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“Oro Maldito”, novela de Luca Bonacic-Doric Bezzi (3ª parte)

Por Marino Muñoz Aguero Domingo 15 de Agosto del 2021
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En Buenos Aires Antonio Deanov retorna a la cantina del hotel de Doña Inés, donde Cándido un estrambótico personaje, captura la atención con su idea de partir a la Patagonia y Tierra del Fuego a buscar oro: “Navarino, Lennox, Sloggett, El Páramo”, enumera. “Idiotas riquezas en tierra que Darwin definió de tierras malditas…”, responde un parroquiano. De entre las voces surgió la de Mateo Mihaic, quien había sido reclutado en 1885 por el ingeniero rumano Julio Popper para tareas auríferas en la región y se explaya contando su experiencia y aportando algunos antecedentes históricos.

Bonacic nos entrega una acertadísima descripción del ambiente de las cantinas, que nos hizo recordar el de los antiguos bares de Punta Arenas, esos que alcanzamos a conocer en las décadas de 1960 y 1970, donde cada uno tenía su espacio, pero si las circunstancias lo ameritaban, los espacios se abrían: “La gente reunida en la cantina del hotel discurría el tema del día”. 

En este punto ya se devela otro de los grandes aportes del autor de esta novela, poner en entredicho los “textos fundacionales”, aquellos que desde Pigafetta habían señalado a esta como una “tierra maldita”: “Si esas tierras no son un paraíso, tampoco son un infierno” (apuntaba Mihaic).

Deanov decidió acompañar a Cándido en su empresa; atrás quedaba la idea de ver a sus padres, partiría en busca de la fortuna para volver a casarse con Lidiana. Emprenden el viaje y la primera escala fue Punta Arenas; otra vez las cantinas y sus personajes, las historias de loberos, marinos, ovejeros, buscadores de oro y el relato de sucesos históricos como el Motín de Cambiaso o el Motín de los Artilleros. Los socios partieron tras su objetivo a Río Santa María y Bahía Felipe, donde Deanov parece sellar el curso de su futuro: “tu poder sobre mí no prevalecerá…¡oro impuro, oro indigno, yo te maldigo!”. Ello, en contraposición a su compañero de ruta: ”¡Dulce becerro de oro, dueño y señor del mundo, yo te bendigo!”. Al cabo de tres años de suerte esquiva llegan a Bahía Sloggett, donde nuestro protagonista se reencuentra con su viejo amigo Óscar, ahí se establecen y al cabo de un tiempo deciden volver a Punta Arenas.

En todo el relato referido a la aventura aurífera del protagonista, la narrativa de Bonacic es notable y fluida en cuanto a descripción de ambientes, personajes y a las referencias geográficas, económicas e históricas, como la de Punta Arenas y su quehacer diurno y nocturno. Se vale para ello del hablante lírico en tercera persona y también de las cartas que Antonio le escribía a Lidiana: “En Punta Arenas se vive libremente como en el mejor de los mundos, y sus pobladores son como una grande y pacífica familia”. En una de las misivas aborda el episodio de los 165 Onas traídos desde Tierra del Fuego a Punta Arenas, para ser llevados a Isla Dawson en 1895 (para mayores antecedentes ver: Carlos Vega y Paola Grendi; “Vejámenes inferidos a indígenas de Tierra del Fuego”, dos tomos). Bonacic llegó a Punta Arenas en 1896 con doce años de edad, por lo tanto, podría haber conocido de primera fuente detalles de este suceso (una de ellas Domingo Canales). Antonio, entre otras frases señala: “Se les ve reunidos alrededor de sus fogatas en la más absoluta pasividad”; “Los onas fueguinos y los patagones continentales están amenazados de desaparición, pues se hallan constantemente desplazados de sus dominios por el hombre civilizado, la estancia, el ovino, sus mayores enemigos, en forma no siempre santa”. Al respecto, nos parece destacable que en una obra de ficción escrita en 1941 haya referencias a nuestras razas originarias y a la suerte que corrieron (estas referencias ya las había hecho en 1940 Enrique Campos Menéndez con “Kupén: cuentos de la Tierra del Fuego”, centrado eso sí, en las leyendas onas).

Deanov se refiere también a la gesta de la “Goleta Ancud”, la fundación de Fuerte Bulnes y a “los modestos y esforzados hijos de la tierra chilota” y agrega: “Después llegaron los colonos suizos contratados por el gobierno; ingleses, franceses, yugoeslavos…”. Venga a colación lo que Bonacic estampó en la página 5 de la edición original del libro: “Homenaje al Centenario de la fundación de la Colonia de Magallanes en Fuerte Bulnes”.

Nuestro protagonista decide regresar para juntarse con Lidiana y sus padres en Buenos Aires, emprendieron juntos el viaje a Europa: el matrimonio y su hija a Sevilla a la tierra de sus ancestros y Antonio a ver su familia. Se reencontrarían en el viejo continente para casarse, lo que no pudo ser. En este punto la novela toma un ritmo de suspenso admirable que culmina con un final inesperado para el lector, quizás no para el protagonista: se hacía realidad el designio del oro maldito que llevaba en ese cinturón de cuero que compró antes de dejar Punta Arenas.

Como ya hemos adelantado o insinuado, esta novela es mucho más que una obra literaria. Bonacic se vale de la ficción para entregar un documento de alto valor histórico y testimonial, con entretelones recogidos de primera mano o de primeras oídas. Es, al mismo tiempo, un texto político en el cual el autor asume posiciones claras y definidas frente a los sucesos que expone. Asimismo, hace frente a los “textos fundacionales” de escritores foráneos, que difundidos por el mundo entero sembraron la mitología respecto de esta tierra y sus habitantes, en especial los de las razas originarias. “Oro Maldito” es una obra necesaria en la literatura y la historiografía de la Patagonia y la Tierra del Fuego.   

“Oro Maldito”, Luca Bonacic-Doric Bezzi -2ª edición- Ediciones Universidad de Magallanes, Colección La Espada Encendida, Punta Arenas, 2021, 145 pgs. Prólogo de Juan Mihovilovic. Primera edición: septiembre de 1941; Imprenta “La Nacional”, Punta Arenas, Magallanes, Chile.