas sobre la Antártica pasaron al olvido. La desaparición de editoriales importantes, la escasa distribución de los textos y el hecho de que nunca se efectuaron reimpresiones de esos trabajos, fueron algunas de las causas de esta omisión inexcusable. Por el contrario, Jorge Berguño en el prólogo a la segunda edición de su libro “Las 22 vidas de Shackleton” asegura que, desde 1985 en adelante, vino un resurgimiento, una especie de interés mundial por la saga del explorador británico y de pronto, desde esa fecha hasta el 2010 se reeditaron entre otros, los libros, “Shackleton” de Roland Huntford; “James Caird” de Harding Dunnet; biografías sobre el fotógrafo Hurley, el capitán Worsley y el tripulante Crean, además, de los diarios de Dick Richards, de Orde-Lees, y del capitán John King Davies, sin olvidar las varias reimpresiones de “South”, del propio Ernest Shackleton.

En resumen, el esfuerzo editorial realizado desde el viejo mundo para reposicionar la figura de Shackleton y la sobrevivencia de los tripulantes del Endurance, eclipsó incluso, a la personalidad del capitán Robert Falcon Scott y de otros grandes investigadores y científicos que se adentraron en la Antártica mucho antes que Roald Amundsen colocara la bandera noruega en el Polo Sur en diciembre de 1911. En contraste, observamos que la Armada Nacional inició la recuperación de la vida y obra del piloto Luis Pardo Villalón en los meses precedentes a septiembre de 2016, cuando se aprestaba a completarse el primer centenario de la epopeya de la Yelcho, responsables de rescatar a Shackleton con los náufragos del Endurance y transportarlos sanos y salvos a Punta Arenas.

Esto es muy significativo, por cuanto, como aseguraba Jaime Laso en su ensayo “Antártica como tema literario”, era imprescindible subsanar, las escasas páginas que Shackleton dedicaba en “South” al salvataje de sus compañeros aprisionados en los hielos en isla Elefante y la omisión completa del viaje de la Yelcho. Sin embargo, en el tiempo en que el cónsul chileno en Ushuaia proyectaba una gran novela que hiciera justicia histórica y poética al piloto Pardo le sobrevino la muerte y su proyecto quedó inconcluso. Podría aventurarse que con la desaparición de Jaime Laso concluyó una época en que la literatura chilena se conectó con la Antártica a través de la ficción, evento ignorado ciertamente por las nuevas generaciones.

Primeras aproximaciones literarias

La tradición oral nos ha dejado importantes testimonios que hablan de la preocupación de los pueblos originarios sobre lo que los europeos llamaron “Terra Australis Ignota”.

El abogado, diplomático e historiador Mario Barros van Buren (1928-2004) a menudo explicaba, que Hui-Te-rangiora, líder de una comunidad polinésica vio alrededor del 650 a. de C. una tierra mitológica que denominó “La larga nube blanca”. Se contaba también, que Kuanip, el héroe de los selk’nam después de establecer el patriarcado entre su etnia, se dirigió hacia una lejana isla blanca perdida entre las brumas.

En los instantes en que se efectuaban las grandes expediciones científicas europeas al continente blanco, en Punta Arenas fijaba domicilio y base de operaciones la Sociedad Ballenera de Magallanes, (1903-1916) cuyas actividades comerciales de caza de lobos marinos y de ballenas en las islas Shetland del sur, a menudo han servido de antecedente para demostrar la relación histórica de Chile en la Antártica. No en vano el explorador y médico Jean Charcot a cargo de la segunda expedición antártica francesa visitó en 1908 la isla Decepción para aprovisionarse de 30 toneladas de carbón y de víveres, entregados por la compañía magallánica, lo que llevó a Charcot a nombrar una isla en costa Loubet como isla Andresen, en honor al capitán noruego radicado en Punta Arenas Adolf Andresen (1872-1940) pionero en el austro de la caza pelágica. Aunque se han escrito algunos documentos sobre la epopeya de la Sociedad Ballenera de Magallanes y de su principal impulsor, hace falta realizar una investigación detallada acerca de esta legendaria empresa regional y de los numerosos proyectos que Andresen intentó materializar en la zona.

Sin duda que el rescate efectuado por el piloto Pardo de los náufragos del ‘Endurance’ en isla Elefante despertó la curiosidad de varios escritores chilenos por escribir sobre la Antártica. El historiador y divulgador científico Luis Thayer Ojeda (1874-1942) autor entre otros libros de, “Origen de los nombres de las calles de Santiago de Chile” (1904), “El general Francisco de la Lastra” (1905) y “Elementos étnicos que han intervenido en la población de Chile” (1919) publicó en Valparaíso dos obras de ciencia ficción sobre la Antártica que bien valen la pena redescubrir: “En la Atlántida pervertida”, novela en dos tomos editada en 1934 y “En el mundo en ruinas” editada en 1935.

