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Castrilli en Punta Arenas: “Vengo a cumplir mi palabra”

Por La Prensa Austral Miércoles 24 de Noviembre del 2021

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El carácter implacable que lo llevó a instalarse como todo un referente del fútbol sudamericano y mundial parece esfumarse en medio de tan cordial conversación. Es Javier Castrilli, flamante presidente de la Comisión de Arbitros de la ANFP y está en Punta Arenas.

Afable, de mirada sostenida, gesticula y profundiza en los conceptos cuidando cada palabra, aunque a ratos asoma esa impronta de “Juez de Hierro” que lo hizo famoso, para establecer claramente alguna postura con la justicia como bandera.

El “Sheriff” arribó ayer a nuestra capital regional para participar en un conversatorio con jueces y deportistas locales (ver nota aparte) y aceptó un mano a mano con La Prensa Austral.

“Mi visita responde a una invitación de don Justo Alvarez, presidente de Anfa y vicepresidente de la Federación de Fútbol de Chile, con mucha anticipación, ya que ocurrió mucho antes de que tuviera el ofrecimiento de ocupar el cargo de presidente de la Comisión de Arbitros. Así que, cumpliendo mi palabra, vengo aquí a realizar el conversatorio”, parte comentando Castrilli.

– ¿Cómo lo ha recibido Chile?

“Extraordinariamente bien. Siento mucho el afecto de la gente, la hospitalidad, así que me siento enormemente satisfecho de estar acá”.

– Ya entrando al área, ¿con qué se encontró en el arbitraje nacional?

“Me encontré con lo que ocurre comúnmente no sólo en el resto de Sudamérica, sino también en Centroamérica. Un conjunto de vicios por parte de los jugadores que se fueron enquistando en la conducta y a través de la reiteración en el tiempo se van naturalizando. Cuesta mucho revertir una situación así cuando ocurren en la cantidad que se presentan en el fútbol sudamericano. Y esos son factores contaminantes para la gobernabilidad del juego. Obviamente, revertir ese cuadro de situación requiere de un tiempo. No se puede hacer de la noche a la mañana”.

“Paralelamente a eso, encontré un cuerpo arbitral con recursos humanos y aptitudes encomiables como para revertir ese cuadro de situación, más allá de los errores puntuales que todos conocemos”.

– ¿A qué vicios se refiere, las simulaciones, por ejemplo?

“Simulaciones, sobreactuaciones, obstrucciones a los arqueros cuando van a poner en juego el balón; arrojarlo lejos cuando se ha cortado el juego, saques laterales mal efectuados y otros tipos de situaciones que, reitero, van contaminando la gobernabilidad del juego, van generando algo muy característico del fútbol sudamericano, que es la poca cantidad de minutos netos jugados. Otro de los vicios es la asistencia a los jugadores dentro del campo de juego, la enorme demora entre la sanción de la falta y la reanudación del juego. Son todas cosas que a través del tiempo se van a tener que ir revirtiendo”.

– Usted habla de vicios y fallas puntuales de los árbitros, pero en las últimas semanas ha habido mucha polémica por un par de errores demasiado evidentes y hasta determinantes si se quiere…

“Uno tiene que aprender a convivir con el error: forma parte de la práctica del arbitraje y, precisamente, la falibilidad del ser humano ha hecho posible que irrumpa la tecnología en el fútbol para tratar de reparar estas situaciones. Los errores son comunes a los que están ocurriendo en otros lugares. En Argentina también, prácticamente en todas las fechas, hay algún error de esta naturaleza. Pareciera obvio que, en ese contexto, es como que se acaba el mundo, que es un escándalo. Pero, de la misma manera que se toma con naturalidad el conjunto de vicios, se tiene que naturalizar esa falibilidad en el arbitraje”.

– Pero han sido errores demasiado evidentes…

“Uno se debió a un error conceptual (penal no sancionado en el clásico universitario). En todos y cada uno de los juegos que me ha tocado ver, cito a los árbitros para hacerles ver aquellas pautas que tendrán que ir cambiando a través del tiempo. En otros casos, como este error conceptual, se ha confeccionado un video que fue transmitido a los distintos medios, pero previamente fue en directo a través de Zoom a todos los árbitros y árbitras, asistentes y asesores de todo el fútbol profesional”.

CRITICAS

– ¿Cómo tomó el gremio de los árbitros el hecho de que usted haya reprobado de manera pública esos cobros polémicos? ¿Se molestaron?

