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Antagonismos peligrosos

Por Abraham Santibáñez Sábado 7 de Agosto del 2021

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E

n este mundo todavía nuevo de la revolución digital y sus efectos en la comunicación, pedí en internet que me definieran qué se entiende hoy como una entrevista periodística. La respuesta la encontré en el blog en castellano “Soyliterauta”: “La entrevista periodística es una conversación guiada entre dos o más personas y luego emitida en un medio de comunicación social, esta puede ser radiofónica, televisiva o escrita en medios digitales o físicos. En otras palabras, es un medio de interacción social que tiene como finalidad indagar sobre determinados temas de índole social, deportivo, político, científico, educativo y/o de farándula artística”.

En verdad, nada nuevo que no supiéramos. Es una buena respuesta. No se limita, como en algunos textos clásicos, a la prensa escrita. Mi inquietud nació mientras escuchaba un programa de conversación en Tele13 Radio. Se mencionó el reciente debate entre precandidatos presidenciales. Como Iván Valenzuela fue uno de los moderadores, se le preguntó si había límites de tiempo. La respuesta fue que a los participantes les cuentan los minutos y segundos en que pueden usar la palabra. No así a los periodistas que los entrevistan.

El resultado, tal como se ha visto en todos los debates, es que algunos interrogadores (no todos) se apoyan en gran cantidad de documentos y declaraciones que dan fuerza a lo que quieren saber. Es, me parece, la reacción de los años en que los periodistas no tuvieron derecho a fundamentar sus dudas, menos a hacer críticas. No cabe duda de que hay ocasiones en que se necesitan argumentaciones sólidas. Creo, sin embargo, que un principio básico es que la pregunta no sea más larga que la eventual respuesta.

Lo anterior implica que el periodista debe prepararse y ser incisivo. Así lo recalcó una y otra vez Raquel Correa, la entrevistadora política por excelencia durante la dictadura y la transición.  Tras su muerte, la Presidenta Michelle Bachelet subrayó que “Raquel Correa sabía que las preguntas había que hacerlas, por dolorosas que fueran”. Esa fue, subrayó, su forma de contribuir a un periodismo de calidad.

La preparación y la audacia no bastan. Otra lección de Raquel Correa la expresó una alumna suya de la U. Católica. Dijo que había aprendido que nunca se puede salir a hacer una entrevista sin documentarse previamente. Este trabajo previo no tiene por qué traducirse en preguntas agotadoramente extensas, repletas de frases intercaladas y afirmaciones innecesarias.

Hay mucho más que decir ante la pregunta que le hicieron al periodista Iván Valenzuela.

Obviamente reflejaba un cierto desconcierto del público ante un estilo que parece estar de moda entre algunos periodistas. ¿Yasna Provoste, Paula Narváez y Carlos Maldonado habrían dejado una mejor imagen al ser confrontados con otro estilo?  La directora de Latinobarómetro y fundadora de Mori Chile, Marta Lagos, cree que sí. Apuntó en El Mostrador contra el formato del foro, señalando que en otras partes del mundo, los debates “están diseñados para que los candidatos se antagonicen”, pero en Chile son “para que el candidato antagonice con el periodista”.

Joaquín Edwards Bello escribió hace años que “el periodismo actual debe ser, ante todo sintético, Aquello que se puede decir en cuatro líneas, no debe decirse en veinte”,

Podría ser un buen consejo.