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La vacunación contra el Covid-19 desde la mirada de sus protagonistas

Por La Prensa Austral Miércoles 3 de Febrero del 2021

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María Fidelia Villarroel Ojeda, de 104 años; Adelina del Carmen Ruiz Díaz, de 100, y María Magdalena Méndez Méndez, de 92, relataron sus experiencias tras meses de encierro por la pandemia.

Yo me vacuno”, asegura María Fidelia Villarroel Ojeda quien a sus 104 años forma parte de los grupos prioritarios con quienes hoy se iniciará la campaña de vacunación en Magallanes. A pesar de ello tiene muchas dudas sobre el proceso y teme por los efectos que pueda causarle la dosis que la protegerá contra el Covid.

Su hija María de las Nieves Sánchez Villarroel y su nieta Jessica Nahuelquén Sánchez confiesan tenerle miedo a la vacuna porque su efectividad fue estudiada con personas de hasta 60 años, pero no mayores de esa edad. “Estamos en la duda, porque no sabemos cómo reaccionará ella ante un efecto secundario”, dice Nieves.

María Fidelia es una antigua pobladora del barrio 18 de Septiembre. Nacida en Chiloé, en la zona de Ancud, a los 30 años se vino a Punta Arenas y aquí se desempeñó en diferentes oficios, destacándose como una de las modistas más experimentadas de su rubro. Durante toda su vida ha estado vinculada a la Parroquia Fátima, lo que la llevó a recibir un reconocimiento por parte de la Iglesia Católica y también participó de clubes de adulto mayor, donde incluso fue reina. Sin embargo, con la pandemia todo cambió radicalmente y es que el aislamiento ha sido total, ella no sale de su casa y ha comenzado a desarrollar un deterioro cognitivo y físico.

Su hija y nieta se enfermaron de Covid en abril pasado, María de las Nieves incluso fue hospitalizada y pasó por una residencia sanitaria. Cuando su hija enfermó, María Fidelia empezó deteriorarse. Se levantaba en las noches a buscarla, así que a ratos se pierde, pero con sus años regala su sonrisa cada tanto y es una de las lectoras más antiguas de La Prensa Austral.

María de las Nieves recuerda que cuando enfermó se sintió muy cansada y con dolor, además le costaba comer. Recuerda que una noche se cayó de la cama y quedó debajo de un mueble, aunque no sabe cómo, de ahí no se acuerda absolutamente nada. Sólo le contaron que la sacaron con una ambulancia y la hospitalizaron..

Nieves también es parte de los grupos objetivos de esta vacunación, pero está indecisa. “Si me vacuno me puede hacer mal y si no también me puede hacer mal, tengo miedo por la inseguridad de la vacuna”, complementa.

Para ellas la pandemia les ha trastocado fuertemente su vida cotidiana y es que sólo salen de su casa a comprar y siempre cuidándose mucho por la mamá. A María Fidelia la visitan desde el consultorio 18 de Septiembre, aunque ella no tiene ninguna enfermedad.   

Centenaria abuela

Adelina del Carmen Ruiz Díaz celeberó 100 años el 16 de enero pasado. Ante la pregunta, responde: “Sí, yo me vacuno para no enfermar”, pero enseguida interroga si es obligatorio vacunarse.

Nació en la zona de Maullín, Región de Los Lagos, y llegó a Magallanes cuando tenía 30 años junto a su familia, a bordo de la motonave Tocopilla donde conoció a su esposo Francisco Cárcamo. Ella es otra de las antiguas vecinas del barrio 18 de Septiembre.

“No salgo a ninguna parte”, señala. Y es que frente al coronavirus ella es uno de los pacientes catalogados de riesgo. A sus cien años, señala que su salud es delicada. “Me duelen los huesos”, enfatiza.

Tiene 92 años

De la misma manera, María Magdalena Méndez Méndez, de 92 años, también es parte de los grupos de riesgo. “La vacunación es la manera de que esté más protegida, porque a pesar de que no sale de su casa, igual por ejemplo le van a dejar productos a su hogar y por eso la vacunarán apenas se pueda. Ahora está aislada y en eso hemos sido muy cautelosos, pero las vacunas son muy importantes y todos siempre nos vacunamos”, subraya su nieta Carola Agüero.

Hace dos años que ella forma parte del programa Punta Arenas Te Cuida. “Siempre fue muy activa, pero tras una caída, en enero de 2019, su salud se deterioró muy rápido. Hoy tiene problemas a las caderas y de demencia”, profundiza su nieta, quien de paso agradece el apoyo recibido del equipo del consultorio Thomas Fenton.

Con la pandemia fue todo más difícil, se complicó irla a ver y el poder asistirla, por eso se fue a vivir con familiares, un traslado que hizo en compañía de su perrita “Nacha”, que tiene muchos años e igual que ella ya no tiene la misma salud que antes, pero que a pesar de todo no se va de su lado y es que se han transformado en las compañeras de la vida. Hoy María Magdalena vive completamente encerrada y no ha tenido contacto con su familia, la que sólo se comunica con ella a través de videollamada.