Un poco antes, desde septiembre de 1931, Ramón Cañas Montalva entonces mayor del Ejército de Chile con asiento en Punta Arenas, comenzó a escribir regularmente artículos destinados a despertar en el público chileno el interés en el austro y la Antártica, los que se publicaban en el vespertino El Magallanes y en el diario La Verdad antecesor de La Prensa Austral. La revista Geografía de Chile editó sus ensayos, “Terra Australis” y “Reflexiones geopolíticas sobre el presente y el futuro de América y de Chile”. Su pensamiento influyó en la decisión adoptada por el presidente de la República, doctor Pedro Aguirre Cerda, de fijar los límites del Territorio Chileno Antártico mediante el decreto supremo N°1747, promulgado el 6 de noviembre de 1940.

Epoca dorada

El establecimiento llevado adelante por el gobierno de Chile de bases militares en el continente helado ocasionó un verdadero apogeo de publicaciones sobre la Antártica.

En 1947, el periodista aisenino Oscar Vila Labra recreó en un magnífico libro, que más parece una crónica novelada, los pormenores acerca de la fundación de la Base Soberanía el 6 de febrero de 1947, llamada después capitán Arturo Prat. “Chilenos en la Antártica”, con prólogo de Francisco Coloane, fue el primer fruto literario de la expedición chilena llevada por el transporte Angamos de la Armada Nacional más allá del Círculo Polar Antártico, en un esfuerzo conjunto con la dirección de informaciones y cultura del gobierno de Gabriel González Videla. El texto incluye fotografías del lugar, y los nombres de científicos, ayudantes, médicos, escritores y periodistas, filmadores, miembros de la aviación y de militares, de los jefes, oficiales, suboficiales del Angamos y de la fragata Iquique.

Por otra parte, Francisco Coloane quien, había prolongado en su novela breve “Los conquistadores de la Antártica” (1945), los escarceos juveniles ofrecidos en el “El último grumete de la Baquedano” (1940) va a incorporar a la Antártica como tema literario recurrente en sus obras siguientes. “El camino de la ballena” es una obra mucho más lograda, que combina la recreación de rudos personajes en permanente conflicto y aventura, con el sentido atávico de la existencia matizado por la condición singular del habitante de Chiloé: su vínculo con el mar, expresado en la búsqueda del protagonista por demostrar su valer en las duras faenas balleneras en aguas antárticas. A juicio de varios críticos, este libro publicado en 1962 terminó de convencer al jurado de otorgar a Coloane el Premio Nacional de Literatura en 1964.

En cambio, “Base sin novedad” (1956) escrito por el capitán del Ejército de Chile, Hugo Schmidt Prado, es la bitácora que recupera los avatares de la construcción de la segunda base chilena, General Bernardo O’Higgins, las actividades y emociones de los soldados que vivieron aislados en la Antártica desde los últimos días de 1947 hasta mediados de 1949. Si bien, en estricto rigor no es un libro de ficción, las agudas y certeras descripciones realizadas por Schmidt, hace que la obra se asemeje con el tipo y estructura de una novela naturalista.

Un autor especializado en la Antártica fue Oscar Pinochet de la Barra. En 1944 se conoció el ensayo “La Antártica Chilena” que recibió el Premio Municipal de Santiago de ese mismo año. Considerado como un clásico sobre el tema, este libro reeditado en varias ocasiones, fue el primero de una serie de trabajos brindados por este experto en asuntos polares, entre los que hallamos: “Base Soberanía y otros recuerdos antárticos” (1977); “Antártica Año 2000, nuevas perspectivas políticas y jurídicas” (1982), “España y su hermosa utopía de la Terra Australis” (1985), “Antártica, sueños de ayer y del mañana” (1988), “Quirós y su utopía de las Indias Australes” (1988) y el poemario ilustrado por Tatiana Alamos, “Antártica de luz y escarcha”.

Nuestros dos premios Nobel de Literatura también escribieron sobre la Antártica. Gabriela Mistral había esbozado en algunos de los poemas de su libro “Desolación” la conexión entre Magallanes y el continente albo. Jaime Quezada, uno de los mayores estudiosos de Mistral, en su obra “El libro de la Patagonia”, (2019) incorpora varios textos en prosa publicados en distintas etapas que rememoran eventos polares. “Cuenta-mundo: La ballena”, es un relato aparecido por primera vez en el diario El Tiempo de Bogotá el 22 de abril de 1934. En otro pasaje, fechado en 1928 en Avignon, Francia, recuerda su estadía magallánica en que siempre escuchaba hablar del célebre explorador noruego Roald Amundsen, ‘como una criatura que me ligaba no sé qué compadrazgo de paisaje polar’. Por último, en 1948 escribió el elocuente recado “La Antártida y el pueblo magallánico”, en donde comienza señalando:

“El tema de la Antártida, que para muchos americanos es un dado sorpresivo de ajedrez en el tapete del mundo, y para otros, cosa de periodistas aspaventosos, este asunto pardo hasta ayer y aupado hoy a suceso mundial, existe en mí como una vivencia de la memoria desde hace treinta años”.

