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EDITORIAL

El fuerte componente social y cultural del cambio de apellidos

Por La Prensa Austral Domingo 7 de Febrero del 2021

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– La iniciativa tiene como base los principios de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer que obliga, en su artículo 16, a adoptar medidas para erradicar la segregación contra el segmento femenino y asegurar condiciones de igualdad entre hombres y mujeres. Esto considera los mismos derechos en materias relacionadas con los hijos.

Quizás un poco inadvertido -por todo esto del coronavirus, las vacunaciones masivas y la posibilidad de salir de vacaciones- pasó la aprobación el pasado 27 de enero en la sala del Senado del proyecto de ley que modifica diversos cuerpos legales respecto de los nombres de las personas.

Se trata, como otras iniciativas, de un proyecto que hace 15 años estaba en los vericuetos del Congreso, el cual busca posibilitar que los padres elijan el orden de los apellidos respecto de sus hijos recién nacidos o, bien, que esta decisión sea tomada por la persona cuando sea adulta.

El proyecto original fue presentado en 2005 cuando varios de sus patrocinadores eran diputados y concede a los padres, de común acuerdo, hacer esta modificación, lo cual permitiría anteponer el apellido materno. La propuesta ha ido sufriendo modificaciones y ahora contempla cambios en el Código Civil.

La iniciativa tiene como base los principios de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer que obliga, en su artículo 16, a adoptar medidas para erradicar la segregación contra el segmento femenino y asegurar condiciones de igualdad entre hombres y mujeres. Esto considera los mismos derechos en materias relacionadas con los hijos.

La norma en discusión también se relaciona con la Convención Internacional de los Derechos del Niño que consagra, en sus artículos 3,7, 8 y 12, el principio rector del interés superior del niño, el derecho a la identidad de niños, niñas y adolescentes y su participación en todas las decisiones que les afecten según su autonomía progresiva y conforme a su derecho a ser oídos.

Si bien se puede lamentar que, una vez más, haya tenido que transcurrir un largo tiempo para que en el Congreso se retome la discusión sobre esta temática, cabe congratularse pues se trata de un proyecto simple, pero tremendamente profundo en cuanto subyace en él un cambio cultural y social.