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Descentralizacion y futuro

Por La Prensa Austral Domingo 25 de Octubre del 2020

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Manuel Rodríguez Uribe, Cientista político

El Estado de Chile se caracteriza históricamente por su centralismo, por su sobre- concentración de poderes, atribuciones y distribución de recursos sin perjuicio del burocratismo que le acompaña en las políticas públicas.

Chile tiene una historia de gobierno y administración centralizada desde los inicios de la colonia y la reforma borbónica, y a lo largo de la República hasta hoy.

Hoy las regiones demandan mayores atribuciones para enfrentar las particularidades mediante políticas públicas adaptadas a los territorios. Es posible lograr una descentralización eficiente y flexible a las condiciones sociales, culturales, geográficas y económicas de cada unidad territorial.

En la convención constituyente próxima se abrirá un debate imprescindible, acerca de los principios constitucionales y las instituciones descentralizadas, que permitan superar el modelo unitario centralizado, y generar procesos graduales de traspaso de competencias, atribuciones y recursos.

¿Terminaremos en el futuro acaso con la invisible y sutil  “fuerza centralizadora” de la DIPRES  y la SUBDERE?

Descentralizar significará transferir facultades y atribuciones a las regiones, para cuyo ejercicio deben prepararse. La creación de Divisiones especializadas en los Gobiernos regionales es un primer paso en dicha reestructuración. El órgano constituyente puede avanzar en un nuevo diseño institucional de los gobiernos regionales, aprovechando los avances recientes y las experiencias eficaces anteriores.

Las políticas públicas regionales y los tributos regionales pueden ser en el futuro, un paso significativo para empujar en la perspectiva la descentralización.

En un mundo globalizado y de dinámicos flujos de intercambios, las regiones están destinadas a negociar acuerdos, generar espacios de intercambio, establecer alianzas que permitan un desarrollo más abierto e integrador, donde la ciencia, la tecnología y la innovación sean herramientas para el desarrollo humano de las comunidades y los territorios.

El futuro ya comenzó y no estamos autorizados para quedarnos atrás.

Para mirar el futuro de la descentralización necesitamos una mirada Prospectiva.

Ningún proceso de descentralización pone en riesgo la unidad del Estado nacional, sino por el contrario, aporta al Estado y a la nación toda la rica diversidad regional que nos une.

No olvidamos tampoco que el centralismo es una manera de pensar, es un hábito arraigado más de 500 años en nuestras mentes. Un Estado descentralizado es una enorme tarea política, cultural, social y económica que durará muchos años.

No hay tiempo que perder, hay tiempo que ganar.