Pablo Neruda en tanto, incorporó un poema extenso dedicado a la Antártica, en uno de sus libros fundamentales, “Canto general”, publicado en México en 1950, en momentos en que el vate había sido desaforado como miembro del Congreso Nacional por efectos de la Ley de la defensa permanente de la democracia o ley maldita y tuvo que huir de Chile. En Magallanes efectuó una de sus últimas actividades políticas en calidad de senador, y es probable que escribiera los borradores del texto.

La influencia de las primeras expediciones chilenas a la Antártica se observa principalmente en cuatro novelistas. Eugenio Orrego Vicuña (1900-1959), además de ensayista e historiador, publicó una de las obras más completas escritas por un literato chileno sobre el desconocido mundo polar: “Terra Australis”, de 1947 plena de alegorías en un depurado estilo. Benjamín Subercaseaux, (1902-1973) Premio Nacional de Literatura 1963 en su magistral “Chile, tierra de océano: la epopeya marítima de un pueblo terrestre”, (1946) con un capítulo completo sobre la Antártica, nos recuerda que la razón de nuestra patria es el mar y que podríamos ser distintos y mejores si pensáramos a Chile desde el agua. Salvador Reyes (1899-1970), Premio Nacional de Literatura 1967, escribió un clásico llamado “El continente de los hombres solos”, (1956) donde las acciones transcurren en dos planos distintos, una verdadera, descrita a partir de la realidad y otra desde la ficción o literaria. Miguel Serrano (1917-2009) con su estilo particular, brinda en su obra “Quién llama en los hielos” de 1956, una mirada futurista y utópica de la Antártica, preludio de trabajos posteriores, en que vislumbra al continente blanco como especie de ‘salvación espiritual de la civilización occidental’.

Otras publicaciones

Es importante destacar a ciertos autores locales cuyas obras no han tenido la difusión suficiente. Marino Muñoz Lagos y Silvestre Fugellie publicaron numerosos artículos y crónicas en el diario La Prensa Austral sobre distintos aspectos de la Antártica. Osvaldo Wegmann editó en 1970 el volumen de cuentos “El sueño del ballenero” de indudable tradición y contenido antártico.

El periodista Carlos Vega Delgado publicó varios reportajes en la Revista Impactos y en su calidad de editor, incluyó artículos a veces inéditos, números especiales, como en el N°93 titulado “La hazaña del piloto Pardo” o bien, documentos desconocidos acerca de las actividades efectuadas por algunos exploradores antárticos, como, por ejemplo, el dedicado en el N°108 a quien fuera el médico en la expedición de Adrien de Gerlache, “Por Patagonia. Impresiones de viaje redactadas según los apuntes de Emil Racovita”.   

La académica y docente Mábel Arratia publicó en 2006 un valioso texto de investigación denominado “Narrativa fantástica en literatura antártica”, en que la entonces jefa de la carrera de Pedagogía en Castellano de la Universidad de Magallanes, clasifica los elementos imaginarios e ilusorios en la prosa especializada sobre el tema polar en Howard Lovecraft, Oscar Pinochet de la Barra, Salvador Reyes y Miguel Serrano.

La museóloga Rosamaría Solar Robertson incluyó en sus trabajos de literatura infantil una mirada lúdica acerca del continente blanco expresado en los relatos “El sueño de Elvis” y “La odisea antártica”. Su aporte en la recuperación patrimonial quedó plasmado en la guía “Huellas antárticas en Punta Arenas y el estrecho de Magallanes” editado en 2013 en que se establecen los hitos y sitios que revelan la presencia de personajes y asociaciones tratando de llegar a la Antártica, en la época en que el estrecho de Magallanes era un paso casi obligado para todas las embarcaciones del orbe y Punta Arenas la ciudad-puerto donde recalaban las naves expedicionarias para preparar el viaje en la conquista de los mares australes y antárticos.

En los últimos años se han editado algunos textos de buena calidad como el libro “En busca de las entrañas del hielo” de Juan Francisco Lecaros y “Vivir la Antártica. Huellas sobre el hielo y el alma” de Gustavo López-Rebolledo.

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest