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Proponen abrir una ruta de 86 kilómetros para conectar Punta Arenas con el brazo occidental del estrecho

Domingo 18 de Octubre del 2026

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-El proyecto busca unir Parrillar con bahía Fortescue mediante una senda de penetración por la península de Brunswick. Sus impulsores destacan su potencial turístico y productivo, además de reforzar la presencia del Estado y el control marítimo en uno de los territorios más aislados de Magallanes.

 

Marcos Sepúlveda Loyola

A pesar de que Chile ejerce el control soberano de estas vastas tierras australes, aún existen territorios prácticamente inexplorados por el hombre, a los que solo es posible llegar tras largos viajes en barco. Posicionarse en medio de la península de Brunswick sigue siendo prácticamente imposible, al igual que viajar por tierra al brazo occidental del estrecho de Magallanes. Actualmente, el punto más austral al que se puede acceder por esta vía es el Faro San Isidro, además de algunas zonas en dirección a cabo Froward.

Existen innumerables proyectos de sendas de penetración que permanecen a la espera de financiamiento o que presentan dificultades para su ejecución, debido a que sus trazados pasan por sitios arqueológicos.

“El borde costero y territorio continental exhiben una marcada desconexión terrestre, manteniendo un elevado potencial económico, turístico, geopolítico y estratégico, repleto de oportunidades”, señala una minuta del Colegio Regional de Ingenieros de Chile.

Precisamente, esta entidad gremial se encuentra desarrollando una nueva propuesta de senda de penetración que una el sector de Parrillar con bahía Fortescue, con el fin de conectar la capital regional con el brazo occidental de este paso bioceánico. Esta iniciativa no solo potenciaría el control chileno sobre el estrecho de Magallanes, sino que también abriría una nueva ruta turística que permitiría extender en un día la estadía de quienes visitan Punta Arenas.

Uno de sus promotores es el ingeniero Yanko Vilicic, actual secretario de la entidad colegiada.

Desde el Colegio Regional de Ingenieros defienden que este proyecto incorporaría de manera efectiva este territorio al desarrollo productivo y crearía un nuevo polo de desarrollo en el sector de Fortescue. Allí se podrían desembarcar productos marinos, embarcar a los prácticos que guían a las naves que ingresan por la boca occidental del estrecho y reducir en un día la navegación de las embarcaciones turísticas que se dirigen a la isla Carlos III, así como la de los pescadores artesanales que trabajan en esa zona.

Desde sus orígenes, Fortescue ha sido concebido como un punto de recalada. Ya en 1520, Hernando de Magallanes lo utilizó como lugar de aprovisionamiento de agua dulce, madera y víveres. Incluso allí se celebró la primera misa en tierras chilenas, casi dos décadas antes de la llegada de Diego de Almagro y, posteriormente, de Pedro de Valdivia a la zona norte del país.

El trazado

Para llegar al sector de Fortescue, se analizaron diversas alternativas de trazado: una que bordea la costa, otra en forma de L y una tercera que cruza por el sector suroccidental de la península de Brunswick. El equipo encabezado por Yanko Vilicic se decantó por la tercera opción, ya que, al no bordear la costa, se reduce el riesgo de encontrar conchales o vestigios arqueológicos que puedan paralizar el proyecto. Vilicic explica que el trazado también fue diseñado para evitar cualquier formación montañosa.

La conexión entre el sector de laguna Parrillar y Fortescue contempla la apertura de 86 kilómetros de camino nuevo, que permitiría llegar a Punta Arenas a través de la ruta de ripio Y-620, que une Agua Fresca con laguna Parrillar, y la Ruta 9 Sur.

A partir del kilómetro 18,76 de la ruta Y-620 comenzaría el trazado proyectado, que contempla una huella de 5,7 kilómetros que bordea laguna Parrillar y que ya se encuentra operativa. Desde allí se iniciaría un primer tramo de 5,2 kilómetros que atravesaría una zona de turberas y alcanzaría una altitud máxima de 322 metros sobre el nivel del mar.

“Hoy la turba se pasa por encima, se ponen unas mallas, entonces no tiene ninguna complejidad desde el punto de vista de la ingeniería”, explica Vilicic en conversación con El Magallanes.

