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El hombre necio y la mujer sabia

Por Gloria Vilicic Peña Viernes 23 de Abril del 2021

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Durante generaciones los hombres han tenido y siguen teniendo la costumbre de dar consejos a otros, sin que nadie se los pida. Se sienten con la obligación de opinar y aconsejar a los demás sobre múltiples asuntos, muchas veces sin tener todos los antecedentes o, lo que es más preocupante, sin tener el debido conocimiento de la causa. Nosotras las mujeres hemos observado en silencio este comportamiento guardando nuestras opiniones en nuestros corazones.

Guardar silencio es sanador y reponedor de fuerzas. En las elecciones ad portas pululan los hombres opinantes y se echan de menos las mujeres silenciosas. Los hombres saben opinar de la economía, la Constitución, la pobreza, el dolor de la gente, saben o dicen saber que saben. Han opinado por tanto tiempo, y de forma compulsiva desde el inicio del así llamado estallido social, que se olvidaron de oír a la gente. Las mujeres, más precavidas en el uso de la palabra, nos hemos dedicado a escuchar, a sentir de cerca a nuestros familiares, a nuestras parejas, a los amigos en la calle, en la feria, a los que se entristecen a medida que pasa el tiempo.  Oímos la pesadumbre en el alma de los chilenos, es el cansancio de escuchar las voces de siempre que muchas veces no ofrecen nada nuevo. Cansa, todo eso cansa. Y cuando las mujeres levantamos la voz para decirle a los hombres opinantes que, a lo mejor, por esta vez, sería bueno callar y sólo escuchar… nos responden consejos, opiniones, que nadie se las ha pedido.

Chile camina ahora por nuevas, distintas rutas, por caminos desafiantes para la convivencia nacional, desafiantes para el bienestar de las familias, desafiantes para el crecimiento económico. La elección de los constituyentes es para que chilenos como tú o yo, nos puedan representar, escucharse unos a otros, conversar, dialogar y llegar a acuerdo sobre el Chile que todos queremos.  Pero durante generaciones los hombres han tenido y siguen teniendo la costumbre de dar consejos a otros, sin que nadie se los pida. El Presidente no escucha a la gente que clama por ayuda, no escucha a la ciudadanía que ya no le importa el futuro de las AFPs y sí el futuro de los adultos mayores, no escucha a los empresarios que sí quieren y están dispuestos a pagar más impuestos cuando los recursos de todos son invertidos en todos y no en los bolsillos de los asesores y operadores políticos. A nivel local los hombres políticos hablan y hablan de educación pública, que municipalizada, que desmunicipalizada, mientras las mujeres seguimos trabajando con nuestros hijos en silencio en nuestras casas. Son tantos los hombres que opinan por opinar y tan pocos los que proponen como solucionar. ¿Es tan difícil guardar silencio y escuchar a la gente? Guardar silencio es un buen ejercicio para el alma. Es tiempo de guardar silencio y escuchar. Por ello esta es mi última columna. Ahora guardaré silencio para escuchar aún más a la gente, como tú, como el trabajador, empresario, funcionario en la calle. Es tiempo de dar paso a nuevas generaciones para que escuchen y propongan políticas nuevas, con nuevos contenidos a desafíos nuevos. Tengo plena confianza que vendrán mujeres sabias a escuchar lo que la gente dice, lo que la gente siente y proponer soluciones reales.  Durante generaciones los hombres han tenido y siguen teniendo la costumbre de dar consejos a otros, sin que nadie se los pida. Y parece que los hombres necios de la política local insisten en mantener esa tradición. Por ello, al igual que muchas mujeres sabias he decidido guardar silencio, no opinar más en esta columna y escuchar simplemente a la gente.