“Bueno, lo ha hecho Wilson Seneme, presidente de la Comisión de Arbitros de la Conmebol luego de los juegos Brasil – Colombia y Argentina – Brasil, donde se ve claramente un codazo de (Nicolás) Otamendi que quedó impune. El señor Seneme hizo manifestaciones públicas y terminó sancionando a los árbitros…”.

– O sea, se confirma la aplicación de castigos en el fútbol chileno a los árbitros que tienen mal desempeño…

“Desde mi asunción se está procediendo de esa manera. Es una forma de prevenir, de brindarle un descanso a los árbitros, porque a veces necesitan tomar distancia de sus propios errores, recapacitar, reflexionar, recuperarse anímicamente y después volver al ruedo”.

VAR EN LA MIRA

– Se le carga la mano al arbitraje en cancha, pero, ¿qué pasa con el Var? ¿Están los operadores adecuados? La tecnología ha dejado sin sanción situaciones evidentes.

“Intimamente relacionado con lo que acabo de decir está el funcionamiento del Var. Una cosa es la tecnología y otra muy distinta la complementación que debe tener con el ser humano. Entonces, también en eso tenemos que trabajar para mejorar la eficiencia y que realmente el Var sea un sistema para reparar los errores y no terminar convalidándolos”.

– Como ciertamente ha ocurrido…

“Como ha ocurrido precisamente en estas jugadas que estamos mencionando producto de un error conceptual entre el Var y el árbitro central. Son situaciones que generan toda una controversia, pero que afortunadamente ya han quedado aclaradas en el plantel arbitral y, a partir de ahora, el concepto ya está actualizado”.

– Usted lleva dos meses al frente de la Comisión de Arbitros. Lo invito a ponerle nota al referato chileno.

No… Me abstengo de ese tipo de comentarios porque una cuestión es el diagnóstico que uno ha concluido a través de este relevamiento ‘in situ’ y otra cosa es el paquete de medidas que uno tomará para buscar los objetivos deseados. Eso ya está a disposición del señor presidente (de la ANFP, Pablo Milad), se lo acerqué la semana pasada, y próximamente seguro que se hará público. Quedará a criterio de todo el directorio y del consejo de presidentes”.

“Otra cosa sería hacer un juicio de valor numérico respecto del rendimiento, porque también sería injusto poner a todos en la misma bolsa. Creo que hay muchos muchachos que tienen enormes condiciones como para revertir este cuadro de situación”.

– ¿Cuántos años contempla su plan de trabajo para mejorar el arbitraje nacional?

“Tiene objetivos a corto, mediano y largo plazo. Básicamente, yo tengo un compromiso asumido hasta diciembre del año que viene. Obviamente, los objetivos que nosotros nos proponemos exceden largamente eser tiempo de gestión y esperamos que esto sea asumido como una auténtica política que perdure a través de la gestión”.

“La primera etapa del proceso va a demandar dos años, para luego pasar a la segunda, de unos cuatro años, y ya en la tercera etapa tener el arbitraje que nosotros pretendemos”.

– ¿Y cuál es el arbitraje que usted pretende?

“Un arbitraje cada vez más previsible, cada vez más asertivo, más garante de esa seguridad jurídica. Cada vez menos estimulante de las sospechas y suspicacias, algo inherente a la condición humana. Sabemos que, desde que el fútbol es fútbol, lamentablemente los errores en el universo futbolístico no hacen más que alimentar esa fantasía. Creo que en el profesionalismo es necesario que todos trabajemos para revertir ese cuadro de situación”.

El retiro, Grondona y la justicia como bandera

Hace 23 calendarios que Javier Alberto Castrilli dejó el arbitraje activo, pocos meses después de haber dirigido en el Mundial de Francia ‘98.

Antes estuvo en la Copa Confederaciones 1997, la Copa América de Uruguay 1995, el Mundial Sub-20 de Qatar 1995 y el Mundial Sub-17 de Japón 1993, por mencionar los grandes eventos internacionales en los cuales marcó firme presencia.

Su sello fue impartir justicia sin distinciones de ninguna índole, especialmente entre clubes “chicos” y “grandes”. Ala hora de aplicar el reglamento era implacable y por ello fue también protagonista de muchas polémicas.

A modo de dato, el resumen de su carrera en las canchas argentinas refleja a cabalidad el estilo Castrilli: expulsó a 202 jugadores en 232 partidos, a un promedio de 0,86 por encuentro.

