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Nadie se salva solo

Por La Prensa Austral Domingo 29 de Noviembre del 2020

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Alvaro Rondón y Reinaldo Leiva

Es comprensible el impacto que provocó en la ciudad la decisión del Hogar de Cristo de cerrar su programa residencial para adultos mayores en Magallanes. Veintiocho “abuelitos” abandonados, muchos de ellos con larga experiencia en calle y años de consumo problemático, envejecidos prematuramente, grupo de alto riesgo frente al coronavirus, se quedarían de nuevo en abandono por la frialdad de directivos insensibles que toman decisiones a la distancia.

Con esas negras tintas se dibujó el problema, concentrando en el Hogar de Cristo todas las responsabilidades que deberían corresponderle al Estado y que esta fundación procura atender de la mejor manera posible desde hace 76 años con la colaboración de miles de chilenos de buena voluntad. Esos 28 hombres de la Residencia Juan Pablo II desde marzo están en cuarentena preventiva, cuidados, protegidos, queridos. Arropados en lo físico y en lo afectivo. Y ese trabajo, profesional y responsablemente hecho durante años, en tiempos sin pandemia, tiene un costo de un millón de pesos mensuales por persona, el que por las necesarias exigencias sanitarias que impone el riesgo de contagio de coronavirus ha aumentado de manera sustantiva en todos los programas residenciales de la fundación. Sólo un dato para dimensionar el problema: para proteger a los 4.500 acogidos del Hogar de Cristo en programas residenciales a lo largo del país se requieren 141.050 mascarillas al mes, con un costo de más de 22 millones de pesos. Basta multiplicar sólo ese ítem por doce meses para sopesar que, sin el compromiso del Estado, que año a año ha ido reduciendo su aporte financiero y elevando los estándares de funcionamiento, la tarea se vuelve prácticamente imposible.

Por eso hemos tenido que tomar la dolorosa decisión de dejar de operar la residencia Juan Pablo II de Punta Arenas, pero con una condición esencial: hacerse cargo de la relocalización de cada una de esas personas dentro de la región o en aquellas donde tuvieran un lazo significativo. La reubicación de esas 28 personas incluyó siempre la posibilidad de que otro operador pudiera hacerse cargo y ha habido numerosas reuniones con todos los involucrados en el cierre, partiendo por los propios residentes, y por distintas autoridades gubernamentales, parlamentarias y de la Iglesia locales. Lo positivo es que gracias al acercamiento inicial entre el capellán del Hogar de Cristo en Punta Arenas, Miguel Angel Bahamonde, y los directivos de la Fundación para el Desarrollo de Magallanes, Fide XII, a inicios de octubre, hoy trabajamos colaborativamente para el traspaso de la Residencia Juan Pablo II de Punta Arenas a esta fundación local experta en educación.

Hoy, Fide XII está abocada a dar continuidad a este programa, trabajando de manera afanosa en la búsqueda de financiamiento y en la necesaria capacitación en un tema que para ellos es un desafío nuevo que están abordando con una encomiable voluntad. De ahí lo clave que resulta la buena relación previa que existía con Hogar de Cristo, en especial en el trabajo con personas en situación de calle y la que están desarrollando ahora para abordar la realidad de estos adultos mayores de extrema vulnerabilidad que a partir del primero de febrero de 2021 quedarán bajo su cuidado.

Hogar de Cristo entregará el comodato del tradicional y antiguo edificio y Fide XII lo solicitará por 10 años renovables. La causa fundada por Alberto Hurtado se compromete a seguir entregando apoyo técnico a la gestión de este nuevo desafío que ha asumido Fide XII en beneficio de estos 28 hombres que son abuelos sólo de sus propios nietos, en el caso de que los tengan. Y esta no es una cuestión semántica, sino que refleja lo primordial que comparten Hogar de Cristo y Fide XII: se trata de seres humanos a los que hay que reconocer en toda su dignidad, sin paternalismos ni condolencias lastimosas, sino con trabajo serio y aporte concreto por su bienestar.