Necrológicas
EDITORIAL

¿Vuelve la violencia?

Por La Prensa Austral Lunes 19 de Octubre del 2020

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Pasó la jornada dominical en que se cumplió el primer año desde el inicio del denominado “estallido social” y las situaciones vividas volvieron a traer a la memoria lo experimentado por meses desde el 18 de octubre de 2019.

Pese a la pandemia y a las medidas restrictivas que aún pesan en gran parte del territorio, se registraron manifestaciones multitudinarias, sobre todo en Santiago y las grandes ciudades.

A nivel local, un centenar de magallánicos volvió a salir a las calles, siendo uno de los puntos de encuentro el de la intersección de las avenidas Martínez de Aldunate y Salvador Allende.

En Puerto Natales, una caravana de más de 300 vehículos recorrió las principales calles de la ciudad para conmemorar el comienzo de manifestaciones populares que unieron a los habitantes del país en un pliego de demandas sociales.

Pero, en la medida de que la jornada fue pasando, en gran parte del país el ambiente pacífico y propositivo comenzó a dar paso al vandalismo –incluido saqueos- y la represión policial.

En Punta Arenas, se tiene que valorar que, hasta el cierre de esta edición, sólo hubo una pequeña escaramuza entre algunos encapuchados y manifestantes aislados y efectivos policiales.

En Santiago se registraron hechos graves, cuando encapuchados incendiaron iglesias emblemáticas que se ubican en el centro de la capital. Quizás se podría pensar que es en repudio por los escandalosos hechos en que obispos y sacerdotes católicos han estado envueltos –entre ellos numerosos casos de pedofilia y abusos sexuales- y no faltará quien, con tal pretexto, justifique lo sucedido.

La violencia debe ser condenada por todos. Sólo en Magallanes, cientos de personas sufrieron con el vandalismo y el saqueo que se tomaron las calles tras cada manifestación desde octubre del año pasado. Un simple paseo por calle Bories bastaría para constatar cuánto daño se produjo a pequeños y medianos comerciantes y al patrimonio arquitectónico y cultural.

Si realmente queremos movilizarnos para gatillar cambios profundos en nuestra sociedad, no podemos justificar el uso de la violencia.