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Con el alma en un hilo

Por Alfredo Soto Martes 9 de Febrero del 2021

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Por estos días y desde el 16 de enero, el concierto mundial del montañismo celebraba la “caída invernal” de uno de los colosos del Himalaya y el último 8.000 por ascender en condiciones invernales. Estábamos acostumbrados a recibir noticias de las actividades del Himalaya en los meses de mayo y junio que son los meses más recomendables para acceder a estos gigantes de roca, que conforman el anhelo y deseo de muchos montañistas de todo el orbe.

La especialidad invernal en estas latitudes, se traduce a que prácticamente sólo los profesionales y quienes tienen el respaldo de numerosas experiencias previas, podían acceder considerando que ya las montañas más altas del mundo, presentan una serie de dificultades desde las logísticas hasta las propias de la naturaleza de montañas sobre los 8.000 metros de altitud sobre el nivel del mar, fundamentalmente todo lo que tiene que ver con la presencia de la fisiología humana en estas altitudes, las que de momento de ingresar a esta “línea de la muerte” así llamada porque de manera lenta y pausada, la exposición de la actividad física bajo esas condiciones el cuerpo humano se va degradando física y mentalmente, sin tener la posibilidad durante la permanencia, de una recuperación que no sea más que el descenso de estas altitudes.

Como bien dice el título de esta columna, muchos nos encontramos con el alma en un hilo, de saber, acerca del segundo intento de lograr la cima del K2 en invierno, pero antes de quizá tener el gozo de la celebración de que un chileno está entreverado en dicha gesta de la exploración y deporte de montaña a un nivel máximo, nos preocupa que hace varios días que no sabemos de nuestro compatriota y sus compañeros con los cuales ha hecho cordada, y cada minuto que pasa sin saber del resultado de esta máxima expresión del montañismo en condiciones invernales, con temperaturas de -50 grados, huracanados vientos, que ya había, en días anteriores, provocando estragos en sus campamentos, violentando las carpas y equipamientos a utilizar y mayor es la preocupación que la ascensión la hacían sin el respaldo de oxígeno adicional para aminorar los efectos de la altitud.

El frío y la altura geográfica son condiciones que muchas veces coexisten dado que se estima que en líneas generales la temperatura desciende 1 grado Celsius por cada 150 metros que se ascienda o se suban algunas elevaciones. La montaña y la naturaleza en general durante todo el 2020 ha permanecido en silencio, a modo de personificación y como es común en aquellos que suelen practicar mucho senderismo, campismo y montañismo en nuestra región y en el mundo, sabemos que hubo un descanso inigualable que precisamente se tradujo en una desaparición transitoria de los humanos por valles y laderas y que muchos de esta especie de semidioses, despliegan en ellas, las montañas, sus furias reprimidas en pos de una pasión a veces desenfrenada.

Una de las cosas que más recuerdo de mis maestros de montaña es no “faltarle el respeto a las mismas”, cuando no quieren…no se debe forzar, ellas estarán preparadas para abrir sus grandes escenarios en la medida que muchos de sus componentes lo permita. Amar a la montaña, o a la naturaleza, es quizás ir a ellas, pausadamente, sin apremios, disfrutar de sus bondades con prudencia, y aprender todos sus conceptos, que simplemente, nos dejó, como legado, marcado a fuego en nuestras mentes. Por estos días sólo nos resta emitir y elevar nuestras oraciones por Juan Pablo Mohr, independiente de sus logros, que pronto los encuentren, para salir de esta desesperación absoluta que envuelve a sus más cercanos amigos y a sus familiares.