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El nacimiento del Señor Jesús

Por Marcos Buvinic Domingo 27 de Diciembre del 2020

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Aunque pueda parecer algo obvio, es bueno recordar para muchos que no se han enterado, que lo que sucede en estos días es que los cristianos estamos celebrando el nacimiento del Señor Jesús. Aunque pueda parecer obvio, es apropiado recordar que la palabra “navidad” quiere decir “nacimiento” (viene del latín “nativitas”, que en castellano es “nacimiento”). Estas afirmaciones que, para los cristianos son algo obvio y evidente, no lo son para muchos otros que en estos días han estado muy atareados con preocupaciones “navideñas” de compras de todo tipo y programaciones de todo tipo de encuentros.

Por eso, parece bueno que -simplemente- recordemos lo que sabemos del nacimiento del Señor Jesús, y lo hacemos desde nuestra compleja situación por causa de la pandemia que nos aqueja -junto al mundo entero-, la cual ha puesto en evidencia todas nuestras fragilidades e inconsistencias.

La Navidad del año 2020 es muy parecida al nacimiento histórico del Señor Jesús bajo el emperador romano César Augusto, el cual había mandado hacer un censo en todo su imperio, no sólo con el fin de saber cuánta gente vivía en su imperio, sino con el propósito de cobrar un impuesto a cada habitante.

La familia de José y María esperando un hijo, es una familia pobre y creyente, como la mayoría de nuestro pueblo. No encontraron alojamiento en el pueblo de Belén, donde habían tenido que ir a anotarse para el censo. Como pobres que eran, José y María probablemente no podían pagar por alguna otra solución de vivienda. María estaba a punto de dar a luz, y no les quedó otro camino que refugiarse en un establo de animales. Es decir, nuestra celebración recuerda que el Señor Jesús nació en un pesebre y junto a los animales que allí estaban. Nuestra celebración recuerda que el nacimiento del Mesías esperado, de Dios hecho hombre, acontece en la marginación propia de la pobreza y es ignorado, como tantos hombres y mujeres pobres de todos los tiempos, por cierto, también los pobres de nuestro tiempo. La celebración del nacimiento del Señor Jesús nos hace presente que Dios escribe su Historia (la Historia con mayúscula) allí donde menos se piensa y con personas que parecen no contar para nada ni para nadie.

Los evangelios nos cuentan que muy pronto el niño Jesús se vio amenazado de muerte, por un rey genocida -Herodes- que mandó matar a todos los niños menores de dos años; tal como tantos niños que -también hoy- desde su nacimiento están amenazados en su vida, en sus derechos, en su dignidad y en sus posibilidades de desarrollo humano. José, María y el niño Jesús tuvieron que huir a Egipto y vivir como migrantes en el extranjero, como tantas familias migrantes que vemos hoy.

También, los evangelios nos narran que luego de la muerte del genocida Herodes, pudieron volver a su tierra y vivir en el pequeño pueblito de Nazaret, de allí Jesús recibió uno de los nombres por el que lo conocemos, “el Nazareno”. Allí, dicen los evangelios, el niño Jesús “crecía y se fortalecía lleno de sabiduría” (Lc 2,40). Allí también aprendió el oficio de José, y era conocido como “el carpintero de Nazaret”; allí vivó, creció y trabajó -como uno de tantos- por casi treinta años hasta que comenzó el anuncio de la buena noticia de Dios: “El tiempo de espera acabó. El Reino de Dios está llegando. Cambien de vida y crean en la buena noticia” (Mc 1,14). Así, pasó por el mundo haciendo el bien hasta dar su vida como el gran signo del amor de Dios por cada ser humano, y en su resurrección Dios puso el sello definitivo de que el amor es más fuerte que todo el mal del mundo y que la muerte no es el final de nuestro camino hacia Dios.

Nuestra celebración cristiana del nacimiento del Señor Jesús es para nosotros causa de alegría y de esperanza, pues el Señor Jesús conoce por experiencia todas nuestras situaciones humanas y está junto a nosotros. Dios no nos abandona nunca, sino que se sumerge en toda nuestra vida para sostener nuestra esperanza y animar nuestro camino hacia El.

Nuestra celebración cristiana de Navidad es una invitación a la alegría y a la esperanza de estar con El, de vivir por El y de caminar en El.

¡Feliz Navidad para todos, junto al pesebre del Señor Jesús!