Necrológicas
  • Manuel Ruiz Jorquera
  • María Ismenia Avendaño
EDITORIAL

Covid en la Antártica

Por La Prensa Austral Martes 29 de Diciembre del 2020

Compartir esta noticia
126
Visitas

Fue la peor noticia con la cual pudimos, como país y como región, en particular, culminar este año, ya sobrecargado de penas, agobios y profunda transformación de nuestras vidas. Este último mes de 2020 quizás sólo pudo ser superado, respecto del infortunio, al del año pasado, marcado por la tragedia del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea.

Así, Chile, que ostenta el orgullo de ser uno de los países signatarios del Tratado Antártico, también agregó a sus registros polares el haber sido la nación que llevó el coronavirus al único continente que hasta diciembre estaba libre de esta pandemia.

La constatación de personas contagiadas de coronavirus en instalaciones chilenas en la Antártica, incluido los buques usados en la logística, surgió primero como un rumor y -como suele suceder en estos casos- fueron las publicaciones periodísticas las que forzaron a que hubiera un reconocimiento tenue respecto de que algo estaba pasando.

La aparición de los primeros casos de Covid-19 en la Antártica se conoció en la semana del 14 al 20 de diciembre y fue La Prensa Austral el primer medio de comunicación que informó sobre aquello, el pasado 17 de este mes.

La sensación que ha dejado este caso es que habría existido una suerte de concertación para buscar ocultar lo que estaba sucediendo, articulada desde las oficinas de los altos mandos y ministerios civiles en Santiago. Los ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores enmudecieron y nadie ha querido hablar. Sólo un par de comunicados han sido el soporte de la información oficial.

Ya está meridianamente claro que el protocolo definido no operó y que fallaron los organismos y empresas involucradas por separado, tanto como la entidad que estaba a cargo de velar por su cumplimiento.

Llama la atención que ninguna autoridad nacional ni regional se ha pronunciado, pretendiendo que el caso no existe. Esta vez el centralismo asfixiante -que tanto nos gusta cuestionar- sólo se impuso para callar voces, pero no para despejar dudas y entregar una información veraz y oportuna que todos nos merecemos.