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Salud mental

Por La Prensa Austral Jueves 25 de Noviembre del 2021
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– Lo dramático de todo esto es que, antes de la pandemia, Chile ya era identificado como un país que evidenciaba problemas de salud mental en su población, con altos indicadores a nivel latinoamericano, siendo fuertes los rasgos de depresión.

 

La salud mental ha sido tratada, generalmente, como un pariente pobre del sistema, afectando esto, en forma primordial, a aquellos segmentos poblacionales que deben atenderse en la red pública, donde la falta de especialistas y de recursos lesiona los derechos que tienen estos pacientes de recibir una atención y diagnósticos oportunos y de poder seguir un tratamiento efectivo.

En Magallanes, esta situación se agudizó cuando se suspendió al psiquiatra Juan Vukusich, a mitad de este año, junto a otros funcionarios como los encargados de Gestión y Finanzas, entre otros. La medida fue dispuesta como parte de un sumario abierto por supuestas irregularidades en un convenio suscrito entre el “Club de Pacientes Agrupación Miraflores” y el Servicio de Salud Magallanes.

Todo esto en el marco de una auditoría realizada en junio del año 2019 por la subsecretaría de Redes Asistenciales del Ministerio de Salud al Departamento de Salud Mental del referido servicio magallánico.

La crisis sanitaria afectó en forma integral a todas las prestaciones de salud de la zona, entre ellas las de psiquiatría. A esto se agrega que una consecuencia de la pandemia ha sido el incremento de las enfermedades mentales, marcadas por el estrés, la ansiedad, la depresión, entre otros.

Como en muchos otros servicios médicos, las ciudades y localidades más pequeñas y remotas de la región han sido las más afectadas con la postergación de consultas y tratamiento y la falta de profesionales ad hoc. Un caso recientemente expuesto fue el de Porvenir, cuya población está siendo atendida sólo a través de telemedicina, según afirmó el director (s) del Servicio de Salud Magallanes.

Lo dramático de todo esto es que, antes de la pandemia, Chile ya era identificado como un país que evidenciaba problemas de salud mental en su población, con altos indicadores a nivel latinoamericano, siendo fuertes los rasgos de depresión.

Se trata de un aspecto de la salud que no puede ni debe ser desatendido y que requiere de mayores esfuerzos para prestar las atenciones y los tratamientos requeridos y aumentar la inversión pública.