Este sería el sector más húmedo y de mayor altitud del trazado, mientras que el resto del camino avanzaría por las laderas de los cerros.

El segundo tramo contempla la apertura de 23 kilómetros de senda a través de zonas de vegas y bosques. Posteriormente, el tercer tramo cambiaría de dirección hacia el noreste, internándose entre los cerros por aproximadamente 26 kilómetros. En su inicio atravesaría una zona de vegas y, en su parte final, sectores boscosos.

El tramo final, que conectaría el sector occidental del estuario Silva Palma con bahía Fortescue, tendría una extensión de 32 kilómetros, con predominio de vegas y bosques en su sector sur.

Este último tramo también podría conectarse con una futura bifurcación hacia el estuario Silva Palma.

El camino de
este proyecto

La ejecución de esta iniciativa es de largo aliento. Por ahora, ni siquiera existe un monto establecido para su construcción y tampoco forma parte de la cartera de proyectos del Estado. Sin embargo, Vilicic asegura que el objetivo de dar a conocer la propuesta es “incorporar el proyecto a los planes que realicen los estudios de efectividad técnica ambiental coordinados por las autoridades regionales”.

“Aquí está visualizado lo que creemos que hay que hacer”, argumenta, añadiendo que todo esto debe someterse a estudios de prefactibilidad, factibilidad y diseño, además de los correspondientes procedimientos medioambientales.

“Pero esto, desde el punto de vista de ingeniería, hay que definirlo. Podría cambiar el trazado, no tanto en lo esencial, sin perder el objetivo”, indica.

En los próximos días, el Colegio Regional de Ingenieros de Chile, liderado por Pablo Rendoll, espera reunirse con autoridades de la Municipalidad de Punta Arenas, el Gobierno Regional, el Ministerio de Obras Públicas y otras entidades, con el propósito de sumar apoyos a la iniciativa.

Según los cálculos preliminares, la construcción de este camino podría tardar ocho años y tener un costo similar al de la senda de penetración Hollemberg-Río Pérez.

Potencialidades

Desde el Colegio Regional de Ingenieros destacan que esta ruta otorgaría presencia permanente del Estado en la franja más austral del mundo y permitiría una mayor sostenibilidad logística, al establecer Fortescue como punto de apoyo para expediciones científicas y labores de resguardo marítimo. Asimismo, reforzaría el control marítimo y la seguridad nacional en este tramo, optimizando los tiempos de respuesta ante emergencias, fiscalizaciones o patrullajes.

Desde la perspectiva económica, la habilitación del camino favorecería la llegada de empresas proveedoras de combustible, agua, insumos y atención médica al sector de Fortescue. Incluso, se podría instalar una capitanía de puerto y habilitar un punto de embarque y desembarque para prácticos y tripulantes.

La ruta también otorgaría un nuevo acceso al estuario Silva Palma, en el seno Otway, que presenta un importante potencial para el cultivo de recursos marinos. Además, la construcción de este camino, de 86 kilómetros de extensión, podría dinamizar la economía local mediante la generación de puestos de trabajo directos e indirectos.

Con la construcción de esta senda de penetración, también se facilitaría la instalación de equipos de guardaparques y brigadas de control de incendios en el sector de la península de Brunswick, donde actualmente el acceso en caso de siniestros forestales solo es posible por vía aérea. Asimismo, se reducirían los tiempos de rescate de personas heridas ante una eventual tragedia marítima en el sector occidental del estrecho de Magallanes.

Desde el punto de vista turístico, esta ruta abriría oportunidades para desarrollar infraestructura frente al área marina costera Francisco Coloane, reconocida por ser una zona de alimentación de pingüinos de Magallanes, cetáceos y otros mamíferos marinos.

Además, el tramo final del camino pasaría a los pies del monte Tres Picos, de 1.200 metros de altura, cuya elevación supera la del cerro Castor, en Ushuaia. Este sector presentaría un importante potencial para el desarrollo de infraestructura destinada a la práctica del esquí.

Otro de los beneficios sería la reducción de los tiempos de navegación hacia el sector de los ventisqueros ubicados al sur del estrecho de Magallanes.

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