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Un gobierno sin timón y con rumbo a los arrecifes

Por Alejandro Kusanovic Domingo 8 de Noviembre del 2026

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A poco menos de ocho meses de asumir, el gobierno de José Antonio Kast enfrenta una crisis que ya no es meramente comunicacional, sino de estricta conducción y estrategia política. La aprobación presidencial cayó al 26% en la encuesta Cadem -su registro más bajo desde que asumió con un 57% de apoyo-, mientras que un 71% de los encuestados sostiene que el país va por mal camino. La señal es inquietante: la erosión política ya no proviene únicamente de la oposición, sino del corazón de la base electoral.​

El detonante fue la gestión del ministro de Justicia, Fernando Rabat, cuya cartera visó la rebaja de condenas a 56 sentenciados por delitos sexuales contra menores.

Más allá del debate jurídico sobre si la legislación de 2022 aplicaba a delitos anteriores o sobre las responsabilidades de administraciones previas, el error político fue monumental y contradictorio con los principios que el Ejecutivo dice defender. Al sustentar su defensa en una interpretación jurisprudencial ambigua y ofrecer explicaciones contradictorias, el rechazo a su continuidad alcanzó un 70%.

La oposición anunció una acusación constitucional, la Cámara aprobó un acuerdo pidiendo su remoción y la de sus subsecretarios, y parlamentarios de RN y la Udi han comenzado a cuestionar públicamente su permanencia, dejando a los 14 diputados del PDG en una posición decisiva.

Al optar por asumir personalmente la responsabilidad, Kast transformó un fusible ministerial en un riesgo directo para la figura presidencial.

La raíz del problema, sin embargo, es estructural. Se percibe un desgobierno donde cada ministro actúa sin vocería unificada ni estrategia visible. El diseño inicial apostó por círculos de confianza e independientes sin oficio político, y el primer ajuste de mayo -con las salidas de Steinert y Sedini- resultó ser apenas un parche improvisado.

Hoy, desde Chile Vamos exigen modificar de fondo el gabinete y el Segundo Piso, cuyos asesores han sido duramente cuestionados por su falta de tonelaje político. Un equipo asesor basado en la afinidad personal y con un desempeño estratégico deficitario no sustituye a un diseño político articulado, con experiencia y contrapesos reales.​

Lo advertí en marzo y abril. Critiqué con dureza la actitud del Presidente y de su equipo cuando, mediante una estrategia burda y cortoplacista, negociaron a espaldas de los partidos oficialistas y de las bases con otros sectores políticos en la región de Magallanes, dando una de las primeras señales claras de lo que venía y de las fallas del Segundo Piso. Aquello constituyó una desconexión con los principios y valores del sector y una clara irresponsabilidad. Aunque en su momento recibí críticas internas, el tiempo ha terminado por confirmar la advertencia y denuncia que realicé.

A quienes cuestionan el ejercicio de la crítica hacia el propio sector, conviene recordar a Churchill: “Las críticas pueden no ser agradables, pero son necesarias”. Callar ante un barco que navega directo a los arrecifes no es lealtad; es complicidad con el desastre.

​La dimensión económica del país agrava este escenario. Con un desempleo cercano al 9,8% y un crecimiento al borde del estancamiento, el problema de fondo trasciende las leyes y los paquetes de medidas: radica en las señales de incertidumbre y debilidad que proyecta el Ejecutivo. Sin confianza, no hay inversión ni empleo, y hoy La Moneda transmite improvisación e inseguridad en lugar de liderazgo.​

A ello se suma una derecha que, en el nivel central, suele actuar por cálculo individual y no por convicción. En vez de defender con firmeza sus principios y valores, parlamentarios y dirigentes priorizan sus proyecciones electorales y evitan asumir los costos políticos de las decisiones difíciles. Esta pusilanimidad debilita tanto al Gobierno como al proyecto político del sector.​

¿Qué viene ahora? Fuentes oficialistas señalan que Kast prepara una reestructuración mayor para su “segundo tiempo”, que incluiría ajustes en el gabinete y en el mismísimo Segundo Piso. Si este cambio se concreta, llegará tarde y solo será útil si implica un viraje real: más política, una coalición con peso efectivo para RN, la Udi, Evópoli y Republicanos, y un Presidente dispuesto a conducir el día a día en lugar de delegar. Limitarse a un mero cambio de nombres mantendrá la crisis intacta.

El Presidente aún está a tiempo de reparar el timón y poder corregir el rumbo, pero para lograrlo debe escuchar y dejarse aconsejar antes de que el barco termine por encallar.

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