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La Risa

Por Jorge Abasolo Lunes 12 de Julio del 2021

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Un tipo estaba en el primer acto de una obra de teatro. Se trataba de un gran actor, aunque poco agraciado de cara y en lo físico. Por esa razón un tipo de la galería le espetó:

-¡Cómprate una máscara, pus gil ohhh!

Molesto, el actor detiene la escena y se dirige a quien lo insultara:

– Disculpe, señor. Yo no uso máscara. Debo confesarle que yo soy así!

Y el tipo de la galería lo volvió a interrumpir:

-¡¡Entonces, cómprate una, pus!!

Esta anécdota, extractada de la más cruda e irreverente realidad, nos induce a pensar: ¿qué es lo que nos hace reír? En su libro “La Risa”, el gran filósofo francés Henry Bergson esboza varias teorías. En una de ellas, señala textualmente que “toda deformidad susceptible de imitación por parte de una persona bien conformada puede llegar a ser cómica”.

Y tiene razón, este franchute. La fauna humana tiene reacciones crueles, aunque ello es inherente a nuestra manera de ser. No se puede negar que ciertas deformaciones tienen sobre los demás el triste privilegio de inspirar risa a algunas personas. Es sólo la educación -sumada a los prejuicios- lo que nos inhibe al momento de reírnos de un defecto humano. Aún recuerdo a un ex compañero de universidad al que un accidente en moto lo indujo de urgencia al hospital más cercano. Lo intervinieron de urgencia y el médico se vio en la obligación de extirparle una oreja,

La inventiva popular hizo que a mi amigo lo apodaran “El Taza”. Obvio, había quedado con una sola oreja.

Vuelvo a la pregunta ya formulada: ¿qué es lo que hace reír a la gente? A esta pregunta un conocido humorista respondió: “Lo que la divierte”. Pero se trata de una respuesta insuficiente, por cierto. Y cuando le preguntaron: “Pero, ¿qué es lo que la divierte?”, contestó: “Lo que la hace reír”. Otra vez lo mismo. Círculo vicioso.

Siempre he considerado y creído que la bendición de la risa nos ha sido dada para que podamos soportar, y hasta a veces olvidar, los incidentes desagradables…los reveses y/o vicisitudes de la existencia humana.

Por ejemplo, cada vez que me visita mi médico, recuerdo la respuesta que dio un tío mío, ya anciano, a la empleada que entró a anunciarle la visita del médico de la familia:

-Dígale que no puedo recibirlo, porque estoy enfermo.

Tan sólo el hecho de recordar esa anécdota, me alivia bastante.

Fruto de la constatación de que la vida a ratos tiene mucho de absurdo, nacieron los chistes.

Cada uno tiene su propio repertorio y hay chistes que calan hondo en cualquier estrato social y circunstancia.

Yo tengo mi preferido y lo comparto con ustedes:

Una prostituta se encuentra con otra más novata pero del mismo oficio.

– ¿Y ese abrigo de pieles, de donde lo sacaste?

– Me lo regaló don Roberto, el gerente del banco. Me invitó anoche a su departamento y me regaló este abrigo.

Entre la sospecha y la envidia, su amiga le preguntó con sorna:

– Pero…y…¿le tuviste que hacer algo?

Respuesta:

– Sí. Le tuve que acortar las mangas…

También existen las frases cómicas, esas que en unas cuantas palabras nos motivan a sonreír. Vaya una como ejemplo:

Cuando se desvisten, las prostitutas quedan en ropa de trabajo.

Hasta aquí queda una cosa meridianamente clara: la risa es indispensable para el ser humano.