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Si hay inequidad cómo se puede pedir responsabilidad

Por Juan Francisco Miranda Jueves 10 de Diciembre del 2020

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Llevamos mucho tiempo encerrados en cuarentena, sin poder transitar libremente, sin poder ir a trabajar, sin poder visitar familiares, amigos y amigas, y sin sociabilizar, algo tan natural y esencial, pero que forzadamente no hemos podido hacer como quisiéramos. Eramos ricos y no lo sabíamos (en el sentido inmaterial por todo lo que podíamos hacer y que hoy se nos limita), éramos libres y no lo valorábamos. Nos habíamos olvidado del valor de transitar libremente por nuestro país. Nos habíamos olvidado de que no basta respirar y alimentarse para vivir, sino que también estamos reconociendo que necesitamos ser parte de una comunidad y sociedad. Estábamos encerrados en el individualismo y todo este año se nos ha obligado a estar solos o menos acompañado, y nos damos cuenta de que no basta y no es lo que se necesita para ser feliz.

Ha sido un año difícil y duro para muchos. Más aun para quienes sin pandemia ya la vida era difícil, marcada por una continua sobrevivencia en un modelo de sociedad de consumo, donde no basta tener trabajo para no ser pobre.

Pero, así como la inequidad y la desigualdad han marcado los últimos tiempos en Chile y Latinoamérica, en pandemia también se ha mostrado la desigualdad para enfrentar malos tiempos, ya que muchos han perdido el trabajo, muchos no han podido hacerlo, y sin una ayuda eficaz del parte de un Estado que se mueve lentamente, la vulnerabilidad de miles de familias se ha acrecentado. Ha sido una batalla desigual el combatir la desigualdad social antes de pandemia y más aun en pandemia, pero lo que más duele, molesta y daña no es precisamente la desigualdad, sino que la inequidad que se observa, que se vive y que gobierna.

La inequidad es una
desigualdad considerada injusta, pues se puede entender que no somos iguales y que ante algún parámetro somos diferentes y por lo tanto desigual incluso se puede entender como natural. Pero cuando frente a una situación, nuestras diferencias son utilizadas por algunos como ventajas en una adversidad, y no hay racionalidad, surge la injusticia y con ello se produce inequidad.

Cuando para algunos se puede otorgar un permiso para transitar o trabajar en pandemia, y para otros no, y no hay argumentos o criterios comprensibles y equitativos, se produce inequidad, incoherencia en el discurso de la autoridad o el gobierno, y con ello cansancio, que después de meses hace aparecer lentamente la rebelión y el riesgo comienza a transformarse en desacato (lo que estoy seguro que vemos en muchos que andan en la calle sin permiso).

¿Existe alguna diferencia muy relevante para permitir que un dentista pueda trabajar y un estilista no pueda hacerlo? Un pescador artesanal puede trabajar pero un recolector o pescador de orilla no. Un obrero de la construcción lo hace en forma normal pero algunos comerciantes no pueden hacerlo. Un taxista o colectivero puede trasladar a varias personas, pero un transportista de turistas no. Un banco o notaría puede atender, pero un restaurante tiene que permanecer cerrado al público. No parece racional que algunos puedan y otros no, objetivamente, en igualdad de condiciones para hacer sus actividades con protocolos sanitarios.

Llevamos meses en “cuarentena” y las cifras no bajan. ¿Será porque la cuarentena sólo es para algunos? ¿Será porque sólo unos pocos la respetan? Las cifras son claras, y hoy por los hechos, por una parte al ver que la inequidad le ganó terreno a la responsabilidad, y por otra parte al sentir la necesidad de salir a trabajar, vemos que nuestra comunidad ha ido perdiendo el respeto a las medidas sanitarias, pues la cuarentena y el toque de queda, se han ido convirtiendo en parciales, perdiendo así el carácter universal que le da fuerza.