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¿Habemus Vaccinum?

Por Eduardo Pino Viernes 13 de Noviembre del 2020

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El nombre del gigante farmacéutico Pfizer pasó a dominio popular cuando lanzó el Viagra, obteniendo millonarias ganancias durante décadas. Hoy vuelve a hacer noticia al anunciar con bombos y platillos que ha encontrado la vacuna para la actual pandemia, provocando no sólo la admiración y esperanza de millones de personas en el planeta, pues la buena nueva ha repercutido de manera muy favorable en las bolsas económicas del orbe. Más allá de lo exponencial en el aumento de sus acciones, la farmacéutica estadounidense ha comunicado de los positivos y más que optimistas resultados en fase 3 de sus investigaciones, por lo que proyectan para 2021 la aplicación masiva a una población expectante y necesitada de retomar su otrora ritmo de vida.

Pero, ¿es posible que con todas las aprensiones y cautela que los expertos nos han advertido acerca de lo complejo y largo del proceso de investigación para dar con una vacuna, se pueda confiar en que este logro es real? Las opiniones se encuentran divididas, pues hay quienes consideran que las condiciones de urgencia y globalidad ante esta pandemia, han obligado a los científicos a producir una dinámica de trabajo nunca antes vista en la historia de la humanidad, con el consiguiente resultado; mientras que otros, mucho más cautos, argumentan que faltan estudios y mayores evidencias que hagan cantar victoria ante un enemigo peligroso y sobre todo muy cambiante. Lo concreto es que Pfizer ya tendría los 44.000 voluntarios inscritos para las pruebas finales y estaría cercano a cumplir la meta que varios laboratorios se autoimpusieron: tener aprobada para fin de año una vacuna que muchos expertos vaticinaron se obtendría en una década.

Por lo pronto, una de las dificultades más importantes a superar en la masificación de la vacuna es su mantenimiento y traslados en frío, considerando que deben mantenerse las dosis a 70° bajo cero y administrar de manera expedita, lo que supone una infraestructura compleja y costosa, de la cual algunos países como la India ya habrían desistido. Tampoco es llegar y administrar masivamente las dosis en cualquier parte del mundo, pues deben cumplirse los protocolos de muestras según las poblaciones y sus características, priorizando aquellos grupos más expuestos y cuya urgencia sea mayor. Tampoco se ha diseñado de manera más clara los procesos productivos, pues el escenario y las condiciones resultan
inéditas hasta ahora.

Si bien la investigación de Pfizer no ha presentado efectos adversos hasta ahora, como le pasó a otras compañías que se vieron obligadas a posponer y reencauzar sus esfuerzos, nadie asegura que todo seguirá “con el viento a favor”. Algunos expertos advierten que será interesante observar si la efectividad se mantendrá cuando se aplique masivamente, pues no se puede desconocer que actualmente los voluntarios se encuentran en un ambiente donde prácticamente todos presentan conductas de autocuidado y restricción de desplazamientos y contactos. ¿Qué pasará cuando se relajen estas medidas?

Parece que todos queremos, y necesitamos, creer que podemos ver una luz al final del túnel. Qué tan cerca o lejos aún nos resulta muy difícil de precisar, considerando además que más allá de trabajo científico y el esfuerzo de los investigadores, todo parece indicar que una vez más la variable económica será relevante al momento de priorizar entre países ricos o en vías de desarrollo. Por esto es que, aunque parezca majadero, debemos mantener las medidas de prevención que todos conocemos y frente a las cuales a veces nos revelamos o descuidamos, pues a pesar de los anuncios que seguirán apareciendo, falta bastante camino por recorrer.