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Magallánicos cuentan sus historias frente a la contingencia sanitaria

Por La Prensa Austral Lunes 25 de Enero del 2021

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Una recolección de historias escritas por sus propios protagonistas, dieron vida a los “Relatos en pandemia”, una iniciativa impulsada por el Consejo de Desarrollo del consultorio Thomas Fenton y cuyas primeras copias se entregaron recientemente.

Desde la organización territorial plantean que durante el segundo semestre del año pasado, se socializaron ideas para fomentar la participación, tras lo cual nace la iniciativa de recopilar estos relatos como una forma de desarrollar la expresión oral y la comunicación para compartir emociones, pensamientos, anécdotas y mensajes de esperanzas que surgen de las necesidades de las personas que se motivaron a participar.

La presidenta del Consejo de Desarrollo, Tatiana Leuquén, dijo que esta fue una idea planteada desde el diagnóstico participativo por Eleodoro Andrade, representante de los adultos mayores y se trabajó en el marco de un proyecto de fortalecimiento.

Agradeció la participación de todas las personas que enviaron su relato en las semanas en que fue difundida la iniciativa.

De los más de 15 participantes, dos relatos, “Todo mal” escrito por Luis Alvarado, de la Comunidad Sociocultural Kmol y ¿Cómo pienso en estos tiempos de pandemia? por Francisca Núñez Gallardo, de la Comunidad Cristo Redentor, fueron rescatados por este medio.

Relato uno

“Todo mal”, de Luis Alvarado: “Temprano pase por un café con el par de chauchas que me quedaban. Sólo estaba la dependiente, una cabra joven. Para variar mi cabeza andaba navegando en algún lejano lugar del cosmos. ‘Póngase alcohol’, me dice acertadamente. Medio perdido aprieto mucho el dispensador y me embadurno en exceso las manos. ¿Qué va a querer?, consulta. ‘Un café, por favor’, respondo. Me da el valor y le pago. ‘No tengo sencillo, llévese el diario’. Como buen consumidor lo tomo sin cuestionamientos. Con las manos ocupadas y lustrosas, con la mascarilla empañándome los lentes, con mi cabeza entonando una melodía que no sabía que conocía, intento abrir la puerta. En aquel momento ingresan dos damas. Mi mal entrenada caballerosidad me obliga a retenerles la puerta, la primera entra de costado, la segunda intenta evadirme, y yo a ella. Justo ahí que me faltó una tercera mano. Con la que sujetaba el café intento agarrar la manilla. El vaso caliente cae sobre mi chaqueta y continúa sobre mi pantalón, estrellándose en el suelo. Mi cerebro deja de entonar la musiquilla y me recrimina, ¡Eris entero mazeta!. Extrañamente ahora está lleno el local. Todos voltean a ver al tontito. Recojo el vaso, lo deposito en el basurero y pido disculpas al aire. A una señora que me observa con lástima, le cuento que no me quemé, deduciendo estúpidamente que le preocupaba mi pelvis humeante. Resbalando en el líquido que fuera mi sabroso café, salgo torpemente hacia la calle. ¿Cuántas veces me ha pasado algo similar?, muchas. Mi cerebro toma asiento para burlarse, y comienza una tonada que ya había escuchado otras veces”.

Relato dos

“¿Cómo pienso en estos tiempos de pandemia?”, de Francisca Núñez: “Desde que llegó el primer caso de Covid-19 la vida no fue igual. Antes del Covid, pensaba cómo mis proyectos de 2020 se verían realizados, hasta que comenzaron a cambiarme las reglas en todo. Con las cuarentenas, me piden restringir mis libertades como las sociales. Se acabaron las reuniones con mis grupos, se acabaron las visitas a mis familiares, con todo lo que los amo, me ordenan no abrazarlos, no besarlos, no verlos”.

“Transitar por las calles en este momento es un privilegio y a la vez un calvario. Se ven aglomeraciones de gente haciendo filas, las cuales yo también he realizado para trámites, comprar o por atención médica, mayoritariamente al aire libre, sin protección contra el viento y el frío que solo un magallánico decidido puede soportar”.

“Opté por el teletrabajo como medida preventiva frente a enfermedades de base por las que soy paciente del Centro de Rehabilitación. No facilita que te incorporen a la lista laboral de los que se pueden contar en primera línea, para nada, me provocó angustia y cambió hasta mi descanso. Ahora tengo una sensación ingrata de estar en mi hogar, sin tener contacto con mi entorno laboral que en 31 años no se había visto amenazado como ahora, ya que la cesantía está presente en mi entorno más cercano y a diario cuestionas tu ‘no presencia laboral’ y aflora el miedo a que se olviden de los años de entrega realizados con tanto corazón”.

“Aumentaron los gastos de casa en compras de productos para desinfectar, gasto más plata que en verduras y frutas, que ya son caras en esta región y las necesito”.

“Debo, a diario, controlar las ingratas monedas para resguardar un panorama que se ve cada vez fuerte: el término del flujo monetario que por años mantuvo mi hogar junto a mis hijos y marido, que se ha visto mermado, porque gran parte de las alzas de precio se están haciendo en este país sin pensar que vivir en esta región realmente se debe sobrevivir más que vivir en tranquilidad”.

“Pido que todo cambie, que todo sea como antes, pero ya acepté esta ‘nueva normalidad’ que durará por mucho tiempo. No se puede pegar el vaso roto en todo lo que siento, se cayó mi manto de tranquilidad, lo cambié por otro manto, el de la resiliencia ante las pérdidas de mis seres queridos, al miedo permanente del contagio, al no poder abrazar como magallánico, al caminar sin rostro ya que un trozo de tela cubre mi optimismo, que no deja mostrar a este mundo que aún tengo esperanzas, aún tengo ganas de vivir, a pesar de todo”.