Hoy, a sus 64 años, asegura que no está arrepentido de haber dado un paso al costado.

– ¿Siente que su retiro fue prematuro? Da la impresión que le quedaba cuerda para rato.

“Primero, yo renuncié; segundo, jamás me sentí ni me sentiré arrepentido. La situación ameritó que tomara esa decisión y así lo hice”.

– Pareciera que, de alguna manera, lo “retiraron”. Lo digo por su relación con Julio Grondona (Nota de la R: controvertido ex presidente del fútbol argentino y vicepresidente de la Fifa, ya fallecido).

“No, no. Mi relación con Julio Grondona siempre fue controvertida, pero enmarcada en un profundo respeto recíproco. Aún en los peores momentos de mi carrera jamás he recibido ningún tipo de sanción y, a pesar de las veces que los dirigentes y presidentes de las instituciones fueron a pedir mi baja como árbitro, el señor Grondona jamás procedió de la forma que se lo solicitaban, convencido absolutamente de que yo tenía que seguir siendo árbitro de primera división”.

– ¿Generaba ruido en Argentina que se aplique la justicia deportiva como lo hacía usted?

“En toda sociedad donde existen serias dificultades para la aceptación de una convivencia armónica caracterizada por el respeto y el apego a lo dictaminado por las leyes, siempre existen este tipo de resistencias”.

“A través del tiempo, la población en su conjunto va adquiriendo la sensación de que todos se arrogan el derecho de hacer lo que les conviene, pasando sobre el derecho de los demás. Entonces, cuando no están claros los límites entre lo prohibido y lo permitido y cuando las excepciones son más que aquellos que están con las reglas y las leyes, encontramos este tipo de naturalización que después se hace difícil revertir”.

“Es el caso de la conducta de los jugadores, cuando consideran que algo les corresponde o que no se tiene que sancionar o que es el otro el que tiene que respetar las reglas y no uno mismo”.

– ¿Le faltó algo por hacer en el arbitraje activo, dirigir una final mundialista o en Juegos Olímpicos, tal vez?

“No, pienso que hemos pasado por el arbitraje internacional, hemos tenido la posibilidad de participar en competencias de la Fifa. Una vez que uno alcanza ese nivel, es cuestión del destino, de la vida, de la multiplicidad de variables que escapan a las posibilidades y condiciones”.

“Sabido es que cuanto clasificaban las selecciones del país que uno representaba se veían alejadas las posibilidades de continuar en los torneos. Esa era una de las variables que siempre terminó por alejarnos de la posibilidad de llegar a una final. En el caso mío, el mismo día en que yo dirigí Croacia y Rumania en octavos de final (Francia ’98), Argentina eliminaba por penales a Inglaterra y yo quedaba automáticamente fuera del torneo. Entonces, el sólo hecho de participar en una instancia mundial a nivel de mayores de la Fifa, ya es motivo de orgullo y satisfacción”.

Roja a Maradona

El 16 de junio de 1996, Javier Castrilli protagonizó uno de los capítulos más polémicos al expulsar a Diego Armando Maradona en un partido entre Boca Juniors y Vélez Sarsfield.

Minutos después, las imágenes de TV lo mostraron inmutable, guardando silencio ante los airados reclamos del fallecido astro, quien le exigía explicaciones que, por supuesto, el “Juez de Hierro” no le dio. Fue la última roja que recibió Maradona en su trayectoria.

– ¿Ese capítulo marcó un antes y un después en su trayectoria como árbitro?

“No, para nada. No hice más ni menos que aquello que ya venía haciendo no sólo en primera división sino a lo largo de toda mi carrera: brindar un marco de igualdad ante la ley a todos y cada uno de los jugadores que protagonizaban el juego”.

“Es el tratamiento igualitario ante la ley, sin portación de rostros, apellidos, camisetas… Tratar de la misma manera a aquel jugador del equipo que tiene mayor poder de convocatoria y al del equipo que no la tiene”.

“El común denominador en el arbitraje debería ser siempre la justicia. No es justo tratar distinto al que tiene mayor poder o influencia. Los árbitros tienen que ajustarse siempre al derecho y brindarle a cada uno lo que le corresponde. Y cuando de fútbol se trata, cuando hablamos de personas trascendentes, realmente artistas dentro del universo futbolístico, el cumplimiento de las normativas tiene que ser sin distinción de todo factor que pueda llegar a contaminar ese sentido de justicia”.